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TRIBUNA

Los derechos humanos en el 75 aniversario de las Naciones Unidas

Carlos Ramón Fernández Liesa
sábado 28 de noviembre de 2020, 19:21h

La organización de Naciones Unidas se crea tras dos guerras mundiales, una vez que han fallecido más de 70 millones de personas, muchas de ellas al margen de las dos guerras mundiales, en genocidios y crímenes contra la humanidad. Conscientes de estas atrocidades los vencedores de la guerra decidieron crear un sistema de seguridad colectiva para evitar una tercera guerra mundial, y establecieron unas reglas que permitirían la creación del sistema internacional de protección de los derechos humanos.

No se partía de cero pues en el Derecho internacional había habido avances en cuestiones tales como la trata de blancas, la abolición de la esclavitud, la protección de las minorías, la humanización de los conflictos, la justicia social -con la creación en 1919 de la OIT-, la protección de los refugiados - o la lucha contra la impunidad, con el intento de juzgar al Kaiser alemán o el genocidio armenio.

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo un buen comienzo con los juicios de Nuremberg, los convenios de Ginebra de derecho humanitario, el convenio de Genocidio, las declaraciones americanas y universal de derechos humanos o el convenio europeo de derechos humanos. Pero la guerra fría frenó la creación de un Tribunal penal internacional y ralentizó muchas otras iniciativas. Aún con todo se abriría paso la denominada Constitución internacional de los derechos humanos, cuya primera pieza fue la declaración de 1948 pero que no se pudo completar hasta los tratados de derechos civiles y políticos, y de derechos económicos, sociales y culturales, de 1966, que no entraron en vigor hasta una década después.

Este proceso de humanización de la sociedad internacional se complementa con la descolonización, que produjo un cambio sociológico y trajo derechos de tercera generación como la libre determinación de los pueblos, el derecho al desarrollo, el derecho a la paz o a la democracia. También aportaría nuevos temas a la agenda internacional, como la lucha contra el apartheid en Sudáfrica o en Rodesia, nuevos principios como el de la soberanía permanente sobre los recursos naturales, o nuevas aspiraciones como la de un nuevo orden económico internacional más equitativo . Al mismo tiempo se produjeron los proceso de regionalización (sistemas regionales europeo, americano y africano) y de especificación de los derechos de las personas y grupos en situación de vulnerabilidad (convenios de protección de la infancia, mujer, refugiados, contra la tortura, discriminación racial, pueblos indígenas, desaparecidos, personas con discapacidad..).

El proceso sigue abierto (personas mayores, derechos digitales, pandemia y derechos humanos, pobreza…). Junto a estos procesos se ha producido la progresiva institucionalización de la protección, con la creación de mecanismos y órganos como el Alto comisionado de Derechos humanos de Naciones Unidas (1992), el Consejo de Derechos humanos (2006) o anteriormente la Comisión y la subcomisión de derechos humanos. Asimismo se han creado mecanismos de promoción, como el sistema de informes y de quejas de los convenios así como los procedimientos 1235 (que da lugar a los relatores de derechos humanos), 1503 (procedimiento de denuncias ante Naciones Unidas ) o el Mecanismo de examen periódico universal. Además se ha ampliado la noción de mantenimiento de la paz que desde los años sesenta incluye la violación grave de derechos humanos (ex capítulo VII de la Carta), y ha emergido la noción de normas de Ius cogens o imperativas que están en la cúspide de los valores y otras que hacen referencia a la Humanidad (crímenes contra la humanidad, patrimonio de la humanidad), entre otras innovaciones que han llevado a considerar que el orden internacional ha vivido una revolución jurídica con la humanización.

Pero estos procesos siguen en marcha y tienen sus enemigos, tanto en personas que quieren hacer una revolución posmoderna sin haber llegado a alcanzar los valores de la modernidad. Además, hay dificultades para los derechos humanos que provienen de visiones fundamentalistas económicas, políticas, nacionalistas, culturales y sociales. Por ello en el siglo XXI los derechos humanos y las Naciones Unidas siguen teniendo muchos desafíos.

El primer reto es que el patrimonio de los derechos humanos, el acervo conseguido, se mantenga. Hay dificultades tanto económicas como políticas y culturales. Desde el punto de vista económico los derechos humanos se enfrentan a los peligros de la globalización, hoy acentuado por la crisis de la Organización mundial del comercio. Además, la pandemia y antes la crisis financiera debe llevar a vigilar que los ajustes y los recortes tengan el menor impacto posible en los derechos humanos como vienen diciendo los relatores de crisis y deuda de Naciones Unidas.

La sostenibilidad económica es también uno de los pilares de los objetivos de desarrollo sostenible, junto a la social y a la medioambiental. Alcanzar los 17 ODS de la Agenda 2030 y consolidar el patrimonio de los derechos no es sencillo pues exige una gobernanza internacional y nacional que se echa en falta en muchas ocasiones. La ONU está liderando la hoja de ruta de la Agenda 2030 que es una aventura para los derechos humanos. Gran parte de los ODS son derechos humanos, pero falta la arquitectura internacional que los ponga en marcha. Desde el punto de vista político los derechos se enfrentan al desafío del populismo iliberal, pues los derechos humanos brotan en democracia liberales, hasta el momento. Cuando predomina el decisionismo sobre la ley, el sentimiento sobre la razón los derechos humanos acaban sufriendo. Los regímenes iliberales son democracias sin derechos, que se dan en países de diferentes continentes y que acaban con la idea moderna de ciudadanía y libertad.

Las Naciones Unidas tienen muchos retos por delante todavía en derechos humanos, como el de incrementar su eficacia, reforzar el sistema universal ante el debilitamiento del Estado, potenciar los valores cosmopolitas en una comunidad internacional tan diversa y conflictiva, contribuir a la gestión de los movimientos de población, a asistir a las poblaciones víctimas de desastres naturales y de origen humano, renovar el legado e impulsar un tribunal universal de derechos humanos todavía inexistente. Además los derechos humanos no solo dependen de los tratados sino también de que haya políticas nacionales e internacionales que los impulsen y de que los actores no estatales, fundamentalmente las empresas multinacionales, se incorporen de manera plena a este reto de la humanización. El siglo XXI tiene una inmensa tarea por delante en derechos humanos, con la idea de que la dignidad humana se universalice verdaderamente y el derecho y la realidad de la comunidad internacional y de sus sujetos responda a este objetivo

Carlos Ramón Fernández Liesa

Miembro de la Academia aragonesa de legislación y jurisprudencia

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