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TRIBUNA

Los ultras

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
martes 29 de septiembre de 2020, 20:08h

¿Quiénes son los ultras? ¿Hay ultras de izquierda y ultras de derecha? ¿Los hay en España? Yo creo que la palabra ‘ultra’, de invención reciente y usada como arma arrojadiza por unos y por otros, ha ido cincelando su significado para acabar definiendo a aquellos ciudadanos, agrupados o no, cuyo deseo es derribar el sistema democrático y social vigente y sustituirlo por otro que añoran, incluso aunque no lo hayan conocido, no haya existido o haya sido muy distinto al que sueñan. Los movimientos secesionistas son otra cosa.

Podrán escorarse a babor o estribor, pero su primer objetivo, no es salir del sistema democrático, es la separación del Estado en el que viven. La ultraizquierda, en el mundo occidental, es fácil de localizar y definir, es el comunismo. ¿Qué sino? Es la fuerza heredera de aquella que, desde el Estado Soviético, se propuso derrotar a la ideología democrática e implantar su sistema en todo el mundo. Su maquinaria de agitación y propaganda, (Agitprop), se mostró tan perfecta que hubo momentos en los que se pudo apostar por su victoria a pesar de su impotencia, a la vista del que lo quisiera ver para sacar a su pueblo de la miseria. Nunca se había conseguido conducir a la mente humana a adoptar como fe una mentira tan patente.

El Estado soviético colapsó, pero aquí está otra vez la ideología comunista con su propósito de desbancar al sistema democrático, desplegando un feroz ataque a las columnas que sostienen la civilización occidental: la democracia, las fuerzas armadas la policía, la religión, la justicia, la familia, los sexos y su rol, la propiedad privada, la economía de mercado, el Arte, la globalización (cooperación), la educación, el mérito, la excelencia… Ahora, astutamente enmascarada tras sibilinos movimientos e ideas de apariencia bondadosa y defensora de la paz, igualdad, ecología, feminismo, sexismo, animalismo, antipobreza, antiviolencia… que ellos denominan, machaconamente, como modernas y “progresistas”.

Los que creen que esto es moneda de madera llaman, a estos movimientos, “lo progre” o lo “políticamente correcto” y hacen burlas y risas de las declaraciones de sus seguidores y de las chocantes situaciones que crean. Pero amigos, mientras os divertís, esos movimientos van adquiriendo enorme consistencia pues están sabiamente diseñados para atraer a multitudes muy desorientadas y maleables a las que proporcionan un sentido a sus vidas, resultando sumamente fácil de ‘sectarizar’ y agitar. En España es la fuerza que, como primer objetivo, busca el derribo del sistema democrático nacido en el 78, con la monarquía al frente.

En cambio, la ultraderecha es mucho más difícil de definir porque, realmente, no existe. Es una denominación acuñada, calculadamente por la ultraizquierda, que necesita señalar y acotar al enemigo y englobar allí toda actividad política, agrupada o dispersa, de ideología difícil de etiquetar, que se sitúa frente a ella y declara, como su principal empeño, denunciar su actividad y tratar de contrarrestarla. Son todos los que se sitúan frente a la ultraizquierda, aunque no sean parientes. En España, disparando al bulto, traído por los pelos y con una carga de fácil atractivo, algunos la sitúan en la añoranza del franquismo; pero ese sentimiento está archivado en el recuerdo, es residual e inoperante.

No hay ningún movimiento que busque su inspiración ahí, es un engañabobos. Pero la ultraizquierda, en cumplimiento del mandamiento número uno de su estrategia, que es señalar un enemigo al que odiar y responsabilizar de todos los males a redimir, busca, incansablemente, señalar, en ella, el territorio del enemigo, dentro del que alojar a todos los transgresores a su ideario (lo políticamente correcto), presentes o históricos y tengan o no conexión entre ellos.

Así, señalan, como ultraderechistas, a Trump, Salvini, los Le Pen, Vox y otros partidos centroeuropeos que se le enfrentan, aunque estos dejen claro, en su ideario, intenciones exquisitamente constitucionales y así lo juren, nítidamente, en las tomas de posesión, mientras la ultraizquierda declara todo lo contrario y así lo manifiesta en sus atrabiliarias juras. Amigos, asistimos al mayor retorcimiento de mentes desde Stalin y Hitler, aunque de forma más indirecta, astuta y sibilina. ¡Ah, y evitando, de momento, la violencia, pues saben que después del terrible siglo XX está, afortunadamente, desacreditada!

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