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Ensayo

Juan Francisco Fuentes: 23 febrero 1981

domingo 08 de noviembre de 2020, 19:23h
Juan Francisco Fuentes: 23 febrero 1981

Taurus. Barcelona, 2020. 240 páginas. 16’90 €. Libro electrónico: 7,99 €.

Por Carlos Abella

La editorial Taurus, con muy buen criterio, ha publicado una colección de libros sobre fechas emblemáticas de la historia de España y ha encargado a distintos autores la narración de los principales ingredientes y acontecimientos relacionados con ellas. Era inevitable que, entre ellas, figurara el 23 de febrero de 1981, porque sobre su preparación, el clima previo, su ejecución, su resultado y sus consecuencias, se han escrito cientos de libros.

Juan Francisco Fuentes, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, tiene acreditada trayectoria profesional para haber asumido la narración de lo ocurrido el 23 F y para incardinarlo con la prolífica tradición de pronunciamientos militares de la historia de España y sacar del mismo las pertinentes consecuencias. Y una de las primeras, es que el 23 de Febrero de1981 es un día decisivo en la historia de España, porque pudo haber acabado con la democracia instaurada tras la muerte de Franco y porque fue el último golpe de Estado de nuestro devenir histórico.

Fuentes reconstruye el golpe de Estado del 23 F y repasa los prolegómenos del golpe, lo que sucedió en el Congreso, el protagonismo principal de Juan Carlos I como defensor del orden constitucional, las consecuencias de la intentona de Tejero y compañía y las teorías de la conspiración que se han ido gestando en las últimas cuatro décadas. No hay en él sorpresas fruto de nuevas investigaciones ni de revelaciones de protagonistas y en este sentido, el libro es una guía suficiente y bien narrada para los que no conocieron ese tiempo y lo que ocurrió, perfil al que creo va dirigido este volumen y esta colección, en la que se ha publicado.

Ahora bien, para quienes como yo mismo, vivió aquel episodio y sobre todo en primera fila el juicio del 23 F , y como autor de una biografia sobre el presidente Adolfo Suárez, me resulta difícil de obviar un inconveniente que el libro padece y es que el autor no se libra con decisión de los reiterados y acreditados testimonios que el propio general Alfonso Armada le hizo en su momento, bien en una entrevista personal, bien a través de la correspondencia que Fuentes exhibe en numerosas citas de autoridad y notas al final de cada capítulo. Y así, ya en el prólogo, (página 14), sorprende que Fuentes escriba este párrafo: «La dificultad de explicar ciertos protagonismos individuales alcanza su cota máxima en el caso del general Armada condenado a treinta años de prisión por su participación en el golpe”. En una carta dirigida al autor de este libro, Armada aseguraba haber informado a Gutiérrez Mellado, pocos días antes del 23 F de la “posibilidad y para mi certeza de un próximo golpe militar violento”. La frase aclara lo que el mismo desliza enigmáticamente en su libro Al servicio de la Corona sobre la reunión que mantuvo con Gutiérrez Mellado el vienes 13 de febrero a las 12’30h: “Le informé del ambiente en el Ejército y de cuanto sabia”. No dice nada más, pero en la citada carta, y antes en una conversación con el autor, insistió en que hizo todo lo que pudo por evitar aquel atentado contra la legalidad y por reconducirlo de la mejor manera posible en cuanto se produjo. Lo cierto es que su actuación tanto el 23- F como en las semanas anteriores en las que se habló de un próximo Gobierno presidido por Armada, sigue plagada de lagunas y de contradicciones difíciles de justificar».

Yo pregunto. ¿Lagunas? Qué contradicciones? ¿Le informó a Gutiérrez Mellado de su reunión del 22 de octubre de 1980 con Enrique Múgica y Joan Raventós en Lérida?, ¿de su visita al general Milans del Bosch en Valencia el 17 de noviembre de 1980? ¿Le informó de su encuentro en la estación de Baqueria Beret con Su Majestad el 3 de enero de 1981? ¿De su nuevo encuentro con Milans en Valencia el 10 de enero de 1981? ¿Qué hacía Armada moviéndose por España y hablando con los que claramente estaban preparando el golpe? El autor matiza algo esta duda y esta versión cuando en la página 71 aclara que “Armada, a instancias del Rey informó al vicepresidente Gutiérrez Mellado de la preocupante situación militar. El vicepresidente del Gobierno se preció de tener mejor información que la suya y le ordenó, en un tono imperativo, que dejara de intoxicar al Rey con su alarmismo”.

Este testimonio inicial condiciona la credibilidad del lector, pese a que en el resto de las 200 páginas se acredita que Armada manipuló, mintió a todos y a cada uno de los protagonistas de la noche del 23 F como se probó en el juicio y ya en otros muchos testimonios bibliográficos. ¿A qué viene entonces ofrecer la confidencia de Armada al autor como factor de duda? Y sorprende aún más cuando el autor sigue durante el relato de los hechos las líneas generales de lo acreditado en el juicio y en la sentencia del mismo y en la que se acreditó que Armada fue el “cerebro” del golpe. Es por ello absurda su mención en una página tan inicial del libro, porque ese testimonio solo puede querer sembrar ciertas dudas - en favor - de la conducta del general Armada.

Sabemos desde entonces y el autor no lo oculta, lo que en página 117 confirma que “en seguida se vio que la información que manejaba Armada sobre el presunto apoyo a Milans carecía de base real y que el 2ª JEME (Jefe de Estado Mayor) (Armada) venia actuando por libre sin atender las órdenes que habia recibido”. Y sabemos, y asi lo relata el autor que en una posterior entrevista con el propio Sabino Fernández Campo le anuncia que a petición de Tejero -¿por qué querría Tejero entrevistarse con él?- va a ir al Congreso para conseguir su rendición, y éste le pide que vaya a título personal y que le dé su palabra de que dejara al Rey al margen. (Página 116).

Fuentes se ciñe al relato ya considerado histórico y por tanto esa aparente disculpa del papel de Armada no resulta anecdótica sino fruto de una debilidad como cuando en la página 150 escribe: “En el juicio, Armada sufrió interrogatorios despiadados, campañas de prensa, insultos de todo tipo y un vacío ostensible por parte de los conmilitones encausados, que veían en él la tabla de salvación”. El adjetivo “despiadados” resulta cuando menos exagerado para aludir a la insistencia tanto del fiscal como de los abogados porque admitiera los hechos probados. Con razón, el Gobierno democrático del presidente Leopoldo Calvo Sotelo recurrió la inicial condena del Tribunal Militar a Armada a solo seis años, que finalmente el Tribunal Supremo elevó a treinta años.

Fuentes justifica con acierto el subtítulo del libro El golpe que acabó con todos los golpes porque concluye que justamente el fracaso de los inspiradores y ejecutores fue el que logró la consolidación de la figura del Rey Juan Carlos y de la Monarquía parlamentaria como instituciones de sólido pedigrí democrático. Y además de ello, el autor escribe en su epílogo una conclusión relevante cual es que la vacuna que el fracasado golpe provocó en el estamento militar, junto con el ingreso en la OTAN, y otra menos grata, y es que la tesis partidaria del aliento del 23-F por parte del Rey Juan Carlos ha migrado -para desgracia de nuestro país- de la extrema derecha a la extrema izquierda, como consecuencia de la irrupción en los años dos mil de los partidarios del movimiento 15 M constituidos posteriormente en torno al grupo político Podemos.

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