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Novela

Mary Karr: La flor

domingo 08 de noviembre de 2020, 19:34h
Mary Karr: La flor

Traducción de Regina López Muñoz. Periférica & Errata naturae. Madrid, 2020. 440 páginas. 23 €.

Por Luisa Martínez

El pasado año dábamos cuenta en estas mismas páginas de Iluminada, la tercera entrega de las memorias noveladas de Mary Karr (Groves, Texas, 1955) que forma, junto con El club de los mentirosos y La flor, una magnífica trilogía -puede leerse cada título de forma independiente-, que revolucionó el memorialismo, consiguió miles y miles de lectores, así como excelentes críticas, como la de su compatriota Joyce Carol Oates, quien precisamente sobre La flor señaló: “Un libro de memorias perfecto, una narración desbordante de humor y lirismo sobre la adolescencia de una joven brillante en Estados Unidos en los años setenta”.

La escritora norteamericana, hoy colabora en diferentes medios, como el New Yorker e imparte clases de Literatura en la Universidad de Siracusa, nos relata a corazón abierto su complicada existencia y no tiene contemplaciones para nadie de su entorno, empezando por ella misma. Periférica y Errata naturae han unido sus fuerzas para poner al alcance de los lectores españoles los tres volúmenes que se leen como una apasionante novela. Mary Karr muestra una gran capacidad para sumergirnos en su vida y darnos una precisa idea de los personajes que la marcaron. Los primeros sus padres, no precisamente ejemplares.

En El Club de los mentirosos, Mary Karr abordaba su espeluznante infancia con unos padres alcohólicos -adicción que ella heredó-, y momentos especialmente duros como cuando su madre, siempre con la amenaza de abandonar a la familia y aquejada de brotes psicóticos, intentó matarla. Y en Iluminada se centra en su madurez. Para completar el acceso a la trilogía, nos llega ahora La flor, donde el eje es su periodo de adolescencia y juventud, aunque, como resulta inevitable en las tres entregas haya referencias a distintas etapas.

La adolescencia es un momento de vital importancia en la formación de la personalidad. Una etapa de búsqueda e inseguridades, que Mary Karr describe muy bien. Escrita en segunda persona, lo que le proporciona un distanciamiento que resulta sumamente eficaz, la autora desgrana su cotidianidad, sus relaciones de amistad y su iniciación al sexo –“La lustrosa calidez de su cuerpo contra el tuyo es como beber un trago largo de algo que has deseado toda la vida”-, y su viaje a California en compañía de un grupo de surferos, que proclaman en una pegatina de su furgoneta: “Sexo, drogas y rock´n´roll”.

Pero, por encima de esa tríada, hay algo que resulta decisivo para Mary Karr: su encuentro con la literatura y sus no pocas veces lecturas compulsivas, que le ayudan a evadirse de una angustiosa realidad, a la vez que a descubrirse y descubrir el mundo: “Leí Matar a un ruiseñor tres veces en una semana; lo cerraba después de la última página y volvía a abrirlo por la primera hasta que las cubiertas se despegaron y tuve que ponerles cinta de pintor [...] En segundo o tercero habíamos visto la película basada en la novela, y siempre superponía mi cara a la de la traviesa Scout, al tiempo que me atribuía la marcada voluntad del joven Gregory Peck, que interpretaba a su padre. Dentro de aquella historia era capaz de olvidarme de mi misma”.

La flor, y en general la trilogía memorialística de Mary Kerr, encierra páginas duras, pero, no es desesperanzadora. Demuestra que, finalmente, más allá de adversidades, el destino está en nuestras manos.

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