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HAY 102 CANDIDATAS, 8 DE ELLAS PROBÁNDOSE EN HUMANOS

En busca de la vacuna: una carrera de obstáculos contra el coronavirus

En busca de la vacuna: una carrera de obstáculos contra el coronavirus
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(Foto: Pixabay)
domingo 03 de mayo de 2020, 19:56h

Laboratorios de todo el mundo trabajan a contrarreloj para tener un antígeno antes de que acabe el año.

La pandemia de coronavirus, que ya deja casi 250.000 muertes y 3,5 millones de contagios en todo el mundo, ha sido excepcional en muchos sentidos: ha paralizado el planeta, ha obligado a recluir a la mitad de la población mundial, ha puesto patas arriba la economía… Esta situación sin precedentes se ha trasladado también al mundo de la ciencia, con cientos de laboratorios de decenas de países compitiendo por lograr una vacuna contra el Covid-19 lo antes posible. Pese a que normalmente el desarrollo de un antígeno requiere años y años de estudio, la urgencia de la pandemia ha obligado a los investigadores a reinventarse, recortando los plazos para transformar años en meses.

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, en estos momentos ya existen 102 potenciales vacunas contra el coronavirus. De ellas, ocho se están probando en humanos (fase clínica) y 94 más se encuentran en fase preclínica (pruevas in vitro e in vivo). Y esto sin tener en cuenta las que aún se están desarrollando en el laboratorio, que podrían ascender a varios centenares más. Pese a que China y Estados Unidos siguen llevando la delantera, en las últimas semanas laboratorios de países como Alemania o Reino Unido se han unido a la pugna, y otros de España, Japón, Rusia o Francia, lo harán muy pronto.

Todo vale en la ‘guerra científica’ contra un virus. Existen infinitas fórmulas o aproximaciones a la hora de buscar una vacuna. Se pueden emplear versiones atenuadas, o incluso muertas, del germen; o recurrir únicamente a ciertas partes, como su proteína, azúcar o cápsula. Puede utilizarse una toxina extraída a partir del patógeno, emplear otro virus como sistema de transporte, mediante códigos de ARN, ADN…

Tipos de vacunas

*Fuente: Departamento de Salud de EEUU/OMS/Uinversidad de Cambridge

-Vacunas vivas atenuadas

Utilizan una forma debilitada del germen que causa una enfermedad. Dado que estas vacunas son tan similares a la infección natural que ayudan a prevenir, crean una respuesta inmunitaria fuerte y de larga duración.

Utilizadas contra: sarampión, paperas, rubéola, rotavirus, varicela, fiebre amarilla...

-Vacunas inactivadas

Recurren a una versión muerta del germen que causa una enfermedad. No suelen proporcionar una inmunidad tan fuerte como las vacunas vivas y es posible que necesite varias dosis con el tiempo para tener inmunidad continua.

Se utilizan contra: hepatitis A, gripe, polio, rabia...

-Vacunas de subunidades, recombinantes, polisacáridas o combinadas

Emplean partes específicas del germen, como su proteína, azúcar o cápsula. Ofrecen una respuesta inmunitaria muy fuerte dirigida a partes claves del virus. Suelen necesitar vacunas de refuerzo para asegurar protección continua.

Se utilizan contra: enfermedad Hib, hepatitis B, virus del papiloma humano, tos ferina, enfermedad neumocócica, culebrilla...

-Vacunas con toxoides

Utilizan una toxina fabricada a partir del germen que causa una enfermedad. Crean inmunidad a las partes del germen que causan una enfermedad en lugar de al germen en sí. Esto significa que la respuesta inmunitaria va dirigida a la toxina en lugar de a todo el germen. Al igual que otros tipos de vacunas, es posible que necesite vacunas de refuerzo para tener protección continua.

Usadas contra: difteria o tétanos.

-Vacunas con vectores recombinantes o no recombinantes: se utilizan otros virus como sistemas de transporte o vectores. Las partículas virales empleadas como vectores están debilitadas, o atenuadas, de modo que no pueden provocar enfermedad. También se manipulan para que en lugar de contener sus propios genes, transporten fragmentos del virus.

-Vacunas de ARN: funcionan al insertar una secuencia de ARNm (la molécula que le dice a las células qué construir) que está codificada para un antígeno específico de la enfermedad, una vez producido dentro del cuerpo, el sistema inmunitario reconoce el antígeno y lo prepara para luchar contra la cosa real.

No se ha comercializado ninguna hasta la fecha.

-Vacunas de ADN: son las más modernas. Buscan introducir directamente en los tejidos apropiados un plásmido que contiene la secuencia de ADN que codifica el antígeno contra el cual se busca una respuesta inmune, y se basa en la producción in situ del antígeno diana.

No se ha comercializado ninguna hasta la fecha.

Las candidatas

China

En estos momentos, la candidata en una fase más avanzada es la creada por el Instituto de Biotecnología de la Academia Militar de Ciencias Médicas de China y la farmacéutica CanSino Bio-B. Utiliza un vector del adenovirus 5 (responsable del resfriado común) como vehículo para insertar una parte atenuada del coronavirus en el cuerpo humano y generar inmunidad. Esta vacuna ha superado la fase 1 de pruebas en humanos en apenas tres semanas (suele durar en 9 y 18 meses) y ya se encuentra en fase 2, en la que se probará en 500 ciudadanos sanos de Wuhan que no contrajeron el Covid-19, que serán seguidos durante seis meses.

Otras tres candidatas, basadas en versiones inactivadas del virus, se encuentran también en fase clínica en el país asiático. Una, a cargo del equipo de la famosa epidemióloga y general del Ejército chino, Chen Wei, conocida como ‘la Terminator del Ébola’ por haber desarrollado la vacuna contra esta enfermedad en 2014, se testeará en un total de 1.188 voluntarios. Otra, muy prometedora por sus resultados positivos en macacos, ha sido desarrollada por la farmacéutica Sinovac y actualmente se está probando en un grupo de 744 personas. China confía en que estas vacunas estén listas en el último trimestre del año.

Estados Unidos

Fase clínica en el desarrollo de vacunas


Fase 1: se analizan aspectos como sus efectos biológicos y seguridad, en un estudio que no abarca más de 100 pacientes. Suele durar entre 9 y 18 meses.

Fase 2: se centra en la inmunogenicidad, es decir, la capacidad que tiene el antígeno para desencadenar una respuesta inmunitaria en nuestro cuerpo y construir así a largo plazo la memoria inmunológica. Suele trabajarse con grupos mayores, de entre 200 y 500 voluntarios. En condiciones normales dura unos dos años.

Fase 3: los investigadores evalúan de forma general la eficiencia y seguridad de la vacuna, trabajando con una cantidad aún mayor de personas. También suele prolongarse varios años.

En Estados Unidos, primer país del mundo en empezar los ensayos clínicos en humanos, dos compañías están compitiendo por la vacuna, Moderna e Inovio. Ambas emplean técnicas genéticas. El prototipo de Moderna, Mrna-1273, utiliza el conocido como ARN mensajero. Este ácido ribonucleico transporta un fragmento del código genético del virus que es insertado en nuestro organismo. Una vez en su interior comienzan a generarse muchos fragmentos similares que estimulan el sistema inmunitario para desarrollar anticuerpos. Como dice Bill Gates, este antígeno convertiría al cuerpo “en una unidad de fabricación de vacunas”. Tras testarlo en un grupo de 45 personas de entre 18 y 55 años, la biotecnológica con sede en Massachusetts, ya anunciado sus planes para la fase dos, en la que se ampliarán a 600 los voluntarios objeto de estudio. Desde Moderna esperan tener lista su vacuna, al menos para su distribución entre el personal sanitario en otoño de este año.

Por su parte, el prototipo de Inovio, INO-4800, que también se está probando en 40 personas, pretende inducir la inmunidad empleando un plásmido (pequeña molécula) cargado con la secuencia de ADN que codifica el antígeno (sustancia que desencadena la formación de anticuerpos) para que las células produzcan directamente los anticuerpos que luchen contra el patógeno.

Es importante destacar que, debido a su gran modernidad, no existe ninguna vacuna comercializada que se haya desarrollado a través de estas dos técnicas. “Es uno de los grandes hándicaps de este tipo de vacunas, más complicadas que otras que utilizan versiones inactivadas del virus”, explica a El Imparcial el doctor José Antonio Navarro Alonso, jefe del Servicio de Prevención de la Consejería de Sanidad de Murcia y experto de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Navarro, subraya además el potencial riesgo que entrañan las vacunas de ADN, que necesitan acceder al interior de las células “para poder transmitir la información que llevan, lo que podría influir en el propio cromosoma del humano”.

Reino Unido

Reino Unido ha entrado de lleno en esta pugna por obtener la vacuna contra el Covid-19 a través de su candidata de nombre impronunciable: ChAdOx1. Desarrollada por el Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, es muy similar a la de CanSino, pues también utiliza una versión debilitada del resfriado común (adenovirus 5) como plataforma. La diferencia es que en este caso se busca inducir una respuesta inmune a tan solo una proteína, la glucoproteína Spike (S), clave en la propagación del SARS-CoV-2 por el cuerpo humano. Los investigadores han diseñado un estudio ultrarrápido en el que se combinarán la fase 1 y la 2, en un grupo de 1.100 voluntarios de entre 18 y 55 años. Aunque la fecha oficial del fin del estudio clínico es mayo de 2021, esperan tener los primeros resultados en septiembre.

Alemania

La última de las candidatas en fase de pruebas en humanos es la BNT162 alemana. Desarrollada por la alemana BioNTech en colaboración con el gigante farmacéutico estadounidense Pfizer, utiliza un tipo de ARN mensajero (como la de Moderna), que BioNTech ya ha en 250 pacientes con cáncer. Sus pruebas comenzaron el pasado 23 de abril con un grupo de 12 personas y se espera que en la siguiente fase la muestra vacunal se amplíe hasta las 200. Ambas compañías esperan iniciar los ensayos en Estados Unidos tan pronto como lo aprueben las autoridades.

España

Las dos candidatas españolas, ambas desarrolladas en el Centro Nacional de Biotecnología se encuentran ligeramente por detrás de las anteriores. La más avanzada de ellas, elaborada por el equipo de Mariano Esteban y Juan García Arriaza, comenzará a probarse esta semana en modelos animales (fase preclínica). Emplea una versión muy atenuada del virus vaccinia (de la familia de la viruela) como vector viral para transportar genes del coronavirus que puedan inducir una buena respuesta inmune en el organismo.

Por detrás en el tiempo, aunque con muy buenas perspectivas, se sitúa el prototipo que está desarrollando el equipo de Luis Enjuanes e Isabel Sola. Debido a su complejidad, no estará lista para la fase preclínica, al menos, hasta finales de este mes de mayo. Eso sí, según los especialistas, podría ser una de las mejores del planeta porque utiliza una versión completa del virus pero sin sus partes más virulentas, lo que podría comportar una inmunidad muy fuerte.

Los riesgos: logística y mutabilidad

Los expertos consultados por este periódico no dudan en afirmar que, con casi total seguridad, habrá vacuna contra el Covid-19 antes de que acabe el año. Sin embargo, varias incógnitas rondan ya la cabeza de los científicos: ¿cómo se distribuirán?, ¿habrá para todos?, ¿se quedarán obsoletas por una mutación del virus?, ¿cómo de buena será la inmunidad que nos proporcionen?...

“Aunque la vacuna podría estar lista para el próximo otoño-invierno, su disponibilidad para la ciudadanía tardará muchos más meses”, advierte el presidente de la Asociación Española de Vacunología, Amos José García Rojas. Al factor temporal hay que unir el logístico: “Algunas de las candidatas no pueden ser fabricadas a gran escala en ningún lugar del mundo”, recuerda Navarro Alonso, también miembro del ECDC. “Habría que producir entre 3.000 y 5.000 millones de dosis en nuevas plantas que cuestan miles de millones”, añade.

Otros, como el infectólogo y CEO del CEPI, (Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias de Reino Unido), Richard Hatchett, ya están alertando del peligro de que los gobernantes de los países donde se desarrollen las vacunas opten por instrumentalizarlas políticamente para ganarse el favor de sus ciudadanos, en una suerte de “nacionalismo vacunal” que prime el interés particular al general. Para evitar esta situación de desigualdad es preciso que todas las naciones articulen una estrategia conjunta que garantice el abastecimiento llegado el momento.

El otro asunto que preocupa a los expertos es el de la mutabilidad del virus. Hasta ahora parece que el SARS-CoV-2 es bastante estable y no ha experimentado cambios relevantes. De hecho, todas las vacunas que se están investigando ahora mismo parten de versiones ligeramente distintas del virus. Sin embargo, si se produjera una mutación importante en el genoma, la mayor parte de estas candidatas se volverán inservibles, de forma análoga a lo que sucede con la gripe estacional, que obliga a los laboratorios a ir ajustando, año a año, sus vacunas en función de las nuevas cepas. Además aún está por ver cuánta inmunidad son capaces de generar y por cuánto tiempo.

A pesar del denodado esfuerzo que la comunidad científica está demostrando, hay que tener en cuenta que de esta larga lista de prototipos vacunales menos de un 5 % llegará a buen puerto. Hablamos, pues, de una durísima carrera de fondo pero también de obstáculos, y a contrarreloj. Hasta llegar a la ansiada meta, las únicas vacunas frente al coronavirus seguirán siendo las medidas de distanciamiento social, proteccion individual e higiene.

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