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Ensayo

Miguel Giusti (Ed.): El conflicto de las facultades

domingo 19 de julio de 2020, 22:03h
Miguel Giusti (Ed.): El conflicto de las facultades

Anthropos. Barcelona, 2019. 432 páginas. 29 €.

Por Francisco Estévez

Tras la crítica de Jacques Bouveresse a la filosofía francesa en El filósofo entre los autófagos (1986) su habitual punta de látigo contra la impostura intelectual se preguntaba qué quiere la filosofía y qué podemos querer de ella en La demanda de filosofía (1996). El guante ha sido recogido desde entonces en varias ocasiones debido a la urgencia de estos tiempos. Por citar algunos ejemplos, Martha Nussbaum se cuestionaba las relaciones entre humanidades y democracia y apuntaba hacia la gran crisis de nuestra era, la crisis mundial de la educación en El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal (1997) y Sin fines de lucro: por qué la democracia necesita de las humanidades (2010) y Jacques Derrida reflexionó sobre la incondicional libertad de la universidad en su ensayo “La universidad sin condición (gracias a las humanidades)”. El presente libro actualiza la reflexión sobre la filosofía y las humanidades en el seno de la universidad a partir de la obra de Kant El conflicto de las facultades (1789).

El antecedente del libro es la censura sufrida por un libro anterior, La religión en los límites de la mera razón (1798). Kant ensayaba allí cuáles pudieran ser los equilibrios y relaciones entre razón y fe. A la postre, Kant propone una defensa cerrada del ejercicio de la libertad de pensamiento, cuestión en permanente peligro, hoy igual que ayer, en la facultad de humanidades (entiéndase bien que esa libertad nos exige a todos que circulen visiones contrarias a las propias). La descripción de Kant de los “negociantes del conocimiento”, esos funcionarios de carácter instrumental que se adecúan a los intereses del día, resulta hoy todavía más corrosiva que en la época: “Es absolutamente necesario, para el cultivo de la ciencia pública, que la universidad posea una facultad que, con independencia de las órdenes del gobierno, tenga la libertad, no de dar orden alguna sino de cuestionar todas las órdenes que se dan […] la razón es libre por naturaleza”. La cuestión en Kant venía de largo pues ya en 1784 se preguntaba sobre aquel dictum del rey Federico II “¡razonad tanto como queráis, y sobre lo que queráis; pero obedeced!”.

La presente colección de ensayos ha sido editada y coordinada por el filósofo peruano Miguel Giusti, quien cuenta con obras de calado ético importante como Disfraces y extravíos. Sobre el descuido del alma (FCE, 2015) o Tras el consenso. Entre la utopía y la nostalgia (Dykinson, 2006) y quién ya se había acercado lateralmente al tema en La filosofía del siglo XX: balance y perspectivas. (2000). De entre los valiosos trabajos, son reveladoras las páginas de Roberto R. Aramayo que desgrana el legendario debate filosófico entre Cassirer y Heidegger en Davos o el capítulo “Fines de la Ilustración” de Reinhard Brandt, donde nos recuerda la definición de Kant: “Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo […] Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!” frente al negamiento profundo de la Ilustración por distintos frentes estamentales: “El oficial ordena: ¡No razones, adiéstrate! El asesor fiscal: ¡No razones y limítate a pagar tus impuestos! El consejero espiritual: ¡No razones, ten fe! Así como las páginas del propio editor, Miguel Giusti.

Entre las muchas figuras que se someten aquí a revisión se alza, entre otras, la de Wilhelm Dilthey, quien acuñara el concepto de ciencias del espíritu rastreando en Hegel la expresión de “espíritu objetivo” y la relevancia de su obra El origen de la hermenéutica (1900) donde define la interpretación como fenómeno intrínseco al proceso de comprensión característico de las humanidades. También viene citado, cómo no, la crítica como crítica de la ideología, que se suele vincular a la Escuela de Fráncfort y su antecedente, Marx. El ensayo de Horkheimer “Teoría tradicional y teoría crítica” (1937) vino a asentar, en efecto, el concepto de teoría crítica con el cual se aceptaba que cualquier interpretación de hechos se realiza siempre desde un punto de vista, en otras palabras, se tomaba conciencia del carácter histórico del sujeto.

La reflexión humanística deseaba alejarse de la teoría tradicional y su carácter ideológico más acentuado. “La crítica y el presupuesto de la democracia, la mayoría de edad, van de la mano. Mayor de edad es aquel que habla por sí mismo, porque ha pensado por sí mismo y no repite simplemente lo dicho por otro; el que no está tutelado. Ello se muestra en la fuerza de la resistencia frente a las opiniones preestablecidas y, al unísono, frente a las instituciones existentes, frente a todo lo meramente puesto que se justifica con su existencia. Tal resistencia, como capacidad para diferenciar lo conocido de lo meramente convencional o aceptado por fuerza de autoridad, es una y la misma cosa que la crítica”

También se repasa aquella idea sobre los compartimentos estancos que forman la cultura humanística y la cultura científica definida por C. P. Snow en su clásica conferencia “Las dos culturas” (1959). Thomas Kuhn poco después explicó el proceso de sucesión y cambio de paradigmas de conocimiento en La estructura de las revoluciones científicas (1962) a la que sucedió la reivindicación por parte de Gadamer del sensus communis o sentido común en la tradición humanista visto como “el sentido que funda la comunidad” (Verdad y método, 1977). A la postre, según Richard Rorty, la filosofía sería aquella conversación de la humanidad sobre ciertos problemas que ella misma considera vitales (La filosofía y el espejo de la naturaleza, 1977).

Cabe destacar, entre otros acercamientos del volumen, el ejemplar de Julio del Valle quien analiza diacrónicamente la metáfora del Cantar de los cantares “Tu cuello es tan hermoso como una torre de marfil” para estudiar la imagen que muchos tienen hoy y con razón de las universidades y el lugar de las Humanidades. Como se plantea en este libro, el 75% de las universidades se fundaron tras la Segunda Guerra Mundial. Hemos pasado de la universidad de masas a la universalización de la universidad. Hoy día la universidad no resulta ya ese lugar de formación de la élite y cualquier cambio de escala impone además siempre cambios en el orden de administración y funcionamiento.

En la actualidad, la cultura tecnocrática somete a la universidad a criterios económicos y cuantitativos reduciéndola a una suerte de empresa de formación. La globalización o los procesos de cuantificación de trabajo, evaluación de calidad, burocratización y la imposición de una casta de burócratas que controlan dichos parámetros en la universidad dejan en franca decadencia el ideal de la Ilustración.

La imposibilidad de mantener la investigación pura, la racionalidad instrumental como rectora de la universidad, las publicaciones estandarizadas, la uniformización de la enseñanza y de la investigación humanísticas impone más allá de la simplificación, la falta de creación, el cuestionamiento de modelos vigentes, las restricciones a la monografía, la preferencia del artículo (evitemos la colonización cultural del barbarismo “paper”), la cantidad frente a la calidad… males aquí apuntados y estudiados. Hoy que la universidad presencial es zaherida sin remedio, donde la banalidad del mal impone su powerpoint frente a la clase magistral napoleónica, donde las facultades parecen cada vez menos un lugar de reflexión y más un negocio de competencias y formación de aceleramiento resulta de extrema urgencia libros como el presente. Por último, como aquí se recuerda, cuando las humanidades se volvieron una “costura” (una “maría”), el paso siguiente tuvo que ser suprimirlas del pénsum (plan de estudios) universitario. Conviene repetir la pregunta continua de la filosofía que Kant ya enunció: “Qué hay que hacer si la voluntad es libre, si existe Dios y si hay un mundo futuro”. Filosofía es, en definitiva, dudar, el intento de pensar en libertad.

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