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Novela

Regina Porter: Lo que sembramos

domingo 16 de agosto de 2020, 18:39h
Regina Porter: Lo que sembramos

Durante el mes de agosto, Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas de las críticas de libros destacados. Traducción de Javier Calvo. Seix Barral. Barcelona, 2020. 432 páginas. 21 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Soledad Garaizábal

La joven escritora afroamericana Regina Porter tiene una nueva forma de contar las cosas. Resulta bastante experimental. Va regalándonos cristales de vida, escenas brillantes, piezas genuinas de diferentes colores y formas, elegidas en el cofre del revoltijo de la casualidad.

Comienza la novela Lo que sembramos colocando entre los dedos del lector la perla que cuenta la historia de Jimy Vincent hijo. Cuando tenía cuatro, cuando tenía doce, cuando tenía trece. A los catorce, a los 18, a los 31 años. Cuando James tenía cuarenta y cinco, cuando tenía sesenta y dos y mientras una tarde soleada de agosto del 2009 juega con sus nietos en la piscina. Es de piel blanca y abogado en Manhattan. Le llaman Pez Gordo James.

Son diminutas muestras del ADN colectivo observadas en posición macro con una lente de alta resolución. Brillan con colores de escena cotidiana, de reuniones familiares en torno a la mesa, de diálogos irónicos y melancolía. Blancos y negros, al norte, al sur, a orillas del Pacífico y del Atlántico. Bodas, divorcios y funerales. Religiones, ritos, movimientos sociales, cambios globales, acción de gracias y Vietnam. Cuando tiene enfocada la escena y brilla pulida por todas partes, la autora levanta el zoom y te enseña la pieza dentro del crisol gigante que forma la moderna realidad americana. Viaja en todas las direcciones, en el tiempo y en el espacio, para situar el cristal de color en una estructura reticular formada por todos los nudos y nexos y bifurcaciones posibles que se multiplican en la malla de las vidas cruzadas.

Entonces Regina Porter te regala otro cristalito que tiene las piernas y la belleza de Agnes Miller y abarca 50 años de historia y evolución personal. Esta pieza se llama Damascus Road y brilla con otros colores, incluye el terrible episodio de racismo y abuso de poder que marca su vida y hace un boceto primero de las mil mujeres diferentes que llegó a ser, de nieta a abuela, la sureña que se casó y tuvo dos hijas con Eddie Christie, que estuvo en Vietnam.

Es muy útil que el libro comience con un listado y breve descripción de los personajes principales y una guía de ambientes. Sirve para no perder del todo la orientación. Hay tantos personajes y son tan intrincados los caminos que resulta complicado situarse y mantenerse a flote en la marea de datos, partos, exmaridos y escenarios. Mientras tanto la vida fluye por todas partes en constante movimiento. Las ramificaciones del complejo tejido social se extienden, las conexiones se activan, los kilómetros se recorren y los años pasan. Porter tiene, además de una nueva forma de contar las cosas, muchas cosas que contar.

La tercera pieza se narra en presente y en primera persona, en la voz de Beverly, hija mayor de Agnes y Eddie, enfermera de neurología. Su hermana está casada con Rufus, el hijo de Pez Gordo James, al que habíamos dejado con sus nietos al borde de la piscina.

Son piezas fragmentarias, milímetros cúbicos de realidad americana, como si la autora hubiera machacado el jarrón de la repisa del salón y arrojado al suelo mil pedazos de historias que contar. Aún nos falta otra pieza más para encarar el primer acto. La obra no ha hecho más que empezar.

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