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ENTREVISTA

Ernesto Colsa: "No me gusta el lugar donde vivo y lo solvento viajando por ahí"

Ernesto Colsa: 'No me gusta el lugar donde vivo y lo solvento viajando por ahí'
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sábado 05 de diciembre de 2020, 08:04h

Ernesto Colsa es abogado y técnico de administración local y acaba de publicar El turista perplejo en la editorial Pez de Plata. Fue miembro fundador y formó parte, entre 1994 y 1998, de la agrupación de terrorismo musical Equipo de Acción Sonora, cuya metodología llegó a exponerse en escritos de gran contenido teórico de los que fue redactor. Su participación en volúmenes colectivos, algún premio literario y diversos artículos diseminados por numerosas publicaciones constituyen su bagaje literario. En su nueva obra habla sobre el placer y la necesidad de viajar contando en primera persona su experiencia en cinco destinos diferentes.

¿Qué tiene en cuenta a la hora de elegir un destino?

Lo primero, la compañía, pues no es lo mismo viajar con mi mujer que con los amigotes borrachuzos o con gente con la cual no tenga demasiada confianza por haberme incorporado a una expedición ya organizada de antemano. En cuanto a los destinos en sí, y como el lector podrá comprobar en El turista perplejo, siento predilección por los lugares con un estatuto geopolítico singular y, así, he tenido la fortuna de visitar Transnistria, la República Turca del Norte de Chipre, Liechtenstein, los territorios palestinos, Kosovo… No en vano, tengo el título de Barón de Sealand, un país de lo más peculiar. Pero en general no suelo plantear problemas, porque cualquier sitio en el cual no haya estado antes me parece bien y me amoldo con facilidad, aunque en un viaje a Lourdes con la parroquia no me veo…

¿Por qué sólo ha incluido estos cinco países en este libro si ya tenía preparadas más crónicas?

Al principio tenía previsto escribir una obra que incluyera bastantes más capítulos, unos quince o veinte, y me puse a ello con una rutina de trabajo muy poco exigente, de un par de horas semanales, y sin centrarme en un solo viaje, de manera que un día me podía dar por escribir sobre Siria, otro por Bulgaria y otro por China. Al cabo de un año, pues, contaba ya con un sustancial número de páginas, pero distribuidas en un montón de capítulos independientes. Cuando el editor de Pez de Plata me echó el tiento y me urgió a sacar el libro cuanto antes y dejarme de tochos muy voluminosos, simplemente escogí las cinco crónicas más esbozadas y me puse a trabajar sobre ellas, aunque tenía claro que el viaje a Corea del Norte no podía faltar en aras de la comercialidad del producto.

¿Está dispuesto a visitar cualquier lugar o hay alguno vetado?

En principio no me pongo vetos, aunque, como es natural, evito las zonas en conflicto o con problemas sanitarios, así que ahora lo tengo jodido, con perdón. En cualquier caso, algunos países favorecen el veto al abrumar al turista con trámites demenciales; en Angola, por ejemplo, me exigieron el certificado de antecedentes penales para expedirme el visado, así que no quiero ni pensar en la documentación que el gobierno español le requerirá a un nacional angolano para visitarnos, por aquello del principio de reciprocidad. Por cierto, para entrar en Corea del Norte no se requiere ninguna documentación anómala, aunque deberá viajarse con una agencia especializada o con alguna asociación, ONG o entidad que colabore con el país.

¿Qué es lo que espera encontrar en un viaje perfecto?

Que el contraste con la realidad del lugar de destino no defraude las expectativas, algo que me ha ocurrido en contadas ocasiones, quizá en Islandia o en Australia. Lo contario también está bien: que me sorprenda un país que no me suscitara demasiado interés previo, como me pasó con Brasil. En general, suelo ser muy poco exigente; me conformo con no pillar disentería, que no me atraquen demasiado, que no llueva sin parar o que no me estafen más de lo necesario.

Afirma que "el turista, cuanto más atontado mejor", ¿mejor para quién?

Tiene algo que ver con la respuesta anterior, se trata de procurarse voluntariamente una razonable incertidumbre antes de llegar a destino para hacer más acusado el contraste con nuestra concepción predeterminada del lugar, en mi caso casi siempre errónea. Ello se traduce en no informarse demasiado con antelación sobre los países que uno ha de visitar, si acaso leerse la web del Ministerio de Exteriores para tomar las precauciones básicas y poco más.

¿Sigue sin entender por qué el ser humano quiere continuar viajando?

En realidad lo que no entiendo es lo contrario, por qué no le interesa viajar más a menudoa quien puede permitírselo, sobre todo teniendo en cuenta los vuelos tan económicos de que disfrutamos hoy en día, algo impensable para las generaciones anteriores. A lo mejor depende de si a uno le gusta el lugar donde vive; como a mí no me pasa, lo solvento viajando por ahí, así estoy más días fuera.

Pese a los años y conocer al menos cincuenta países, ¿cuál es el próximo país al que le gustaría viajar?

Me llama mucho la atención cualquier república ex soviética, como Bielorrusia, adonde tenía previsto viajar antes de que el coronavirus lo mandara todo al carajo, o Turkmenistán, un país con uno de los regímenes más hermético y demencial del mundo, o Georgia, donde hay una ciudad entera abandonada por la que puede uno deambular a su antojo… Aunque como este año no he podido ir a ningún sitio, lo mismo la próxima vez me meto una panzada de kilómetros y me largo a alguna isla de Oceanía a trincar cervezas bajo un guindo mientras pienso en el próximo destino, porque esto ya se ha convertido en un vicio.

El turista perplejo

¿Una catarsis colectivista en Corea del Norte en medio de un espectáculo coreográfico multitudinario? ¿Una fiesta con meretrices rusas en Transnistria, la región separatista de Moldavia no reconocida por la comunidad internacional? ¿Un riguroso control preventivo del tráfico de cítricos en un borde interestatal australiano? A éstas y otras apasionantes experiencias se enfrenta el autor de la presente obra, cuyas crónicas constituyen un compendio de la más absoluta trivialidad cosmopolita y una curiosa mutación de la aventura del viajar.
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