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Memorias

José Manuel García-Margallo: Memorias heterodoxas

domingo 22 de marzo de 2020, 22:22h
José Manuel García-Margallo: Memorias heterodoxas

Península. Barcelona, 2020. 480 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 10,44 €.

Por Carlos Abella

José Manuel García-Margallo (Madrid 1944) es político de acreditado recorrido profesional y por tanto estas memorias son una apasionante retrospectiva de todo lo ocurrido en España, en Europa y en el mundo en los últimos cuarenta y cinco años, pues fue elegido diputado a Cortes por la circunscripción de Melilla, en 1977 y durante varias legislaturas, y diputado en el Parlamento Europeo durante diecisiete años (1994-2011) y recientemente en 2019.

En este sentido, sus recuerdos son un evidente ejercicio de “su” memoria por cuanto los hechos, los acontecimientos, las relaciones personales y la percepción de los personajes de cada época están vistos desde su muy peculiar visión y lo que es más determinante desde su muy peculiar consideración de sí mismo. Margallo revela una conversación que concede al lector la clave de su personalidad. Así en la página 428, Margallo relata que acude al Palacio de la Moncloa y el presidente Mariano Rajoy le anuncia que debe hacer cambios en el Gobierno y debe cesarle. Margallo le ofrece todo una colección de sugerencias y consejos y escribe: “Rajoy me escuchó pacientemente pero en un momento determinado me interrumpió: José Manuel, tu problema es que tienes un ego estratosférico”.

Ese ego condiciona no la credibilidad de su valores, de sus acciones, de sus logros en las muchas responsabilidades ejercidas después de tantos años de servicio público, pero el relato histórico se resiente de su afán de protagonismo, de su exagerada falta de pudor para llenar las 450 páginas de consejos -le dije y no me hizo caso- a todas las personalidades del mundo con las que ha tenido relación y que no son precisamente cualquiera: Mario Draghi, Barack Obama, Adolfo Suárez, Merkel, el propio Mariano Rajoy, entre otros.

El libro acredita su preparación, su afán de construir y su rechazo a atenerse a las responsabilidades que le han sido concedidas y al estricto recorrido de sus competencias en aras del inevitable respeto que merece todo órgano colegiado. En este sentido sorprende que para justificar su dedicación al tema de Cataluña cuando ocupó la cartera de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Mariano Rajoy afirme: “(página 394) cuando me nombraron ministro podía haber acatado la visión tradicional – alicorta y pacata- de ese puesto y haber optado por dedicarme estrictamente a la diplomacia de salón”. Confesión que acredita la poca consideración que tenía del puesto que iba a ocupar, en un hombre que ha vivido media vida volcado en los temas de política exterior.

Margallo permite en estas Memorias comprender muchos de los acontecimientos políticos determinantes de la historia reciente de España y se agradece el relato de su notable paso por el Ministerio de Asuntos Exteriores (2011-2016) con sus logros, que fueron muchos; su visión de la formación del centro político -UCD- en 1976 por su cercanía a Pio Cabanillas, su fe en Adolfo Suárez -perdida posteriormente-; las discrepancias internas en los Gobiernos de los que formó parte, la sucesión de José María Aznar al frente del Partido Popular así como las luchas de poder para la difícil tarea de refundar el Partido Popular, a cargo del propio Aznar, son algunos ejemplos de ese extenso caminar por la vida pública española y europea.

Admite Margallo que fue su propio criterio y su activa presencia en la crisis de Cataluña, lo que provocó su enfrentamiento con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y por añadidura con el propio presidente Rajoy. Algunas de sus reflexiones sobre este tema son acertadas y responden a su vocación de encontrar puntos de encuentro, de discusión y de diálogo con los nacionalistas catalanes, argumentos que habitualmente chocan con la estructura jerarquizada de los Gobiernos, en este caso dominado por la visión de la vicepresidenta y la confianza que el presidente Rajoy puso en sus manos.

Al contrario de las memorias de Mariano Rajoy, éstas si son un constante despliegue de calificaciones y de descripción de los personajes con los que se ha encontrado a lo largo de su vida pública, no privándose de ajustar alguna cuenta. Me ha sorprendido el tono ciertamente crítico y poco elogioso de algunos pasajes sobre la Transición, y es esclarecedor su afinidad con algunos políticos españoles, europeos o latinoamericanos, y por el contrario su falta de empatía con otros y con sus decisiones y gestión de los conflictos, lo que justifica -según el- su heterodoxia, su -como él dice- forma de “coger el toro por los cuernos”., que admite (página 450): “Soy un político de extremo centro y ser un político heterodoxo y de extremo centro no siempre es una posición sencilla ni fácil”.

Por último, considero algo inadecuados algunos textos de los pies de fotos, dictados en un tono excesivamente coloquial, como calificar de compañero a Gerardo Fernández Albor -expresidente de la Xunta y hombre mucho mayor que él-, y denominar “charla” a lo que se ve en otra foto en la que mantiene una conversación con algunos ministros de asuntos exteriores europeos.

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