www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Virulentus (II)

jueves 23 de abril de 2020, 20:37h

Virulentus”, repleto de veneno, parece nombre de toro y sería fácil describirlo como un terrible minotauro que diera imagen a lo que nos está pasando, con su madre la diosa Pandemia y con el sello inequívoco del astado COVID-19 para no olvidarlo.

Y a nosotros, imaginarme, que nos han apilado por separado en una Plaza de burladeros invertidos, donde sería imposible evitar los embites aunque parezcan salidas pero que son del todo otra trampa.

¿Y a esos diestros compasivos y temerarios por lidiar sin capote ni espada y donde apenas les han dejado unos templadores en mitad del ruedo, cómo los imagino?

Esto es mitología, al igual que Muerte en Venecia, donde el arte y el cólera se aliaron diabólicamente a la destrucción para asestar un machetazo definitivo a quien había vivido disciplinadamente: un poeta en la novela de Thomas Mann (1912) y un músico en la película de Luchino Visconti (1971), y proporcionarnos en la escena del regreso de Gustav en barco al Lido, donde se alojaba, uno de los más bellos pasajes del cine, con la frustración primero y la felicidad de una belleza andrógina imposible después , embriagados a través de la 5ª sinfonía del otro Gustav Mahler y conducidos como corderos a la agonía y la muerte.

Pero lo que se muestra en la novela, la película y la música, es la profunda grieta en la fortaleza de la no-ambigüedad, del equilibrio, la fuerza y del dominio de los sentidos, que hasta ahora nos pareciera inexpugnable, pero que se desmenuza ante nuestros ojos en esa playa desolada.

Tazio, el protagonista de la belleza abstracta, en nada se asemeja a este Virulentus, aunque la exquisita, decadente y corrupta ciudad de Venecia, reencarnada ahora en mil ciudades y pueblos, también escondía sus cadáveres mientras morían a patadas. Ni el Gustav, que se sacrifica por amor, se parece a quienes se ven obligados a recorrer el funesto laberinto cretense con unos hilillos desmenuzados y a diario.

No ha sido necesario tampoco el artista para dar forma a ese dios bastardo, sino el simple microscopio al descubrir la funesta broma que le está haciendo a nuestro pequeño mundo llenándolo de multitud de explosiones en forma de hongo o corona atómica y apocalíptica por todos lados.

El caballo y el jinete de la peste se nos antojan una anécdota frente al virulentus, que va a formar tropa con el confinamento, en una suerte de destierro o reclusión impuesta y todo ello mientras creamos que es posible arreglar el descalabro momificando la vida, en vez de cambiar al ser humano.

Y dotarle de otras gracias protectoras como Genética, Ética y Patética, a las que dejo para una III parte.

https://www.victorochoa.com

https://www.instagram.com/vochoaescultor/

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+

0 comentarios