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Novela

Julián Granado: El complot Canalejas

domingo 16 de agosto de 2020, 18:36h
Julián Granado: El complot Canalejas

Durante el mes de agosto, Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas de las críticas de libros destacados. XXIII Premio de novela Ciudad de Salamanca. Ediciones del Viento. A Coruña, 2019. 266 páginas. 18,50 €.

Por Aránzazu Miró

El complot Canalejas parte de un hecho real, el atentado que acaba con la vida del presidente de Gobierno José Canalejas ocurrido en la Puerta del Sol madrileña el 12 de noviembre de 1912, para recrear una novela policiaca en busca del entramado político y financiero que lo pudo haber originado. De novela histórica, que podría ser, a novela policiaca en la que nada es lo que parece ni nadie quien se pretende que sea.

De la simple explicación del elemento anarquista como detonante (en la figura de Manuel Pardiñas) a todo un entramado en el que se había especulado con la masonería y que finalmente involucra a la Iglesia, Julián Granado escribe una novela de espionaje y trama policiaca que recorre el desastre del 98 conocido como la pérdida de Cuba, el hundimiento del Titanic de 1912 y del Lusitania en 1915 (y con él, de nuestro músico Enrique Granados) para concluir las pesquisas en Norteamérica. Parte de un episodio histórico poco claro, en el que el mismo suicidio del asesino no se habría esclarecido nunca, para darle forma de novela, con la que ha obtenido el Premio Ciudad de Salamanca en la edición de 2019.

Y con esta novela prosigue Julián Granado, médico de profesión, sus pesquisas literarias a partir de hechos o personajes históricos, en las que recrea una época, pero sobre todo, novela una peripecia. El anarquismo en algunas de sus figuras o la “esperanza del progresismo político” (p. 86) en España a principios del siglo XX son temas en los que ha indagado para poder utilizarlos como material novelístico, pero también el anticlericalismo (“cuando la Iglesia amenaza lo hace a su manera”, p. 88), que ya plasmó en la figura decimonónica del gran desamortizador Mendizábal: todos, “hombres intoxicados por el juego de la política” (p. 78).

Porque, más allá de la verosimilitud histórica, sus personajes discurren y razonan con sensatez (“¿no dicen los anarquistas que el más alto tribunal es la conciencia de uno mismo?”, p. 116) en una trama de espionaje que interpela al lector, donde Tolstoi o Freud acompañan el pensamiento de los personajes y que propondrá cuestionarnos realidades sociales con un “y si…” que creo forman parte de las intenciones del autor al novelar realidades truculentas que podrían -o no-, haber tenido el desarrollo que sugiere.

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