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DESDE ULTRAMAR

México/9 de marzo: un día sin mujeres

Marcos Marín Amezcua
jueves 12 de marzo de 2020, 20:18h

En un hecho inédito y con una exitosa participación, las mujeres en México se ausentaron de la vida pública en paro nacional, el lunes 9 de marzo de 2020; un día después de las multitudinarias marchas por el Día Internacional de la Mujer y para señalizar en una jornada hábil, el significado de su aporte a la sociedad y a la economía, ausentándose para visibilizarse, en un rotundo ¡ya basta! a la violencia sistemática pública y privada sufrida, que no se limita a feminicidios o a enumerarlos, desde luego. El espectro de variables a reclamar es mayor y sí, no todas secundaron la convocatoria. La consigna fue “un día sin nosotras”.

Fue un ejercicio cívico de largo aliento, promovido desde semanas atrás y apoyado desde amplios sectores, así como denostado por otros, considero que minoritarios, que puntualiza el reclamo por justicia, el clamor por la igualdad y por el respeto a la mujer, sus decisiones, convicciones y acciones. Cierto es que no siendo una huelga general, no se pareció a la de España de 1988 o la que viví allí en 2002. En lo que sí se pareció fue en la indiferencia del presidente López Obrador, exactamente como la de Aznar en 2002 y a su carencia de respuesta.

Desde luego que tal clamor es transversal y transita cruzando ideologías y clases sociales, se estampa sí, también debe mencionarse y no negarse, con corrientes de pensamiento en sentido contrario, como puede ser la confrontación entre las proaborto o las provida, o irse contra los templos al tiempo que se clama respeto; y eso torna más complejo el asunto, añadiendo un discurso en reclamo de derechos diversos y por situaciones variadas ligadas al no respeto por la mujer, que es el eje de esta protesta masiva al redundar en violencia hacia ella. No iba contra el gobierno per se, pero todo el gobierno mexicano queda expuesto y conducido también al banquillo de los acusados por su inacción y su falta de efectividad en pro de la seguridad, el combate a los crímenes de odio y desde luego, ante la vulnerabilidad de la mujer y la impunidad de su muerte. Amén de esperarse acciones del Estado en respuesta, para solucionar ese flagelo y un amplio compromiso social por fomentarlas y no llegaron. Que esa es otra: la sociedad no debe esperanzarse solo al Estado y es reprobable que aquel se calle.

Faltó sí, en la convocatoria del 9 poner metas más claras, definir acciones para combatir las causas ­–no todas las mujeres mueren por la misma razón– y no ataja los discursos extremistas de hombres y mujeres, misandria y misoginia rampantes igual de condenables, excluyentes, agresivas y negadas, lo peor. Como también hay ese tufillo de suficiencia de algunas personas que lideran a determinados contingentes, cuya agresión discursiva hacia el hombre y excluyente hacia la mujer que no la secunda, es reprobable; incluso va portando bombas molotov, reivindicando la supremacía de la mujer y apelando a dividir desvinculando a mujeres y a hombres, al negar que la solución a esta catástrofe social, es conjunta. Son posturas dignas de rechazarse, aunque respondan que no les importa. Justo por eso: porque sí. No nos dejan boquiabiertos ni nos impresionan. Lo pertinente es no prestarles oídos ni espacios, buscados tan ávidamente, porque hasta eso. Y no redundo mencionando a los hombres en su machismo para centrarme en lo importante: ¿qué acciones quedan en adelante luego del 9? En medio nos situamos, mujeres y hombres, quienes no avalaremos ni secundaremos extremismos ni de un lado ni del otro. Y no esperamos a cambio, ni su apoyo ni su aplauso ni su recriminación o sus insultos, que tampoco nos hacen falta para sostener lo aquí escrito.Merece señalarse también con la misma puntualidad que el número de muertas, que también las tenemos y nos importan y mucho. Por muy vociferante que sea alguien carece del monopolio de la verdad y este asunto tiene muchos rostros y versiones. Que no lo olviden los extremismos.

En tanto la sociedad mexicana reacciona y disecciona el significado de ese paro rotundo en reclamo, indiciando el hartazgo y enlistando los agravios, mi sensación de la ausencia forzada de mujeres ha sido de una suerte de vergüenza colectiva no confesa. ¿Cómo se ha llegado a ese enclaustramiento ante la incapacidad de frenar la violencia contra la mujer y al mismo tiempo, de no afianzar una sociedad más justa, equitativa e igualitaria? Ellas han marcado el rumbo. Su presencia y su contribución mueven a unirse a su lucha, a combatir la agresión y a secundar la dignidad de su proceder. Para mí el mensaje de la marcha del 8 de marzo y lo acontecido el 9 es un refrendo a un camino de paz con justicia, de restitución de la paz perdida y anhelada, de reparación del daño y del cese definitivo de la violencia. Arduas tareas, sin duda alguna.

Por eso no cabe ni las bombas molotov ni las pintarrajeadas a monumentos. No lo secundo y no lo avalo y no han detenido esa violencia contra la mujer. Y lo sabemos. Y me ofende su asesinato y su vejación, pero el mensaje mayoritario de las asistentes al 8 de marzo y de quienes se ausentaron el 9, lo considero claro: paz con justicia. Que amplios sectores femeninos repudien la violencia de unas cuantas, advierte que no va desencaminada la interpretación de esos hechos. Y evidencia el silencio de ciertos grupúsculos para condenar esos actos. El verdadero reto está desde el 10 de marzo. ¿Qué acciones impostergables y con atingencia debe de expresar la sociedad mexicana? ¿cuál debe de ser la respuesta del Estado y cómo deberá de articular políticas públicas que contribuyan a la seguridad de las mujeres? es una gran incógnita no resuelta. Esa es la asignatura pendiente de toda la sociedad mexicana. De toda.

La convocatoria del 9 de marzo bajo un lema añadido: “el 9 nadie se mueve”, ha sido exitosa, porque visibiliza una vez más y de manera exponencial a una tragedia en México, que no necesita ni iluminadas ni pretensiosos. La muerte de mujeres o la desigualdad salarial, el ataque a la vestimenta o al pensamiento y otras torceduras y canalladas imprimen el sentido fatal de una situación ya insostenible, en una sociedad que clama justicia por las muertas y las desaparecidas. Y que rechaza todas las violencias de hombres contra mujeres, y viceversa y entre ellas y entre ellos. Todas y las hay.

Por último, el clamoreo colectivo exaltando el #niunamás se ha trocado en un necesario lema: #niunamenos, multifuncional y que también sirve eficaz como aliciente para exaltar el obligado respeto a la mujer. Respeto pleno, punto. No caben medias tintas ni dobleces tan inadmisibles como cualesquiera agresión. Agredirlas lacera a todos. La sociedad mexicana no puede permitirse más sangría ni desgarramiento e impunidad.

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