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Novela

Clara Tahoces: El jardín de las brujas

domingo 08 de noviembre de 2020, 19:27h
Clara Tahoces: El jardín de las brujas

Ediciones B. Barcelona, 2020. 384 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 8, 99 €.

Por Soledad Garaizábal

La historia del arte habla, y una meticulosa tarea de documentación puede hacer que algunas obras maestras desvelen grandes secretos. Hay seis pequeños lienzos de Francisco de Goya que perturbarán al espectador eternamente y cuyo misterio, por muchos estudios que se hagan sobre ellos, no acabará nunca de despejarse. Fueron pintados entre 1797 y 1798. Representan aquelarres y otras escenas de brujería. Están llenos de simbología mágica, de machos cabríos, de ritos extraños y pactos con el diablo. Se les conoce como los “Asuntos de brujas” y fueron concebidos para decorar las estancias privadas de la IX duquesa de Osuna, doña María Josefa Alonso Pimentel, en su finca de las afueras de Madrid, “El Capricho”, un enigmático, asombroso y calculado lugar, disfrutado como casa de campo y proyectado como un refugio mágico contra el infortunio.

Lo que estos cuadros dicen sobre la época en la que fueron pintados supera la trama de cualquier novela. Bucear en su significado, rastrear toda la documentación disponible e indagar en el momento en el que Goya y la IX duquesa de Osuna cruzaron sus vidas, descubriendo en las artes ocultas intereses comunes, es el magnífico punto de partida escogido por Clara Tahoces para iniciar un trayecto asombroso hacia las luces y las sombras de los últimos años del siglo XVIII.

Clara Tahoces Escrivá de Romaní, famosa reportera y redactora del programa de televisión Cuarto Milenio, con más de veinticinco años de experiencia investigando misterios y autora de catorce libros sobre fenómenos insólitos o paranormales, es además descendiente directa de los duques de Osuna. Comparte con su antepasada María Josefa Alonso una curiosidad irrefrenable por lo desconocido y una gran afición por lo sobrenatural. Ha conseguido con su última novela, El jardín de las brujas, escribir una obra que capta el interés da lectores de muy distinto perfil intelectual y, tal vez, dar con la fórmula mágica del boom editorial. Desde su infancia ha tenido acceso directo a leyendas, obras de arte, historias ligadas a la vida de sus antepasados. Dice conocer también el peso de la desgracia, de la maldición que durante generaciones parecieron arrastrar los Osuna, asediados por la muerte temprana de su descendencia.

Cuando un Goya ya enfermo, torturado por extraños sueños y amenazado por la incipiente sordera recibe el encargo de pintar estos enigmáticos cuadros, Europa entera ha vivido terroríficos episodios de cazas de brujas. La Inquisición prohibía ciertos libros, castigaba determinados actos y ejecutaba procesos como el de las brujas de Zugarramurdi. La luz de la razón se abría paso tras siglos de oscurantismo, pero muchos ámbitos seguían ocultos tras densas tinieblas. La culta duquesa, sin embargo, no despreciaba ninguna rama del saber, ni siquiera lo que las ciencias ocultas pudieran enseñarle. Encarga al genial pintor los seis cuadros de tenebroso asunto y los hace colocar en su habitación, para disfrutar de ellos en la privacidad de sus aposentos.

La historia merece ser contada. Las figuras reales de sus protagonistas parecen superar cualquier personaje de ficción. Misterio y realidad se conjugan en El jardín de las brujas para sumergir al lector en los tiempos de Carlos IV y hacerle disfrutar de la magia de lo enigmático.

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