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NASA

SpaceX hace historia al lanzar con éxito su primera nave tripulada a la Estación Espacial

Donald Trump, Mike y Karen Pence presencian el despegue del Falcon 9.
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Donald Trump, Mike y Karen Pence presencian el despegue del Falcon 9. (Foto: EFE)
sábado 30 de mayo de 2020, 21:23h
La compañía de Elon Musk inaugura una nueva era espacial en la que el sector privado tendrá cada vez mayor relevancia.

Con medio mundo aún en cuarentena dos hombres han salido este sábado disparados de la Tierra. Tras el infructuoso intento del miércoles, abortado a causa del tiempo, hoy a las 21:22 los astronautas Dough Hurley y Bob Behnken han despegado al fin desde Cabo Cañaveral rumbo a la Estación Espacial Internacional (ISS) a bordo de la nave Crew Dragon de SpaceX, en el primer viaje espacial tripulado a cargo de una compañía privada.

Aunque a priori pudiera parecer que la misión Demo-2 (como ha sido bautizada) es convencional, resulta de vital importancia para Estados Unidos, como atestigua la presencia en el centro espacial John F. Kennedy del propio Donald Trump. No en vano, el lema utilizado es muy similar al que el presidente norteamericano empleó en campaña: 'Launch America', eso sí, sin el 'again'.

Los astronautas Doug Hurley y Bob Behnken.

El país que puso al hombre en la Luna llevaba sin lanzar astronautas a la ISS desde su propio territorio desde que canceló su programa de transbordadores hace casi una década. De hecho, hasta ahora, la NASA estaba obligada a reservar plaza, por el módico precio de 86 millones de dólares el asiento, en las naves rusas Soyuz. Pero todo esto ha cambiado hoy: Estados Unidos deja de depender de Rusia y recupera su autonomía espacial.

Este viaje ha supuesto una auténtica prueba de fuego para SpaceX, la futurista empresa aeroespacial del excéntrico multimillonario, también dueño de Tesla, Elon Musk, quien la creo en 2002, con el objetivo de "poner a un hombre en Marte".

La compañía se ha hecho famosa por sus cohetes reutilizables Falcon, capaces de volver a aterrizar una vez han cumplido su función de carga. Gracias a ellos Musk ha suscrito multimillonarios contratos con la NASA para poner satélites en órbita o llevar suministros a la ISS. Sin embargo, este es su primer viaje tripulado en 18 años de historia.

El interior de la nave Crew Dragon. (Fuente: SpaceX/NASA)

Tanto la nave, la Crew Dragon, como el cohete, Falcon 9 son factura de SpaceX, si bien han contado, como es lógico, con el asesoramiento y supervisión de la agencia aeroespacial estadounidense. El objetivo de la misión Demos-2, es probar que tanto la cápsula como el cohete son capaces de transportar a los astronautas de forma segura y eficiente a la ISS, a 400 km de altitud. Si todo sale bien, a su regreso, probablemente en agosto, esta nueva fórmula se impondrá y SpaceX se encargará de llevar asiduamente a los viajeros espaciales.

A diferencia del rudimentario aspecto de la nave Apolo, plagada de botones y palancas, la Crew Dragon luce un diseño minimalista más propio del siglo XXI. Revestida de un inmaculado blanco, tanto en el interior como en el exterior, la nave, con capacidad para cuatro pasajeros, tiene 4 metros de diámetro y 9,3 metros cúbicos de volumen. Es autónoma y está equipada con pantallas táctiles y cómodos asientos para los astronautas.

Recreación artística de la nave Dragon 2 abandonando la atmósfera terrestre (Fuente: NASA).

El lanzamiento de este sábado forma parte del programa Commercial Crew, con el que la NASA espera inaugurar una nueva era comercial, y de cooperación con las empresas aeroespaciales estadounidenses, como Boeing o la propia SpaceX (sin olvidar a otras como Blue Origin, de Jeff Bezos o Virgin).

En esta nueva etapa, que acaba de nacer, los viajes espaciales se convertirán cada vez en algo más habitual, no solo para los científicos, sino también para aquellos turistas que se lo puedan permitir. Aunque, con el tiempo, los costes se terminarán abaratando y la tecnología se democratizará.

A través de esta colaboración público-privada, Estados Unidos pretende aumentar aún más su hegemonía en el espacio (sin perder una fortuna, como sucedió con el programa Apolo) para sentar las bases de la colonización de la Luna, a donde Trump ha prometido volver en 2024. La conquista del espacio empieza hoy.

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