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PUBLICA ‘LA LEYENDA DE LA PEREGRINA’

Carmen Posadas: “En la pandemia muchos descubrieron la lectura, que es un mundo maravilloso”

Carmen Posadas: “En la pandemia muchos descubrieron la lectura, que es un mundo maravilloso”
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domingo 20 de diciembre de 2020, 08:18h

La nueva novela de Carmen Posadas cuenta la historia de La Peregrina, la perla más famosa de todos los tiempos. En el siglo XVI, el esclavo que la extrajo del mar logró comprar con ella su libertad. No mucho tiempo después, y dada su rara belleza, llegó a manos de Felipe II, comenzando así la leyenda que desde entonces la acompaña y según la cual las grandes perlas propician tanto grandes amores como grandes conmociones. Reyes y Reinas, aventureras, espías, artistas, ladrones, asesinos... Por manos de estos y otros muchos notables personajes ha pasado La Peregrina hasta llegar a las de Richard Burton que se la regaló a Elizabeth Taylor, sellando así una de las historias de amor más sonadas del siglo XX.

Carmen Posadas escoge como protagonista de esta ambiciosa novela de novelas a un objeto y, al narrar su azarosa e increíble trayectoria, descubre apasionantes y muchas veces inéditos retazos de quinientos años de historia.


En su novela hay una serie de historias hiladas a través de la famosa perla Peregrina. ¿Qué simboliza esa joya para usted?

Yo me había preguntado qué pasaría si los objetos hablasen. Y, en concreto, las joyas, porque siempre están ahí en contacto muy íntimo con su dueño y presencian un montón de cosas increíbles.

Por ahí viene la historia. Pensé en qué joya podría hablar y yo creo que La Peregrina habla muy elocuentemente. Primero porque está muy documentada. Dónde la pescaron, en qué año, cómo llegó a la corte de Felipe II. Está además retratada en todos los cuadros habidos y por haber, la llevaron distintos Reyes a lo largo de la historia y hay novelas que hablan de ella, también crónicas de historiadores.

Había mucha información y me pareció que era una buena coartada para contar quinientos años de historia y todos los personajes que la han poseído porque, al ser un objeto tan extraordinario, siempre estaba en el centro del poder.

Cuando el Rey más poderoso del mundo era Felipe II y en sus dominios no se ponía el sol, la tenía él. Después, con la decadencia de los Austrias, pasa la dinastía dominante en ese momento que son los Borbones, caen los Borbones, llega la Revolución Francesa y pasa a manos de la familia Bonaparte, cae Napoleón y ahí se va a Inglaterra, donde permanece en la corte de la Reina Victoria y de ahí pasa a otra corte inmaterial que es Hollywood. Siempre ha estado en sitios muy señalados.

Efectivamente, la joya pertenece al lujo extremo y le permite narrar lo que sucede en las cortes más poderosas, excepto en el primer capítulo, que narra una historia de amor y de esclavitud. ¿Cómo funciona ese contraste?

Está documentado en qué año la pescaron y dónde. Fue en un sitio en Panamá que se llama la Isla de las Perlas y ahí cuentan que aparecían ostras del tamaño de parasoles. Como paraguas, imagínate. Entonces, de vez en cuando en estas conchas inmensas aparecía una perla extraordinaria y era costumbre en la época que si un esclavo conseguía extraer una perla muy extraordinaria, conseguía la libertad.

¿Qué es para usted el lujo?

El lujo es algo un poco superfluo, pero es verdad que da mucho empaque y hace que la gente se sienta más poderosa y más fuerte. Hay personaje como es el caso de Carlos II ‘El Hechizado’, que era un hombre tan enclenque, tan enfermizo y tan feo que se ponía la perla en el sombrero, yo creo que un poquito pensando que así le iban a mirar a la perla y no lo iban a a mirar a él.

El lujo sirve para eso, un poco para desviar la atención y resultar más guapos o interesantes.

Siempre se repite que la cultura no es un lujo. En cuanto a la lectura, parece que se hubiera convertido en un lujo ya que se requiere tiempo y silencio, unos bienes cada vez más escasos.

Es curioso porque la única parte de la cultura que ha aguantado bien durante la pandemia ha sido la literatura. Los músicos lo están pasando muy mal, los actores tampoco pueden actuar, los pintores están tiendo problemas… Sin embargo, curiosamente, la gente en la pandemia ha descubierto la lectura. Leer es un hábito y una vez que alguien lo adquiere descubre el mundo maravilloso que es la lectura.

Antes de la pandemia se decía ‘no tengo tiempo para leer’. Bueno, pues esa excusa ya no existe. Llega un momento en que no puedes ver más series de televisión. Se te ponen los ojos como dos huevos duros. Entonces, bueno, muchos descubrieron la literatura. Está subiendo el número de lectores, es increíble.

Le iba a preguntar por eso, por la pandemia. ¿Cómo la vivió usted? ¿Le pilló escribiendo el libro?

Yo estaba muy atrasada con la novela cuando llegó el confinamiento y me ayudó muchísimo a terminar el libro. Es curioso porque a muchos de mis colegas les pasó lo contrario. Estaban como en estado de ‘shock’.

Estaban bloqueados.

Sí, efectivamente. Pero yo creo les pasó a los que escribían novela ambientada en el presente. Porque claro, lo que había ocurrido era tan extraordinario que tienes que hablar de ello, de qué vas a hablar. Pero como yo estaba en el siglo XV, en el siglo XVI, o por ahí, pues no tuve ningún problema y me ayudó en ese sentido. Terminé la novela gracias a la pandemia.



En el prólogo cuenta que ha regresado a la infancia, ese lugar donde los objetos tiene magia, pueden estar animados. Hay una larga tradición de objetos mágicos en la literatura. Estoy pensando en la lámpara maravillosa, por ejemplo…

De niña era muy fantasiosa y para mí los objetos tenían tanta vida como las personas. Me relacionaba con ellos, les hablaba. Luego, cuando uno crece, los objetos se convierten en eso, en lo que son. A medida que pasa el tiempo y vuelve uno a fijarse en ellos, se tiene esa impresión de que siempre están allí y que son testigos de nuestra vida.

Si pudieran hablar a lo mejor contaban capítulos de la historia completamente inéditos e inesperados. Por eso me pareció interesante el ejercicio. Es una novela que no tiene como protagonistas a personas sino a un objeto, y a través de él trato de reflejar la naturaleza humana.

Todo comenzó con una joya olvidada de su madre, que apareció de repente. Los objetos tienen esa dimensión mágica. Pero también es inquietante ver cómo sobreviven a sus dueños.

En efecto sí, se me ocurrió escribir esta novela por esa joya que apareció, que mi madre la tenía en un anillo, pero anteriormente mi abuela la tenía engarzada en un broche y mi bisabuela en un colgante. Me interesaba esa idea de que las joyas siempre están ahí, a lo mejor cambian de aspecto pero son ellas. Y han vivido tantas historias… Si hablaran habrían contado muchas interioridades familiares que se van a perder y que nadie sabe cómo ocurrieron.

Era una joya que solo tenía tres generaciones. La peregrina no sé ni cuántas generaciones abarca, a lo largo de casi quinientos años de historia.

Su novela tiene trece capítulos, en los que ensaya distintos registros, distintas voces… ¿Cuál es su capítulo favorito?

Tengo una debilidad por Nicolasito Pertusato, que es uno de los personajes que sale en Las Meninas. En el cuadro se ve un niño de seis o siete años, guapísimo, con el pelo como por la cintura, que está jugando con un perro.

Bueno, pues no es un niño, es un señor hecho y derecho que se llama Nicolaso Pertusato y que era un enano y tenía el aspecto de un niño que nunca creció. Era muy culto, muy artista, me encantó recrear su vida y contar lo que pasaba en la corte de Felipe IV con ‘los sabandijas’, que así llamaban a estas personas: algunos eran enanos, otros eran gigantes, la mujer barbuda, otro era una niña gordísima…

La palabra es muy peyorativa pero inspiraron a artistas de la talla de Velazquez.

No sólo eso, sino que eran muy envidiados en la corte, porque ganaban muchísimo más dinero que otros criados y en la familia real tenían una consideración especial. En el libro se cuenta otra aventura con un enano, que se llama Diego de Acedo, que es el enemigo de Nicolasito. Pues a este señor el Rey le llamaba ‘mi primo’. Imagínate el pisto que se daba.

Uau. Y, ¿cuál es el que más le costó escribir?

Algunos se me atragantaron. El primero fue el del vendedor de sanguijuelas. Ese mundo me costó mucho. Como nunca sé lo que va a pasar en mis novelas, me cuesta entrar en la historia. Ahí me atranqué, no había manera de darle forma a ese capítulo. Pero una vez que cojo aire, se suelta la pluma y voy más rápido.

También se me atragantó el capítulo de Goya. No sé por qué. Yo tengo mucha información sobre Goya y la corte de Carlos IV porque ya lo había tratado en otra novela anterior que se llama ‘La hija de Cayetana’. A lo mejor por eso sería, no sé. Como ya había contado la historia antes no la quería contar igual.

En ese capítulo pinta a Goya dándole vueltas a la historia de España. Usted es española, pero también uruguaya, tiene un pie en cada lado del océano, digamos. Con esta perspectiva, ¿cómo ve la actualidad española?

Es la antítesis de lo que pasó aquí en España durante la Transición. La Transición era una época en la que todo el mundo quería remar en la misma dirección. Había un entusiasmo por hacer las cosas bien, por colaborar, por hacer una nueva España. Era un movimiento de cohesión. Y ahora es un movimiento de dispersión: cada uno a su bola, todos peleados, lo único que les importa es su parcelita de poder, es una cosa patética. Un horror.

En la novela aparece La Peregrina, La Pelegrina, y la falsa Peregrina. Ese mundo tan literario de lo apócrifo. ¿Qué peso concede en su escritura a lo real y qué peso a la ficcionado?

Como La Peregrina era un objeto tan codiciado, tenía imitadoras. Una era La Pelegrina, que era una perla muy extraordinaria también, no tan perfecta como La Peregrina. Pero le pusieron ese nombre para hacerle sombra. Estaban las dos peleándose.

Sin embargo La Pelegrina, con ele, apareció antes, es una perla anterior. Se la regaló Felipe II a María Tudor, a su segunda mujer. Cuando muere María Tudor vuelve a la Corona española y allí permanece hasta la época de Felipe IV, que se la regala a su hija cuando se casa con el Rey Sol, con Luis XIV. Está en la corte francesa varias generaciones, la tiene María Antonietta, llega la Revolución Francesa, a Maria Antonietta le cortan la cabeza, esta perla desaparece y reaparece al cabo de muchos años en poder de la madre de Félix Yusupov, el asesino de Rasputín. También tiene una historia muy curiosa y por eso la he querido contar.

Cuenta, también, que le entró la tentación de ficcionar el destino actual de La Peregrina. ¿Qué fue lo que la frenó?

La última vez que salió a la venta, cuando murió Elisabeth Taylor, se vendió en casi 12 millones de dólares. Ahora está en los países árabes. Por eso me pregunto quién puede comprar una perla de ese tamaño y de ese precio, sobre todo, para que nadie la vea. Entonces, a mi imaginación calenturienta se le ocurren muchas historias pero claro, no me atrevo a contarlas porque bueno, no puedo ficcionar algo que está pasando ahora, sería todo un invento de mi cabeza.

Tarde o temprano reaparecerá, porque la perla peregrina ha sobrevivido a expolios, a robos a incendios, a la codicia de tanta gente que, tarde o temprano, volverá a aparecer.

No sabe entonces dónde se encuentra.

No, no lo sé.

Sería un buen regalo de Navidad.

Desde luego.

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