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Ensayo

Mª Luisa Soriano González: Trump, Obama y Bush

domingo 23 de agosto de 2020, 22:33h
Mª Luisa Soriano González: Trump, Obama y Bush

Durante el mes de agosto, Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas de las críticas de libros destacados. Tirant Humanidades. Valencia, 2019. 170 páginas. 14,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Donald Trump, Barack Obama y George Bush. Ideología y estrategia política María Luisa Soriano González analiza el legado de los tres últimos presidentes de Estados Unidos. Cada uno de ellos puede identificarse con un epíteto (Bush con el intervencionismo en el exterior, Obama con el multilateralismo y Trump con el aislacionismo) que la autora dota de contenido a lo largo de la obra, consultando abundantes fuentes y bibliografía.

El primer elemento que sobresale del libro que tenemos entre manos es que la profesora Soriano González no aborda las aludidas presidencias a modo de comportamientos estanco; por el contrario, las pone en relación y las compara. Esta metodología facilita extraer las diferencias de estilo y de objetivos que caracterizaron las agendas de los tres últimos inquilinos de la Casa Blanca. Al respecto, la autora valora positivamente la figura y el mandato de Obama, aportando una serie de razones para justificar su punto de vista. En este sentido, enfatiza la capacidad del aludido político demócrata para alcanzar acuerdos incluso con sus adversarios (por ejemplo, en la reforma migratoria) y sus esfuerzos para recomponer las relaciones de Estados Unidos tanto con la Unión Europea como con el mundo musulmán (por ejemplo, a través del famoso discurso de El Cairo de 2009).

Con todo ello, en este apartado encontramos abundantes materias que permiten señalar diferencias entre las presidencias de George W. Bush y Barack Obama. Así, mientras el primero en su combate contra el terrorismo priorizó el unilateralismo en escenarios concretos como Irak, el segundo se decantó por el multilateralismo y por seguir los parámetros del Derecho Internacional, sin que ello significara necesariamente una renuncia al liderazgo norteamericano en los asuntos globales ya que consideraba a su país como una suerte de “primus interpares”. De hecho, para alcanzar tal conclusión, Obama también fue consciente de la debilidad y vulnerabilidad de Estados Unidos: En un mundo interconectado no hay problemas globales que puedan ser resueltos sin Estados Unidos, y pocos que puedan serlo por Estados Unidos solo” (p. 60).

En consecuencia, expresiones y conceptos que caracterizaron la presidencia de George W. Bush, tales como “guerra preventiva” (lo que ocasionó un incremento notable del gasto en defensa), “eje del mal” o “estados canallas”, no gozaron de espacio en el discurso de Barack Obama, pese a que la seguridad condicionó notablemente los gobiernos de ambos mandatarios. En efecto, si el presidente republicano hubo de encarar la amenaza de Al Qaeda tras el 11-S, en la recta final de la segunda administración encabezada por Obama emergió el Daesh, cuyo protagonismo recogió la National Security Strategy de 2015.

¿Y Donald Trump? Frente al multilateralismo propugnado por Obama, el actual presidente norteamericano se ha decantado por el aislacionismo al que ha rodeado de una serie de características distintivas, sobresaliendo en este sentido un nacionalismo ultraconservador que tiene como paradigma el América First: “La idea fundamental de su filosofía es que América debe atender a sus propios intereses y al bienestar de sus ciudadanos, dejando de intervenir y prestar ayuda en el exterior que no le beneficia” (p. 135). En función de esta máxima, el controvertido político ha rechazado algunos de los acuerdos suscritos por su predecesor (en particular, el relativo al cambio climático), justificando tal viraje en la defensa del interés nacional: Las mismas naciones que nos piden que permanezcamos en el acuerdo son los países que han costado colectivamente a Estados Unidos billones de dólares a través de duras prácticas comerciales y, en muchos casos, contribuciones escasas a nuestra alianza militar” (p. 154). En este sentido, los reproches a sus socios europeos por su escaso gasto en defensa han sido frecuentes, así como las acusaciones de realizar prácticas comerciales deshonestas a Pekín.

Finalmente, pese a que Trump comparte con Bush una ideología conservadora, las diferencias entre ambos resultan evidentes y la autora las explicita. Así, el intervencionismo en el plano internacional del que hizo gala George W. Bush, es rechazado por Trump. Éste último, como ya hiciera Obama, se ha alejado de aquellas políticas orientadas a la transformación de regímenes tiránicos en democracias. Este modus operandi se ha traducido, cuando menos en el plano teórico, en una renuncia voluntaria a tomar parte en guerras en el exterior.

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