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EL TEATRO EN EL IMPARCIAL

Emilia, de Noelia Adánez: La vocación de la mujer y sus agravios

miércoles 25 de noviembre de 2020, 11:33h

Pilar Gómez encarna con brillantez en este monólogo a una Emilia Pardo Bazán vital y fresca, insolente sin groserías, en un montaje exitoso que ahora recupera el madrileño Teatro del Barrio.

Emilia, de Noelia Adánez: La vocación de la mujer y sus agravios
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Emilia, de Noelia Adánez

Directora de escena: Anna R. Costa

Intérprete: Pilar Gómez

Lugar de representación: Teatro del Barrio (Madrid)

Retorna con éxito al escenario donde nació hace poco más de tres años, Emilia, entrega inicial del proyecto Mujeres que se atreven, bajo el auspicio del Teatro del Barrio. Este sencillo título apela a la figura célebre de Emilia Pardo Bazán, que revive sobre las tablas para reivindicarse frente a aquellos que la desdeñaron o intentaron maniatarla como mujer e intelectual en una España de cerrada mentalidad patriarcal. Las creaciones de la escritora gallega, y muy señaladamente sus novelas, cuentos y ensayos, se abrieron paso por sí mismas hasta obtener un aplauso público entre los lectores de su época. Pero ese reconocimiento no se produjo nunca desde esferas institucionales. La autora del texto, Noelia Adánez, socióloga e historiadora, se ha basado en las propias reflexiones que Pardo Bazán dejó escritas en artículos y ensayos, así como en su propia correspondencia privada, sobre ese desdén institucional hacia una creadora eminente, como ejemplo muy significativo del menosprecio generalizado hacia la mujer en cuanto tratara de escapar de su papel maternal o ángel del hogar.

El monólogo de doña Emilia se inicia así con una invectiva directa contra la institución que más la desairó con plena conciencia de su valía como creadora: la Real Academia Española (RAE). Los espectadores en la sala ocupan el lugar de los académicos, y contra ellos arremete sin pelos en la lengua después de ver rechazada la candidatura que propuso para Concepción Arenal, y sus propias candidaturas de forma sucesiva en 1889, 1892 y 1912 -fechas en las que ya era una personalidad de renombre internacional-, basándose solo en criterios sexistas. Fenómeno sin duda hiriente y llamativo cuando algunos de sus más ilustres representantes como Marcelino Menéndez Pelayo, Juan Valera o Leopoldo Alas, habían mostrado admiración y mantenido una sana amistad social con ella, a la vez que se negaban en redondo a aceptarla en ese plano institucional. En ocasiones con una grosería lamentable, ante la insistencia sin timideces de Pardo Bazán. Leopoldo Alas, “Clarín”, la calificó de “marimacho” en público y de “puta” en privado, así como Varela había alegado que el trasero de la gran autora era tan voluminoso que no le bastaba una sola silla. Sorprende en algunas de las mentalidades más abiertas y liberales de la época. Con las más ultraconservadores, como el padre Coloma o José María Pereda, ya había ajustado cuentas en textos como Una cristiana o La prueba.

La figura histórica de Pardo Bazán jamás se arredró ante esta muralla de prohombres insignes, lo que le permite a Noelia Adánez situarla frente a ellos, señalarlos, interpelarlos, aleccionarlos, al tiempo que arranca las máscaras de sus prejuicios. Demuestra que es rechazada solo por ser mujer, rebate que deban existir dos morales distintas, una para la mujer y otra para el hombre, acusa a la enseñanza femenina de ser únicamente una doma para lograr su pasividad y sumisión, reclama su derecho a llevar a cabo su proyecto vital a la vez que denuncia la violencia criminal contra las mujeres. De esta briosa vindicación, solo se salva Benito Pérez Galdós. En parte porque Galdós compartía con ella de forma plena ese ideario. Y también porque el autor de Fortunata y Jacinta era el único hombre que la había respetado como mujer y como creadora, propiciando una larguísima relación amorosa, entrecruzada, es cierto, con permanentes infidelidades del uno y la otra. De ahí que Emilia repita constantemente la frase: “Un monumento te pondría yo a ti”, hasta convertirla en un leitmotiv que alcanza el grado de símbolo en los últimos compases de la pieza.

Tanto la autora del texto, Noelia Adánez, como la directora de escena, han optado montar Emilia sobre las premisas de la dramaturgia de Jacques Copeau, despojando el espacio escénico de cualquier tramoya, maquinaria o decorado que pudiera distraer la atención de los sentimientos, ideas y acciones de su personaje. Al hilo de esa dramaturgia, solo el vestuario de Emilia nos sitúa por sí mismo en una época, en una clase social y en un contexto ideológico percibidos con un único golpe de vista. Este “teatro desnudo” había sido propugnado, antes de Copeau, por Miguel de Unamuno, pero esta Emilia escapa a las propuestas unamunianas porque elude por completo una de sus premisas: mostrar los conflictos del personaje consigo mismo, sus combates interiores, sus incertidumbres y contradicciones.

No cabe duda de que la autora ha querido trasmitir una fortaleza inquebrantable a su Pardo Bazán, presentándola de una sola pieza, firme, monolítica. Pero cabe plantearse: ¿no podría adquirir mayor brío y vigor si sus convicciones nacieran de una lucha interna, o fueran el triunfo tras batallas íntimas? Material biográfico no falta. Por ejemplo, el que tomó de La esclavitud femenina, de John Stuart Mill, que la propia doña Emilia tradujo al español, entraba en franco choque con sus principios carlistas, lo que debió producir en ellas no pocas deliberaciones en el fondo de su mente. O bien, el convencimiento sobre su derecho a realizar su propio proyecto vital tuvo un enorme aval en la educación que le diese su padre, José Pardo Bazán, quien a su vez se distinguió en el Parlamento por su defensa de la Iglesia católica, hasta el punto de que el título nobiliario de “conde” -después “condesa” en su hija-, le fue concedido precisamente por la Santa Sede del siglo XIX, nada proclive a reconocer derechos igualitarios de la mujer. Esa profunda colisión del feminismo frente al carlismo y catolicismo en la condesa de Pardo Bazán sería fuente cuanto menos de hondas reflexiones mentales, si no de contradicciones vitales que no pudo eludir antes de superarlas. Otras heridas, como el sangriento asesinato de su abuela materna por parte de su antepasado, del que nos habla la biógrafa Inés Alberdi, o bien, en otro orden de cosas, la forma en la que novelizó Galdós la infidelidad de doña Emilia con Lázaro Galdiano en Realidad, golpe al que hubo de sobreponerse hasta llegar a ser una de las más tenaces impulsoras de llevar esta narración a las tablas, convirtiéndola en la primera obra teatral galdosiana estrenada, son algunos ejemplos que nos permiten divisar una compleja y tormentosa vida interior. Indagar en esas tempestades dramáticas quizá nos ofrecería una imagen de Pardo Bazán aún más auténtica y enérgica. El proyecto se decanta, sin embargo, hacia una figura femenina compacta sin brechas ni complejidades subjetivas.

El único ingrediente escenográfico es una gran silla que suele quedar detrás de la protagonista, pudiendo simbolizar el asiento que por derecho propio le correspondía en la Real Academia y que nunca le concedieron. Solo lo utiliza para asentarse en su vocación frente a su marido, José Quiroga, el “Pepe” de este drama, quien le exige dejar de escribir cuando estalla el escándalo tras la publicación de La tribuna, que llegó a sorprender al mismísimo Émile Zola. Pardo Bazán salta por encima de la institución matrimonial para seguir escribiendo y realizar su misión intelectual, aunque manteniendo un gran tacto personal hacia su esposo. Sobre esa silla quedarán los despojos del vestuario que lleva la actriz Pilar Gómez, como sencilla pero potente metáfora visual de cómo la vida y la obra de Emilia Pardo Bazán sobreviven con fuerza a través del tiempo, traspasando los límites de la época, de su estatus social, de los prejuicios que trataron de amordazarla. Pilar Gómez, surgida de UR Teatro y el estilo elaborado por Helena Pimenta, nos ofrece una Emilia vital, fresca, con una insolencia sin groserías, en un vibrante cuerpo a cuerpo frente a los espectadores del que sale brillantemente airosa.

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