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DESDE ULTRAMAR

RAE: Observatorio y Diccionario actualizado

Marcos Marín Amezcua
jueves 26 de noviembre de 2020, 20:09h

Escribo estas líneas en medio del conticinio y con agibílibus. ¿Se ha pasado usted recientemente por la página de la Real Academia Española (RAE)? Visítela. Encontrará novedades formidables. Destaco dos de ellas: tanto la inclusión de nuevas palabras y acepciones en el Diccionario (DLE), como la iniciativa adecuada y oportuna de constituir desde la mismísima, un observatorio de términos que ya circulan, lo que entraña varias cosas: el monitoreo de vocablos novedosos, útiles tal vez, pulsando su fuerza y pertinencia, alertándonos de su circulación, idoneidad, viabilidad y conveniencia o no, sobre todo. Enhorabuena por tan encomiable tarea, esta última, porque además implica conciencia lingüística y ánimo de pensárselo. A fin de cuentas una expresión resume y llena un vacío, que para eso existe y en pos de la facundia y la prosodia, pero sin tanta retórica, solo la justa. Que el buen decir y el bien hablar siempre se agradecen.

Resulta excelso que impere el denuedo de medir la potencia de las palabras nuevas. Ha sido pronta la reciente actualización del DLE. Enhorabuena. Acaban de adicionar muchas, siempre perfectibles. Giros que brotan, se adecuan, se redefinen o incrustan con distinta intensidad y suerte; algunos surgieron con ortografía coincidente o diversa a un mismo tiempo –alertando de su polémica o dubitativa existencia– anticipando esa labor laudable de incorporarlos o no, concerniendo hacerlo a todos los hablantes. Por otra parte, considero que el Observatorio –que no es ni un cúmulo de barbarismos ni dislates lingüísticos– convoca a participar e involucrarse. Tal es como impetrar y conseguir un favor divino en pro de no ser indiferentes a la vertiginosa evolución y adaptación de nuestro idioma y su capacidad de incluir términos nuevos y adaptables, ya no digamos sugerentes y precisos antes que ineludibles o apremiantes. Suman así expresiones que ligadas a la dinámica elocución, contribuyen al inevitable ensanchamiento de nuestro patrimonio lingüístico entrañable y propicio a crecer, aportando nosotros consideraciones sobre el provecho que implique cada cual y la exactitud definitoria apropiada. Con adecuaciones, en caso de existir, que puede haberlas como es natural para su mejor comprensión. Las palabras son el espíritu de las ideas y de entenderse cada una, mejor para todos. Para todo ello se requiere de mucha tolerancia y disuasión constructiva en beneficio de enriquecer la lengua, cosa que nunca sobra, siendo infinita. Y hacerlo a fuer de quererlo, es un plus.

En efecto, tanto el listado que engrosa las novedades añadidas al DLE, como las colocadas en el citado Observador –que apunta a no ser ni definitivo ni exhaustivo, sino enunciativo y es de suponer que cambiante, mutante– patentizan que atrapar voces nuevas al vuelo tornándolas pronto manifiestas, ostensibles, palmarias para todos, ayuda a ponderarlas bajo cualquier categoría. No las satanicemos. Semejantes esfuerzos y nacimientos advierten la detectable velocidad real y creativa con la que surgen neologismos –es insondable saber si va más aprisa el idioma en América o en España– que pueden cuajar en el gusto y abonar a la utilidad valorada por el gran público. Y cundir por doquier merced a los medios masivos de comunicación en un ida y vuelta transoceánico sin fin. Acarrea todo ello su visibilidad para no esperar a las fatigosas discusiones de gabinete que retrasen aún más su admisión hasta la siguiente edición impresa del DLE y con renovada presteza evitan no enterarnos de un determinado giro acaso ya admitido.

Las de ahora proceden de distintos puntos del mundo hispanoparlante, una pila inconclusa, reclamando mentalidad abierta, sensatez y conocimiento; abonando a matices, a ingenio creativo que los soporta, a todas luces impecables y elocuentes antes que ser quebraduras o desviaciones del idioma. Enhorabuena. Los vocablos son necesidad y conviene distinguir entre tales a neologismos y, probablemente, de extranjerismos o préstamos provenientes de otras lenguas. Todas entre nosotros dependerán del tiempo. ¿Se castellanizarán como sucedió a otras muchas expresiones? Es ignoto. No sería ni la primera ni la última vez sabiendo que son voquibles compilados sin pretensiones de ser germanías o jerga indescifrable, grosera, inculta o de innecesarias formas, cuando cada expresión atiende a una lógica que la justifica y proyecta, aduciendo que las palabras la poseen, explicándose así apariciones y extinciones de tales o cuales, fijándolas.

Centrándonos en algunos de los términos incluidos en el Observatorio –del que nos previene la RAE que no necesariamente reconoce la suficiencia de todos, pero que igual propone sustitutos o adaptaciones y asume que algunos ya no podrá eliminarlos– dígase que pocos se incorporaron al DLE en 2020, como COVID o videollamada. Escojo los que yo admitiría en el Diccionario ahora mismo y sin reparos, por adecuados y gramaticalmente intachables: ciberataque, emparanoiarse, sindemia, porfa, bot, loguear, conspiranóico, ludificación, limerencia, petricor, barista, turistólogo, guasap y guapapear, guglear, infusionar, vivenciar, requisitar (el formulario), sanitizar, hastag –yo preferiría jastag a almohadilla o gato–, visibilización, espóiler, cubrebocas (increíble que no esté añadido) ciberacoso, bizarro tal y como se propone allí, aperturar –por años usándolo en México, ligado a temas financieros, en exclusiva, pues lo demás es abrir, de puertas a cursos– y sh(onomatopeya al pedir silencio). No comprendo que se dilate su aceptación. Sucederá para cuando los hablantes ya vayan kilómetros por delante de los académicos. Sorprende en demasía aún no haberlos integrado. Si cubrebocas no se consagró en 2020, no veo para cuándo.

Hay una idea que me llama la atención en la lista y no es ni de las mejores y tal vez ni sea tan imperiosa ni acuciante: un mexicanismo: cruzazulear. No me gusta cómo lo describe el Observatorio: «El verbo cruzazulear es un derivado usual en el periodismo deportivo mexicano que alude a una situación determinada por ser algo que frecuentemente sucede al equipo Cruz Azul. No hay de momento propuesta de inclusión de esta voz al diccionario académico».Trivializa arriesgando matar tan ocurrente vocablo. Añado que es una palabreja chusca y acaso sin futuro. O quizá sí. Ante esta indefinición, solicité el auxilio de dos conocedores dedicados al análisis deportivo, para averiguar cómo definirían cruzazulear. Piensen, les dije, en cómo les gustaría que lo expresara nuestro máximo lexicón, así que respondieron generosos puliéndose contextualizándolo con esmerado ahínco. Luis René Ramos destaca que «(el equipo de fútbol) Cruz Azul en repetidas ocasiones ha perdido finales de último minuto o por falta de mentalidad, pese a que en tales finales perdidas ha sido favorito y lleva ventaja en el marcador; entonces significa “una forma, un sinónimo de equivocarse en el último momento o por tomar malas decisiones que concluyen con alguna derrota”». Para Gonzalo Silva «el término hace alusión a que ese equipo en su historia reciente siempre ha fallado en momentos importantes y que en los últimos segundos de un partido, siempre termina perdiendo. La usan los mexicanos para decir que “las cosas salieron mal o que se estropearon de último minuto”».

Por mi parte, con verdadero ánimo jocundo no exento de filis, añadiría al cuidado dicho de ambos comunicólogos, que de manera jocosa aflora la palabra y que bajo el agregado de tenerlo todo para ganar y errar torpemente sin aparente causa justificada, se da al traste con todo. “La cruzazuleaste” se dice al bambarria en tono jocoso o cariacontecido al ver esfumarse el ansiado éxito ahuyentado por fallos insospechados sucedidos de últimas. El tema ya desborda lo deportivo.

Concluyo: avatar e hilo en el DLE ya van con acepciones digitales. Es un avance. Me quedo con estas novedosas incorporaciones: ayudamemoria, botamanga, chupasangre, cuarentenar, ébola, emoji (habría preferido emoyi), espaciotiempo, exoplaneta, facistoide, farmacovigilancia, gastrobar, macronutriente, microcrédito, moka, multisectorial, mundialismo, nacho, parafascista, prebendarismo, reduccionismo, suricata, tapanco, tex-mex, triglicérido, troleo, turbosina y zumba. Muchas de ellas hace ya rato que campean tan ricamente, acrecentando nuestro vocabulario.

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