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VIVA VIVALDI

El Teatro Real se llena de Vivaldi de la mano del contratenor Philippe Jaroussky

El contratenor Philippe Jaroussky interviene en el concierto.
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El contratenor Philippe Jaroussky interviene en el concierto. (Foto: Javier del Real)
martes 06 de octubre de 2020, 16:38h
Era una cita muy esperada. La pandemia por el Covid-19 había impedido que el famoso contratenor viniera a Madrid el 25 de mayo pasado. Ayer lunes, con medidas muy estrictas de seguridad para los espectadores –como la limpieza del calzado a la entrada u optar por dos funciones en lugar de la única que estaba prevista para la actuación de mayo- finalmente el coliseo madrileño pudo servir de escenario a la voz este anhelado cantante, muy querido por el público de Madrid desde que en 2000, en el mismo teatro, interviniera en “Cielos aun del aire matan”, de Juan Hidalgo de Polanco (1660), junto a la soprano Ángeles Blancas.

La actuación de Philippe Jaroussky se enmarca en un ciclo de conciertos del Teatro Real denominado “Grandes Voces”, que el teatro viene programando desde hace varias temporadas y que en la actual, 2020-2001, contará -si la crisis sanitaria lo permite- con las voces de la mezzosoprano estadounidense Joyce Didonato (13 de enero), el tenor mejicano Javier Camarena (15 de enero) y el tenor polaco Piotr Beczała (1 de mayo).

Ayer, en “Viva Vivaldi”, concierto en el que se interpretaron arias y extractos del inmortal compositor veneciano (1678-1741), Jaroussky compartió escenario con la soprano húngara Emőke Baráth, la contralto francesa Lucile Richardot y el tenor chileno Emiliano González Toro, todos bajo la dirección musical del violinista francés Julien Chauvin, que actuó también como director de la orquesta de instrumentos de época Le Concert de la Loge.

Resulta conveniente dedicar unas líneas a la voz de contratenor, algo desconocida todavía por el gran público. El contratenor es un cantante que ha desarrollado y potenciado la voz de falsete -a semejanza de cómo hacen las cantantes femeninas-, porque le resulta más natural cantar así o porque consigue mejores resultados que intentando cantar como un tenor. Su color y registro suele ser el de una mezzosoprano, aunque existen contratenores con color de soprano, si bien su potencia suele ser inferior a la de muchas cantantes femeninas. Su voz hablada no tiene por qué ser afeminada; de hecho, suele ser masculina. Los contratenores pueden considerarse, en cierto modo, sucesores de los castrati, si bien existen diferencias fundamentales entre ambos tipos de voz (los castrati respiraban con la parte superior del pecho -de donde viene la popular expresión “Do de pecho”- y sin utilizar apenas aire, lo que les permitía alcanzar notas muy elevadas y gran agilidad). Erradicada en el siglo XIX la voz de los castrati, que solían interpretar los papeles femeninos, estos pasaron a ser cantados por tenores y sopranos.

Fue el británico Alfred Deller (1912-1979) quien, hacia la década de 1940, dio sentido al tipo de voz de contratenor, dotándola de la técnica necesaria. Dos décadas más tarde, otro británico, Charles Brett (1928-2005) – con una técnica de contratenor muy perfeccionada y de voz bellísima, en absoluto amanerada- consagraría este tipo de voz, para la que, paralelamente, habían comenzado a crearse papeles ex profeso, como el compuesto por el también británico Benjamin Britten (1913-1976) en su Sueño de una noche de verano (1960), precisamente para Alfred Deller. En España hay que destacar la voz y la técnica del contratenor vasco Carlos Mena (1970), que estudió nada menos que con el belga René Jacobs (1946), artista polifacético mundialmente famoso como director de orquesta, pero que, en sus inicios, fue un excelente contratenor.

Contratenores famosos actuales son -sin que la siguiente relación pretenda ser, en absoluto, exhaustiva- el estadounidense David Daniels (1966), el alemán Andreas Scholl (1967), el citado Carlos Mena, el francés Phillipe Jaroussky (1977), quien ayer lunes deleitó al público madrileño con su interpretación de Antonio Vivaldi, o el argentino Franco Fagioli (1981).

Jaroussky ha sabido conectar con el público mundial gracias a su precioso timbre de voz plateado, su gran musicalidad, su intimista interpretación y sus dotes interpretativas. Sin embargo, el publico del Real tuvo que contentarse ayer con tan solo tres arias de Vivaldi interpretadas por Jaroussky, “Vedró con mio diletto”, de la ópera Il giustino, “Gelido in ogni vena” de Il Farnace, y “Se in ogni guardo”, de Orlando finto pazzo. El célebre contratenor ha ido adelgazando cada vez más -desde sus inicios como cantante, ciertamente reseñables- su línea de canto, utilizando cada vez menos el aire y las cuerdas vocales, como consecuencia del desplazamiento ascendente de la glotis: el resultado es un canto muy etéreo, pero poco apoyado y, en ocasiones, irregular, a semejanza de muchos niños cantores, que aún no han formado su instrumento; de indudable belleza y comunicativo, pero algo alejado de la verdadera técnica del canto.

Con Jaroussky compartieron escenario la soprano húngara Emőke Baráth, que interpretó la célebre aria de Juditha Triunpans “Armate face et anguibus”, aparte del aria “Alma oppresa da sorte crudele”, de La fida ninfa, y, “Vede orgogliosa l’onda”, de Griselda. Baráth es una soprano con una bonita voz lírico-ligera que, sin embargo, se sirve mucho de la musculatura para los papeles de extrema agilidad, como los interpretados ayer de Vivaldi. A su lado, la contralto Lucile Richardot cantó “Sovente il sole” de Andromeda Liberata, y dos arias de Ottone in villa, “Frema pur” y “Come l’onda con vorágine orrenda e profonda”. El timbre de esta contralto es de una bellísima oscuridad, casi cavernosa -muy de agradecer ante tanta voz aguda-, si bien en el recital de ayer lunes lució plano y algo carente de matices. La voz de esta cantante parece funcionar mejor en papeles de línea y cuando no intenta aplanar el vibrato natural de su voz como hizo ayer lunes.

La interpretación más encomiable de la sesión de ayer fue, sin duda, la del tenor chileno Emiliano González Toro, cuya exquisita versión de “Tu vorresti col tuo pianto”, de Griselda, arrancó la ovación del público asistente. También interpretó “Non tempesta che g’alberi sfronda”, de La fina ninfa, e “Il piacer della vendetta”, de Il giustino. González del Toro demostró que un tenor con un color lírico-spinto y con una buena técnica vocal puede interpretar como nadie papeles de coloratura.

Junto a los citados cantantes, el público valoró con un prolongado aplauso la labor del violinista Julien Chauvin al frente de la orquesta Le Concert de la Loge, agrupación fundada por él cuya primera ambición fue recrear los conciertos de la Loge Olympique, un episodio importantísimo de la vida musical francesa del siglo XVIII.

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