www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ORIENT EXPRESS

Que pidan perdón los comunistas

Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 14 de junio de 2020, 19:44h

En un tiempo en que se pide perdón por tantas pretendidas ofensas a tantas pretendidas víctimas, quizás sería justo pedir a los comunistas que se disculpen por tantos crímenes como se han cometido en nombre de su ideología. No es necesario remontarse siglos atrás para encontrarlos. No es necesario buscar a sus responsables en cementerios abandonados ni en tumbas desconocidas, sino que se los puede encontrar en algunos palacios presidenciales y mausoleos que aún pueden visitarse. Los rostros de los que han muerto siguen exhibiéndose en carteles y camisetas. Sus banderas de odio y resentimiento siguen flameando en manifestaciones y mítines. Sus símbolos siguen siendo, para muchos, motivo de orgullo.

Es cierto que esto de las culpas colectivas siempre es problemático porque, si todos son culpables, nadie lo es. Ya trataremos eso en otro momento. Por lo pronto, puestos a pedir perdón, lo coherente sería que los comunistas empezasen por los crímenes cometidos por sus camaradas.

En efecto, los millones de muertos que el comunismo cuenta en su haber incluyen víctimas de hambrunas como el Holodomor, de purgas y represiones políticas como las perpetradas por Stalin, de campos de trabajo como el Gulag y de organizaciones terroristas financiadas, auspiciadas y defendidas por comunistas de todo el mundo. En España, los asesinatos del FRAP, del GRAPO, de ETA y de otras bandas terroristas se intentaban justificar so pretexto de la lucha contra Franco y la opresión -siempre este cuento de la opresión- que sufrían los asesinos. Todos esos asesinos mancillan la causa del antifascismo cuando pretenden justificar con ella el tiro en la nuca, el secuestro en el zulo, el coche bomba, los ataúdes blancos y toda la retahíla de crímenes que ensombrecen décadas de historia de España.

Quizás se pueda aprovechar esta ocasión en que tantos exigen disculpas, para pedirlas en nombre de los millones de cristianos perseguidos por su fe. Tal vez podamos hacer memoria ahora de los fusilados de Paracuellos del Jarama, de los detenidos, torturados y asesinados por asistir a la Adoración Nocturna, de los sacerdotes, monjas, hermanos y consagrados a quienes se mató por serlo. Recordemos en esta hora al beato Jerzy Popiełuszko (1947-1984), sacerdote polaco secuestrado, muerto y arrojado al Vístula con piedras para que su cadáver se hundiese. Evoquemos al cardenal Mindsenty (1892-1975), al cardenal Stefan Wyszyński (1901-1981) y a tantos cuyo nombre y memoria la propaganda comunista trató de ensuciar. Todos ellos perdonaron a sus asesinos, torturadores y difamadores, pero ¿nadie debe pedir perdón por estos crímenes?

Todas las vidas son valiosas. En todas ellas dejó su huella el Creador. En todos los rostros humanos hay un reflejo del rostro divino. Pretender que unas valen más que otras -aunque sólo sea afirmando que unas valen y silenciando que otras también- es injusto y perverso. La historia de la humanidad, la propia condición humana, carga sobre sí el estigma del pecado y capacidad del mal. El ser humano puede hacer cosas terribles. Exigir perdón por unos crímenes y callar o, peor aún, justificar otros es abominable. El Foro de São Paulo, un instrumento del castrismo para sembrar el odio y el resentimiento en toda América, ha creado una narrativa victimista y falsa que se está extendiendo por todo el mundo. ¿Nadie pide perdón a los millones de venezolanos, cubanos, nicaragüenses, colombianos y argentinos , entre otros,muertos a manos de guerrillas comunistas y de gobiernos tiránicos?

En nombre de la liberación de la humanidad, el comunismo ha justificado innumerables atrocidades, pero -a diferencia del nazismo- sigue gozando de prestigio y simpatías. En aras de la sociedad sin clases, el ser humano concreto y sufriente podía ser detenido, encarcelado, deportado a un campo, sometido a tortura o asesinado con o sin proceso. So pretexto de una libertad venidera, se condenaba y se condena a millones de personas a una tiranía cierta y una esclavitud segura. El intento de construir un paraíso en la tierra sólo conduce a distintas formas de infierno.

San Juan Pablo II el Grande lo dijo con palabras de lucidez y valentía el 2 de abril de 1987 en Santiago de Chile recordando las palabras de Reconciliatio et Paenitentia: “el hombre puede construir un mundo sin Dios, pero este mundo acabará por volverse contra el hombre”. Esto es lo que estamos viendo en nuestro tiempo. Personas inocentes deben disculparse por pretendidos agravios. El complejo de culpa se emplea para imponer una agenda política y cultural. Quienes exigen perdón a otros no lo piden por sus propias faltas. Al amparo de un victimismo que es la mayor traición a las verdaderas víctimas, pretenden imponer a otros una visión del mundo y de la vida en la que rezuman el odio, el resentimiento y la violencia.

El Talmud enseña que quien salva una vida es como si salvara el mundo entero y quien destruye una vida es como si destruyese el mundo entero. Todas las vidas importan.
También las que los comunistas han segado, arruinado y envilecido.

Deberíamos recordarlo y hacer que otros lo recuerden.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (15)    No(0)

+
2 comentarios