El organismo y Japón empujaron hasta que pudieron para mentener la cita olímpica. Pero la amenaza del coronavirus preparó una suerte de motín liderada por el deporte de Estados Unidos.
Este mismo sábado, el presidente del Comité Olímpico Internacional pronunció la opinión de su organismo con respecto a la suspensión de Tokio 2020. "Una cancelación de este tamaño sería la solución menos justa y creo que no se pueden posponer unos Juegos Olímpicos como si se tratase de un partido de fútbol de un fin de semana", manifestó Thomas Bach. Reiteró que no estaba sobre la mesa aplicar modificación alguna a la cita olímpica nipona.
El dirigente alemán, que el viernes había expresado que estaban "considerando distintos escenarios", un día después explicó lo siguiente: "Es difícil lidiar con esta inseguridad y aún más difícil con estas difíciles condiciones de entrenamiento que muchos sufren, pero la suspensión de los Juegos supone destruir el sueño olímpico de 11.000 deportistas de 206 comités nacionales y del equipo de refugiados del COI". Se mantenía la fecha: el evento deportivo más importante de este año empezarían el 24 de julio.
Bach, en una entrevista con el medio de comunicación germano SWR, afianzó su postura argumentando que "esta es una empresa muy compleja, donde sólo puedes actuar de manera responsable si tienes un conocimiento fiable para la toma de decisiones durante 24 horas al día. Es una situación excepcional y no hay soluciones ideales". Era el portazo, casi definitivo, ante las reclamaciones de multitud de federaciones olímpicas nacionales que reclamaban un aplazamiento de los Juegos Olímpicos nipones.
Habían recibido la presión de importantes organismos, como la Real Federación Española de Atletismo y la Federación francesa de natación. Incluso desde Estados Unidos se amenazó con no enviar a ningún deportista a Tokio si las autoridades no aseguraban la completa seguridad sanitaria. Las primeras delegaciones norteamericanas en rebelarse ante el hieratismo del COI y del Gobierno nipón -amén de las empresas multinacionales que han invertido su dinero- fueron las de natación y atletismo. Dos pesos pesados que suelen acaparar montoneras de medallas de oro en cada competición.
Pero, un día más tarde de la sublevación completa estadounidense, la cúpula del Comité Olímpico Internacional ha empezado a ceder. Un comunicado emitido desde ese organismo ha proclamado que se toman un plazo de cuatro semanas para estudiar qué hacer con los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, "incluyendo el escenario del aplazamiento". Eso sí, han dejado claro que "la suspensión no está en la agenda".
Esta nota ha sido lanzada toda vez que ha finalizado la reunión de la Ejecutiva encabezada por Tomas Bach. "A la luz del empeoramiento de la situación a nivel mundial, la Ejecutiva ha dado hoy el primer paso en la planificación de los posibles escenarios", prosigue un texto muy esperado por atletas de todo el planeta, que se veían en riesgo sanitario y, además, imposibilitados para entrenar como marca la exigencia de un evento tan importante como una cita olímpica.
"El COI, en cooperación con el Comité Organizador de Tokio 2020, las autoridades japonesas y el Gobierno Metropolitano de Tokio, iniciará conversaciones detalladas para completar su evaluación de la rápida evolución de la situación sanitaria mundial y sus repercusiones en los Juegos Olímpicos, incluida la hipótesis del aplazamiento. El COI confía en que habrá finalizado estas discusiones dentro de las próximas cuatro semanas y aprecia mucho la solidaridad y la colaboración de los comités olímpicos nacionales y de las federaciones internacionales para apoyar a los atletas y adaptar la planificación de los Juegos", ha asegurado el organismo para zanjar, por esta fecha, los rumores.
El alegato se rellena recalcando que el Comité "intensificará su planificación de escenarios para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020". Incluye que se replanteará "los planes operativos existentes para que los Juegos se celebren el 24 de julio de 2020, así como los cambios en la fecha de inicio de los Juegos". Y subraya que el plazo que se han dado "permitirá una mejor visibilidad de la evolución rápidamente cambiante de la situación sanitaria en todo el mundo y en Japón y servirá de base para tomar la mejor decisión en interés de los atletas y de todas las personas involucradas".
El COI, a través de su Ejecutiva, ha narrado que percibe que "por un lado hay mejoras significativas en Japón, donde la gente está dando una cálida bienvenida a la llama olímpica", pero, por otro lado, "hay un dramático aumento de los casos y nuevos brotes de COVID-19 en diferentes países de distintos continentes". Por eso, el COI estimó que debía dar "el siguiente paso en su planificación de escenarios". Sea como fuere, no les parece nada sencillo el aplazamiento porque "varias sedes críticas necesarias para los Juegos podrían no estar ya disponibles. Las millones de noches ya reservadas en hoteles son algo extremadamente difícil de manejar, y el calendario deportivo internacional para al menos 33 deportes olímpicos tendría que ser adaptado".