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Novela

Vanessa Springora: El consentimiento

martes 27 de octubre de 2020, 13:04h

Traducción de Noemí Sobregués. Lumen. Barcelona, 2020. 200 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 8, 99 €. Valiente, sincero y necesario testimonio en el que su autora relata su relación con el escritor pedófilo Gabriel Matzneff, encumbrado a los altares literarios en Francia, cuando este la sedujo a los trece años. Por Adrián Sanmartín

Vanessa Springora: El consentimiento

En los años finales de los setenta, y en los ochenta y noventa del pasado siglo, Gabriel Matzneff (Neuilly-sur-Seine 1936) -nacido en el seno de una familia rusa emigrada a Francia-, era una de las más rutilantes figuras del panorama literario francés. El escritor galo recibía el aplauso de colegas y medios de comunicación, e incluso de políticos - François Mitterrand le invitó al Eliseo y Jacques Chirac le concedió la condecoración de Oficial de Honor de las Artes y las Letras-, junto al favor de los lectores. El influyente crítico Bernard Pivot le llevó a su célebre e influyente programa televisivo Apostrophes. Autor de más de una cincuentena de libros, se alzó con numerosos premios, entre otros el Amic, el de la Academia francesa y el Renaudot, y colaboró con algunos de los más prestigiosos periódicos y revistas de su país. Posteriormente, su nombre pareció eclipsarse. Ahora ha vuelto pero se le considera de muy diferente manera. Ahora Gabriel Matzneff está en el ojo del huracán.

El motivo de ese giro de noventa grados en la consideración de Matzneff es que la editora Vanessa Springora ha debutado en la literatura con un libro de carácter autobiográfico en el que relata su relación con Matzneff, al que conoció cuando tenía trece años y el escritor más de cincuenta. Al publicarse El consentimiento en Francia provocó un auténtico terremoto y no pocos entonaron un mea culpa por haber encumbrado a un Matzneff declaradamente pedófilo. Y se revisa y recuerda, por ejemplo, que en la emisión de Apostrophes, Matzneff se recreó en contar cómo seducía a los niños, en medio de la complacencia general, pues solo la escritora canadiense Denise Bombardier denunció su pederastia. Una pederastia que él no sólo no ocultaba, sino que se vanagloriaba de ella. En sus libros detalla pormenorizadamente sus encuentros sexuales con niñas y niños y dio a la imprenta Les moins de seize ans (Los menores de dieciséis años), en el que defiende y justifica las relaciones con menores.

Desde ese momento en el que Matzneff sedujó a Vanessa Springora han pasado muchas décadas. Pero únicamente el paso del tiempo le ha permitido afrontar ese episodio de su vida que la arrastró a una espiral de autodestrucción del que afortunadamente pudo salir en buena medida gracias a la escritura: “Llevo muchos años dando vueltas en mi jaula, albergando sueños de asesinato y venganza. Hasta el día en que la solución se presenta ante mis ojos como una evidencia. Atrapar al cazador en su propia trampa, encerrarlo n un libro”, y explica: “Escribir suponía volver a ser el sujeto de mi propia historia. Una historia que me habían confiscado hacía demasiado tiempo”.

El libro de Vanessa Springora es un valiente, necesario, testimonio repleto de valentía y sinceridad. No se regodea en absoluto en el victimismo. Analiza con lucidez cómo cayó en las garras del depredador sexual, con un padre huido al que nada le importaba: “Estoy enamorada y me siento querida como nunca antes. Y eso basta para borrar toda aspereza, para suspender todo juicio sobre nuestra relación”, y el proceso por el que pasó hasta su liberación. Impactante, entre otros aspectos, resulta la complacencia de su entorno ante la relación, especialmente la indiferencia de su madre, cuando no aplauso, frente al pedófilo. Y produce asco la reacción del intelectual Emil Cioran cuando Vanessa va a pedirle ayuda: “G es un artista, un grandísimo escritor. Usted lo ama y debe aceptar su personalidad. G nunca cambiará. Es un inmenso honor que la haya elegido. Su papel es acompañarlo en el camino de la creación, y también doblegarse a sus caprichos”.

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