El español domó al argentino y solventó el encuentro con un ejercicio de solidez (6-3, 6-3 y 7-6).
Rafael Nadal se presentó en las semifinales de Roland Garros en busca de las sensaciones perdidas tras el parón provocado por el coronavirus y la decepción vivida en el Masters 1.000 de Roma (no perdía en la arcilla italiana desde 2017). Su propio entrenador, Carlos Moyá, confesó que a su ilustre pupilos le faltaban partidos para completar el estado de forma, el ritmo y la precisión que se demandan para triunfar en un Grand Slam. Para volver a lucir la versión característica del mejor deportista español de la historia.
Así, el zurdo legendario ha venido trazando una inercia impoluta en estas semanas de competición parisina. No ha cedido ni un set en su camino hasta el duelo de este viernes. Eso sí, las incógnitas se han multiplicado debido a la entidad de los oponentes a los que ha ido haciendo frente. Porque ninguno de ellos está dentro del Top-50 del mundo. La lista de derrotados por el balear es la siguiente: Yegor Guerásimov (72º del ránking ATP, primera ronda), Mackenzie McDonald (236º, segunda ronda), Stefano Travaglia (73º, tercera ronda), Sebastian Korda (205º, cuarta ronda) y Jannik Sinner (75º, cuartos de final).
La fortuna quiso, asimismo, que el primer hueso duro que se atraviesa en el intento del manacorí por granjearse su decimotercer título en la Philippe Chatrier fuera Diego Schwartzman. Se trata del tenista que le tumbó en territorio romano el pasado 19 de septiembre. El argentino, en su caso, arriba a esta altura después dejar helado a Dominic Thiem, tercer cabeza de serie. 'El Peque' derrumbó el aguante del austriaco en una batalla mental (7-6, 5-7, 6-7, 7-6 y 6-2) que le condecoró como aspirante refutado a la gloria. Así que los pronósticos se equilibraron antes de la confrontación en la primera semifinal de esta edición especial del 'major' francés.

Y la pista central se engalanó, con particular atmósfera, para acoger semejante choque. Se jugaría sobre una intensidad sobresaliente, que obligó a los tenistas a entrar en calor de inmediato. De hecho, los cinco primeros juegos vieron pelotas de rotura, confirmándose tres breaks. Se buscaban el revés, cambiando la altura del golpeo y alternando ataques punzantes con defensas pegajosas. En ese guión tan exigente, desde el primer pestañeo, Nadal resolvió mejor los puntos relevantes y se escapó 4-1. Con la belleza de los peloteos dibujando ángulos imposibles.
Tardó 45 minutos el duodécimo cabeza de serie en ganar su primer turno de saque, pero se mantuvo siempre metido en dinámica, exprimiendo el físico del español. En cambio, el manacorí no cedió ante la presión ajena y al fin impuso su servicio con solvencia, para cerrar el set con un 6-3 algo engañoso. Los únicos parámetros que distanciaban a los dos competidores eran el manejo del segundo saque, la efectividad en el aprovechamiento de las bolas de rotura y el ratio de winners (16-6). Todos ellos subrayaban la concentración del balear.
Con juegos que se estiraban por encima de los ocho minutos, quedó constatado que los intercambios largos favorecían al argentino y en el libreto más directo mandaba el isleño. Sea como fuere, se estaba desarrollando un envite de especialistas en tierra de primer orden. Y Schwartzman quiso reaccionar con personalidad: abrió la segunda manga con un juego en blanco y aceleró el compás. Mas, se topó con la solidez eléctrica de Nadal, que se adaptó, le devolvió el 40-0 y le encajó un break para irse hasta el 1-3. 'El Peque' se aferraba, rebelde, con golpes sublimes -un passing paralelo para el recuerdo, por ejemplo- y levantando un 0-40.
Había igualado todos los matices deficitarios, aunque la superioridad y comodidad de Rafael no aflojarían. Derechas venenosas y dejadas sedosas incluidas. Otro break zanjaría el segundo parcial con un 6-3 que encarrilaba el viaje hacia la final. Se habían acortado los puntos y los juegos, pero el manacorí limitó sus errores y controló su saque para no ofrecer ninguna oportunidad de rotura. En el otro lado de la red, el bonaerense había dibujado ciertos vaivenes en su lectura del tempo y se descubrió obligado a remontarse dos sets al patrón absoluto del tenis en Francia.
Nadal mejoró de forma progresiva su rating de primeros saques y el latinoamericano no alcanzó a seguirle en ese carril. Las defensas del balear convirtieron cada intento por ganar un juego del argentino en un derroche muy trabajoso. Ese muro, con el isleño cada vez más metido en pista, erosionó la seguridad de su contrincante hasta desembocar en una bajada de intensidad mental que desniveló el ajedrez. Las imprecisiones de 'El Peque' se expandieron por la cancha y dos breaks en blanco confirmaron el descarrilar de Schwartzman (3-1 y 4-2), si bien éste, orgulloso, recuperaría sendas rotura de inmediato.
Moriría de pie Diego, tres horas y 9 minutos mediante. Sin margen de maniobra arriesgó, apretó y sacó su tenis más agresivo. Forzando al límite a Nadal y anhelando ganar el tercer set en el tie-break para comenzar la hipotética remontada. Asomaba un mayor fuelle del bonaerense. Sin embargo, el ganador de 19 Grand Slams, que nunca relajó el rigor, aguantó y se escapó en dirección a la Copa de los Mosqueteros (7-6). La ejecución y cuidado del servicio, el tino en los momentos clave y la relación de winners (24-38) dieron la razón al español.