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Censura olímpica (y 2)

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 14 de agosto de 2008, 20:31h
Y comenzaron los Juegos Olímpicos. Y medio mundo disfrutó con esa auténtica fiesta de sonido, luz y color que fue la inauguración de un evento que está llamado a ser como el de la presentación ante todos de una China nueva, competitiva y perfectamente integrada en el siglo XXI.

Millones de personas pudimos disfrutar de una ceremonia que ha batido récords, con miles de participantes, con miles de vestidos y con miles de fuegos artificiales que hicieron de Pekín la envidia de oriente y, si me apuran, de cualquier ciudad importante del planeta.

Al menos eso pensábamos todos hace siete días, porque una semana después se van conociendo detalles de la puesta en escena. Y es que fue precisamente eso, una escena en el rodaje de una gran superproducción cinematográfica en la que no podía fallar nada y, claro, no falló.

En la línea de lo que el Partido Comunista Chino nos tiene acostumbrado, nada es lo que parece, nada queda al azar y todo, absolutamente todo, tiene que pasar su criba y censura. Que algo no les gusta, se cambia. Que algo no es adecuado, se sustituye. Que algo no te gusta, te aguantas. Que te quejas, a la cárcel.

El director de cine Zhang Yimou –responsable de la ceremonia de apertura– ya había advertido de lo difícil que le iba a resultar compaginar su idea de la inauguración con las exigencias del Partido. Por ello, no sólo hubo que cambiar a la pequeña que entonó la "Oda a la Patria" por ser demasiado fea y gorda como para presentar la imagen del país y colocar en su lugar a una más guapa, aunque cantara en “play back”, sino que también nos engañaron con la cadena de 29 explosiones pirotécnicas que recorrió la ciudad. No querían exponerse a que la asfixiante polución de la ciudad desluciera la fiesta y decidieron montar las imágenes después de grabarlas en un día claro.

Quizá no sea demasiado importante, pero sí da una idea de la forma de pensar y actuar de este régimen que ha decidido que ahora lo primordial es la imagen. Si los estadios no se llenan, se atestan con voluntarios. Si los vecinos de la capital protestan, silencio o cárcel. Y esto sin contar con que los pekineses han sido debidamente adoctrinados para dar la respuesta correcta a los turistas y a los periodistas.

Pero todavía hay más, porque, al margen de que durante el tiempo que duran los juegos no se ha autorizado ninguna manifestación de protesta en Pekín, la detención de un periodista y la agresión policial a otro, ponen en duda que China vaya a cumplir sus promesas sobre la libertad de prensa. Además, el Dalai Lama ha afirmado que el Gobierno chino no está respetando la tregua olímpica en el Tíbet y mantiene su represión contra la población tibetana.

Y digo yo: ¿Descubriremos esta semana más censura olímpica en China? ¿Qué será lo próximo, que el presidente chino nunca estuvo allí y era un doble?

Como parece que hay cosas que siguen sin cambiar a pesar de los Juegos, en Occidente seguimos con la obligación de defender principios como la democracia, la libertad religiosa, los derechos humanos, la libertad de prensa y el Estado de Derecho.

Javier Cámara

Periodista

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