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Ensayo

Alonso Álvarez de Toledo: En el país que nunca existió

domingo 17 de mayo de 2020, 19:13h
Alonso Álvarez de Toledo: En el país que nunca existió

Cuadernos del Laberinto. Madrid, 2019. 308 páginas. 20 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En El país que nunca existió. Diario del último embajador español en la RDA -con prólogo de Ricardo Martínez Vázquez, embajador de España en la República Federal de Alemania-, Alonso Álvarez de Toledo nos ofrece la radiografía de uno de los hechos que marcaron la recta final del siglo XX: el camino a la celebración de elecciones en la República Democrática Alemana, lo que finiquitaba el antiguo sistema comunista. De una manera más concreta, subraya con rigor que tales comicios dieron la victoria a la CDU, corroborando este resultado que la ciudadanía rechazaba todo aquello que tuviera que ver con el socialismo.

La presencia del autor como embajador de España en la RDA le permitió asistir como testigo de excepción a tan mayúsculo acontecimiento, anotando sus pareceres en tiempo real para transmitirlos posteriormente al lector. Asimismo, además de sus opiniones, también nos traslada las de innumerables personalidades de la política y de la cultura con las que se relacionó, enriqueciendo de este modo el valor y el contenido de la obra.

El libro que tenemos entre manos abarca el periodo comprendido entre el 12 de septiembre de 1989 y el 18 de marzo de 1990, fecha en la que se produjeron las aludidas elecciones en la RDA. Durante los meses objeto de estudio hubo varios actores de relevancia. Al respecto, Alonso Álvarez de Toledo privilegia el rol que desempeñó la sociedad de la “Alemania democrática”, liderando una revolución pacífica y ordenada que, de una manera cada vez más veloz, se decantó por la reunificación, percibida esta última como la herramienta adecuada para zanjar las innumerables privaciones que venía sufriendo.

Con todo ello, este cambio que se produjo en la RDA hay que englobarlo dentro de otro más global que afectó a todas las naciones del Telón de Acero, las cuales rompieron el yugo que Moscú les había impuesto por la fuerza a partir de 1945. En este sentido, cada “democracia popular” siguió su propia “vía” y, aunque en términos generales puede afirmarse que la violencia no formó parte del paisaje, sí hubo ciertas excepciones a esta norma, como corrobora el caso rumano, al que el autor se refiere en varias ocasiones a lo largo de la obra.

Álvarez de Toledo percibe que la reunificación es el gran deseo de la sociedad de la RDA y no tanto de su clase política. Sobre esta compleja cuestión, también nos disecciona algunas de las posturas clave, como la de la Unión Soviética. En efecto, si Moscú no hizo nada por evitar la caída del Muro o la defenestración de Erich Honecker, opuso mayor resistencia a la reunificación y, sobre todo, a que la entidad resultante formara parte de OTAN, opción que finalmente resultó vencedora, cabe señalar.

Una idea muy sugerente que nos transmite el autor es la que alude a que en la RDA se produjeron dos revoluciones. Por un lado, la que libraron dentro del partido las bases frente a la cúpula estalinista. Por otro lado, la de la sociedad contra la élite política. Lo más destacado es que los sucesores de Honecker aspiraban a reformar un sistema que resultaba irreformable, justificando tal objetivo en la supuesta estabilidad que Alemania Oriental garantizaba en Europa. Este argumento es rebatido con acierto por Álvarez de Toledo: “Sólo una RDA fuerte y con respaldo popular sería un elemento de estabilidad en Europa pero, para ser fuerte, necesita el apoyo popular que ha perdido” (p. 37).

En consecuencia, no debe sorprender que la dirigencia política buscara soluciones más efectistas que eficaces, cuya finalidad era garantizar la supervivencia de la ideología socialista. En este sentido, destacó la proliferación de informaciones relativas a la corrupción de la no tan pretérita clase dirigente: “’Está claro que quienes detentan el poder en este momento siguen tratando de mantener en la RDA una ‘sociedad socialista’. Un socialismo con pluralidad de partidos, libertad de prensa y de desplazamiento pero con economía planificada y propiedad colectiva de los medios de producción. Mientras sigan intentando subordinar a la ideología la resolución inmediata de los problemas económicos, no permitirán que lleguen las inversiones de la RFA ni las de otros países occidentales” (p. 121).

Así, optar por meros parches en ningún caso saciaba el deseo de libertad y prosperidad instalado en la sociedad. En íntima relación con esta idea, Alonso Álvarez de Toledo anotaba en su diario el 21 de enero de 1990 lo siguiente: Aquí la revolución la ha hecho el pueblo, sin demagogos ni teóricos, sin cabecillas ni mártires, sin poetas ni cantantes. Es patético ver a este pueblo en busca de unos líderes que no acudieron a su cita con la historia” (p. 179).

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