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Ensayo

Alain Deneault: Mediocracia: Cuando los mediocres toman el poder

domingo 02 de febrero de 2020, 21:19h
Alain Deneault: Mediocracia: Cuando los mediocres toman el poder

Turner. Madrid, 2019. 252 páginas. 18,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Mediocracia, Alain Deneault nos ofrece su visión personal de las principales deficiencias que rodean a las sociedades (occidentales), si bien buena parte de los ejemplos con los que ilustra sus ideas aluden a Canadá, país del que es nacional. El resultado es un retrato desgarrador, no por ello falso, pero sí en ocasiones un tanto exagerado, lo que puede restar credibilidad a algunos de los escenarios que denuncia.

Como respuesta, aunque es una idea que permea por todo el libro, en el epílogo propone un “radicalismo” como herramienta transformadora: “Cuando el coro ideológico se vuelva disonante, será el momento de emprender juntos y con poder soberano la ruptura” (p. 187). Sin embargo, cabe apuntar que esta suerte de “subversión”, si analizamos el desarrollo de la historia, no siempre ha provocado escenarios balsámicos sino más bien un panorama complejo y alejado del consenso.

El profesor Deneault demuestra una sobresaliente solvencia intelectual, como refrenda por ejemplo el apartado bibliográfico, explicando y difundiendo aportaciones efectuadas por numerosos científicos sociales y filósofos. Al respecto, no todas las teorías manejadas por aquéllos resultarán comprensibles para el lector, incurriendo en ocasiones en un metalenguaje que impide la asimilación del mensaje transmitido. Además, de una manera más concreta, Naomi Klein, Noam Chomsky o Hans Magnus Enzensberger ni son fáciles de asimilar, ni teorizan de manera aséptica.

Con todo ello, Deneault defiende un argumento principal sobre el que construye todo el libro: los mediocres han tomado el poder con vocación de permanencia y lo han hecho en todos los ámbitos posibles, tales como política, cultura, economía o universidades. En este último apartado se detiene de manera pormenorizada, radiografiando algunos de sus principales problemas sobre los cuales no ve una solución en el corto plazo. En este sentido, destaca la subordinación de la universidad a las empresas debido a las necesidades de financiación (con el evidente riesgo de que las conclusiones de las investigaciones queden sesgadas), la precariedad laboral del profesorado más novel, el desdén de los académicos por el público o la presión por publicar. Como respuesta a este escenario, para el autor: “Si las universidades se dedicaran a compartir y desarrollar el conocimiento de una manera abierta, sus aptitudes serían muy valoradas tanto por sus usos profesionales como desde la perspectiva del ciudadano” (p. 60).

La mediocracia se manifiesta a través de una serie de conceptos fundamentales. Uno de ellos, sobre el que Deneault vierte airados reproches, es el de gobernanza, definida en la obra como “el arte de la gestión privada elevada al estatus de la política”. Se trata de una palabra de reciente data cuyo significado resulta deliberadamente impreciso. En este sentido, la mediocracia va unida a un léxico carente de contenido en muchas ocasiones. Además, al contrario que en el pasado, a día de hoy la mediocracia ya no refleja el poder de la clase media, ya que en el presente ha generado un estado de dominación donde el pensamiento crítico ha desaparecido, sentencia el autor.

Con todo ello, la mediocracia no queda reducida en exclusiva al territorio de la política o de la economía. En efecto, artistas, ONGs o sindicatos también han quedado atrapados por una lógica donde la subvención condiciona todas sus actividades: “Hoy ya no contamos en los sindicatos con ideólogos del socialismo democrático que se aseguren de que los miembros se ciñan al recto y angosto sendero de la participación” (p. 137).

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