Con un creciente asombro, hasta quedarme en algunos momentos totalmente atónito y deslumbrado, estoy observando lo que está pasando, no sólo en España, donde la izquierda social-comunista está asaltando las instituciones básicas del sistema democrático, sino, con una especial preocupación, lo que está sucediendo en los EE.UU en plena campaña electoral a la presidencia del país más poderoso del planeta.
Jamás he podido imaginar, que después de los cuatro decenios de mi vida en la España libre y democrática – al volver con mis padres en 1977 del exilio en la Unión Soviética, un país socialista totalitario – presenciaría en estos últimos años la deriva española justamente hacia un sistema del que he tenido suerte de escapar.
Me asombra enormemente que una gran parte de los españoles no sabe valorar las conquistas democráticas que se ha conseguido en España después de cuatro decenios de una dictadura, que fue una consecuencia directa de la guerra civil.
No puedo entender, que tantos ciudadanos españoles están dispuestos libre y voluntariamente someterse a la instalación en España de la otra dictadura, la comunista, más feroz y despiadada aún. Y no lo entiendo, quizá porque la he vivido unos 33 largos años y la conozco demasiado bien, por lo que no deseo a nadie repetir esta experiencia totalitaria.
Desgraciadamente, no sólo en España, pero en ella especialmente, no se ha dado un juicio objetivo y verídico a los crímenes cometidos en nombre del comunismo en todos los países del mundo, donde esta ideología había triunfado en determinados momentos de la historia moderna. No hubo un “Nuremberg” del comunismo, como el que se había celebrado en contra del fascismo, y por tanto el virus comunista sigue campando a sus anchas por todo el mundo, corroyendo los sistemas democráticos más avanzados.
Ha llegado este “covid” ideológico del siglo 20 a contagiar hoy incluso al país, que hasta ahora había sido un ejemplo de la democracia, de derechos humanos, de economía libre, del respeto a la propiedad y a la empresa privada, a la separación de poderes públicos, a la libertad de expresión y del culto, así como y a otras libertades políticas, sociales, étnicas y culturales.
Y, de repente, estoy viendo como todo este sistema “ejemplar” de valores democráticos se empieza a ponerse en duda y hasta al rechazo en la propia Ciudadela de la democracia mundial. Por un partido, que se denomina precisamente como el “Demócrata”. Más cinismo y sarcasmo casi imposible.
Un partido que está apoyando a las revueltas y saqueos que provocan las bandas antisistema, sembrando el terror y matando a los policías, no sólo blancos, sino también a los negros.
Un partido que está promoviendo el establecimiento en el país, que ha combatido y vencido el racismo blanco, de un nuevo racismo – el negro.
Un partido que está intentando crear entre la mayoría “blanca” norteamericana el sentimiento de la culpabilidad ante la minoría “negra” por la esclavitud que tuvo lugar en los Estados Unidos en los siglos pasados, abolida, sea dicho de paso, hace más del siglo y medio, precisamente, cuando unos blancos luchaban contra otros blancos en una sangrienta guerra civil por los derechos de los negros.
Y han ganado esta batalla con las numerosas víctimas “blancas”. Para que hoy estos ignorantes y violentos crimínales descendientes de aquellos “esclavos”, estuvieran destruyendo los monumentos a los grandes líderes “blancos” que encabezaron aquella lucha por las verdaderas igualdades en la verdadera América Democrática: Washington, Lincoln y muchos otros.
Desgraciadamente, los “demócratas” de hoy, todos estos Clinton, Obama, Pelosi, Baiden, Harris (la candidata a la Vicepresidenta del país) están apoyando a estas verdaderas bandas que atentan contra el sistema democrático estadounidense, que ha convertido a sus antepasados y a ellos mismos en unos ciudadanos libres de un gran país más respetado en el mundo.
Para el colmo, todos estos “demócratas” de pacotilla no sólo no se ponen en contra de estos talibanes norteamericanos, sino en su locura política, perdedores en las anteriores elecciones presidenciales y temerosos de perder también las actuales, llegan a las propuestas más absurdas y discriminatorias jamás vistas: a compensar a toda la población negra de América, con una fabulosa suma de 15 y más trillones de dólares por la esclavitud que existía en el país hace 155 años. Un verdadero delirio.
Y si fuera poco, asumen plenamente otros delirios políticos, los del neo-socialista Sanders – que ha prestado sus votos a los candidatos “demócratas” contra de los “republicanos” – cuyo objetivo es girar a los Estados Unidos de América, un país libre y democrático, hacia el sistema pro socialista, una especie de la URSS (Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas), quizá bajo el nombre nuevo de la “Unión de los Estados Socialistas de América”, cuya abreviatura en inglés he puesto como el título de este artículo.
Este “renovado” Partido Demócrata norteamericano no sólo pretende arrebatar la presidencia del país al candidato republicano y actual Presidente, Donald Trump, sino estaría dispuesto a dar un golpe de estado, según los comentarios en la prensa americana, si el contrincante no gana por la mayoría abrumadora.
Estoy convencido de que si Trump no gana estas elecciones presidenciales, un Trump que defiende los valores de la América de siempre, los de la democracia, de la economía libre de mercado, del apoyo a los emprendedores y trabajadores de cualquier color de la piel (convirtió a los EE.UU en un país con los menores índices del paro del mundo occidental), quien se postula en contra del globalismo y el monopolismo desmesurado que llevan al mayor empobrecimiento de la población mundial, si Trump pierde, vamos a presenciar y sufrir una degradación de la democracia y de las libertades a nivel planetario hacia el socialismo y el totalitarismo racial, peor que el totalitarismo soviético, ya que aquel, por lo menos, fue el “internacionalista”, sin diferenciar los colores de la piel de la gente que creía en el Comunismo.
Espero, que Trump gane estas elecciones y con suficiente contundencia. Creo en la América profunda, trabajadora, conservadora de los mejores valores democráticos de su patria. Deseo que gane el sentido común y la razón del ciudadano “medio” norteamericano ante el delirio de la cúpula del Partido Demócrata, ansiosa del poder a cualquier precio. Algo de que ya estamos sufriendo en España.
En los años 50 del siglo pasado, ya ha habido el intento de asaltar la democracia norteamericana por las fuertes corrientes comunistas que habían penetrado en todo el tejido político y social de la sociedad americana de entonces, bajo la influencia, en gran medida, del modelo comunista de la Unión Soviética. Pero las fuerzas constructivas y democráticas norteamericanas han podido superar aquel virus comunista. Espero que esta vez también lo consigan.
Se quedan muy pocos días para que conozcamos el próximo destino del mundo libre. ¡Que Dios salve a América! Y también a nosotros.