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ESCRITO AL RASO

El arrebato transatlántico

David Felipe Arranz
lunes 09 de noviembre de 2020, 20:14h
Actualizado el: 11/10/2020 09:08h

En España gozamos de siglos de Santo Oficio, es una tradición y siempre un gran inquisidor nos dice lo que tenemos que hacer, como confinarnos, por ejemplo: solo que el inquisidor de turno se puede ir a la fiesta institucional para salir en la foto y sin mascarilla. Estos ires y venires los van justificando los oligarcas de la España pandémica por mor del servicio a la ciudadanía, que incluye el oficio de canapera, que es uno de los más viejos del mundo. Como el de la prostitución o el de la política. Así que nos acostamos ayer antiimperialistas y nos levantamos hoy reeditando el pacto de la OTAN, porque aquí se habla y se piensa a braga quitada, y no nos referimos a ningún ministerio –en eso del quita y pon de la ropa interior–, no sean malpensados.

Mientras el todavía presidente de los Estados Unidos, el juvenil Donald Trump, digiere malamente su derrota jugando al golf en Virginia, el electo y lozano Joe Biden anuncia que su mandato será más social, más igualitario, más cuidadoso con las minorías, más verde que te quiero verde, y con más vocación internacionalista. La política estadounidense: esa juventud, esa savia nueva... Así que ha montado un equipo, al que ha bautizado como Transition46 y que se va a ocupar de combatir el coronavirus, la recesión, el cambio climático y el racismo crónico del país. Y en la Moncloa ya andan como locos promoviendo otro plan, “Espacio Transatlántico”, a partir de la cooperación en materia de defensa y con una Estrategia de Acción Exterior 2020-2023… con la interior hecha unos zorros. Y Sánchez mira hacia afuera porque dice ese borrador que han preparado que somos “una potencia media relevante”, un guiño urgente a Biden y a su vicepresidenta Harris, con el sillón de la Casa Blanca aún caliente. Venezuela y Cuba curiosamente no aparecen apenas en la agenda de este plan con miras a Latinoamérica, orientado a sacarnos de pobres con respecto a “atraer actividades de mayor valor añadido”, según reza la jerigonza ministerial. España se ha levantado demócrata y vamos a rebufo del trasatlántico estadounidense, porque dice la ministra de exteriores que debemos dejar atrás la “eurobeatería” y el “seguidismo” del eje francoalemán de las últimas décadas, y que nos olvidemos un poco de París y Berlín, que Kamala es más guapa y vivaracha, estilo hollywoodense a lo Sidney Poitier o Barack Obama, hace mejor sonrisa que la Merkel, que es una señora muy canciller y muy demócrata-cristiana; muy siesa, en definitiva, para lo que pide ahora la nueva normalidad de Sánchez.

Mientras se proclama el fin de los populismos “trumpistas” y la “happiness of living” de la alegre Norteamérica demócrata, en las Españas peninsulares se aplican nuevas inquisiciones, con supervisión del Estado de lo que se dice, se escribe y se comunica, sin mucho que decir en ese nuevo Comité contra la Desinformación por parte de la representación de los medios y de la sociedad civil, que sería lo deseable según juristas y expertos. En cambio, serán el Consejo de Seguridad Nacional, el Comité de Situación, la Secretaría de Estado de Comunicación y la Comisión Permanente, los que digan lo que es y no es verdad. La España de Sánchez está haciendo creer a las gentes que eso es lo prioritario en la agenda, quiero decir que hemos visto cortinas de humo más disimuladas y elegantes, en las que las prioridades parecían talmente prioridades, y las preocupaciones aparentaban ser más españolas que la Virgen del Pilar, como el paro o la corrupción política. Esto es la literatura de la berza, cocinada por el Ejecutivo siguiendo receta de la European Democracy Action Plan, ahora que se nos han acabado los argumentos del estado del bienestar, cuando el bienestar era, ay, un estado.

Por eso la ministra González Laya está tan suelta y audaz con Macron, se ha venido arriba con los “winners” del otro lado del Atlántico, le ha sobrevenido un tirón patriotero washingtoniano, y ha maquetado un “power point” urgente y ambiguo en el que hasta se reafirma el devoto compromiso con la Alianza Atlántica y de colaboración militar, póngame a los pies de su señora, a ver si cantando el “God Bless America” nos hacen un poco de caso. Porque de esto al atlantismo imperialista de Josemari hay un paso: el Zapatero reeditado en la pandemia ya se levanta a besar la bandera de las barras y estrellas. “La indefinición del momento abre nuevas ventanas de oportunidad”, reza sin tapujos el documento ministerial, y ese bien podría ser el lema de Sánchez en esta pandemia: a río revuelto, ganancia de pescadores. Es que aquí somos más de arrebato y de lentejas con chorizo, ministra. Sobre todo con mucho, mucho chorizo.

Twitter: @dfarranz

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