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TEATRO REAL

El tenor mejicano Javier Camarena: un auténtico héroe del bel canto

El tenor mejicano Javier Camarena: un auténtico héroe del bel canto
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(Foto: Javier del Real (Teatro Real))
sábado 16 de enero de 2021, 17:59h
El viernes concluyó el ciclo del “Festival de Estrellas” organizado con muy buen criterio por el Teatro Real en un tiempo récord, para desafiar los efectos de la pandemia sobre la lírica. El tenor mejicano Javier Camarena, con su bellísima voz, su perfecta técnica vocal, su modestia y su natural simpatía puso el broche de preciado oro que el festival necesitaba.

La Humanidad siempre ha necesitado héroes; héroes en los que proyectar sus deseos, sus insatisfacciones, con cuyas hazañas poder conmoverse, o identificarse porque, en sus sueños, querrían hacer gestas comparables, o porque con ellos logran salir de la normalidad, o la mediocridad en la que viven inmersos. Todos los héroes comparten características. En el terreno de la cultura, ya hablemos de Leonardo, Rembrandt, Dalí, Víctor Hugo, Bach, Callas -por poner un ejemplo dentro del bel canto-, Coco Chanel y un largo etcétera, encontramos que todos esos seres excepcionales tienen en común que consiguieron ir más allá de los límites de su arte, y, por ende, más allá de su estatus, ocupación o condicionantes del tipo que fuera; que consiguieron influir en personas de su generación y en generaciones posteriores, y que, en definitiva, fueron símbolos de una época, permaneciendo en la memoria y en la sensibilidad colectivas durante mucho tiempo.

Autor: Javier del Real (Teatro Real)

Javier Camarena demostró el viernes que es un héroe del bel canto; por muchos motivos: los principales, porque tiene voz, porque canta y porque canta bien. Ahí es nada… Pero es que, además, es una persona encantadora, honrada y que lleva esa honradez a su profesión, dándolo todo…, es decir, no “se reserva la voz”, para no gastársela mucho, intentando salir del paso. Claro, que esto puede hacerlo porque tiene una técnica que nunca le falla, porque es la correcta: canta como habla, emite desde un mismo sitio, no sube la faringe, lo que le permite tener aire suficiente, cuidar el fraseo, etc., etc. … -por cierto, que el viernes cantó en un francés perfecto-. Y encima, él es y ha sido siempre su propio maestro. Ha estudiado con algún profesor, pero su verdadero maestro ha sido -como él ha reconocido- él mismo. Y no es que naciera con la técnica, como se ha dicho de muchos cantantes… Basta con comparar sus primeras grabaciones con su canto actual para constatar que este tenor es tan bueno que mejora constantemente y puede ser su propio maestro; esto sí que nadie, o casi nadie, ha podido decirlo; tampoco Callas.

Lo cierto es que la lírica necesitaba desde hace tiempo un verdadero héroe; como lo fue Caruso, como lo fue Callas, y como lo fueron otros extraordinarios cantantes -muchos españoles, algo que a menudo se olvida- que surgieron en los años sucesivos. Pero el mundo de la ópera llevaba tiempo sin tener a un verdadero héroe y el público lo necesitaba; los profesionales del canto también. Las últimas décadas han sido testigos de cantantes con voces extraordinarias que han subido rápido para luego caer en el olvido, porque ya no tenían voz; se la habían dejado por el camino por una mala técnica. Esta alternancia de estrellas belcantistas fugaces ha terminado por influir negativamente en el estado de la técnica del canto y en el gusto del público, que ya no sabe distinguir, muchas veces, lo que está bien hecho de lo que está mal.

El viernes Camarena gustó a todo el mundo (a entendidos, a menos entendidos, a profanos absolutos…), porque el arte verdadero -y esta, quizás, sea su característica esencial- es capaz de emocionar a cualquiera que lo presencie, sea cual sea la barrera que separa a la persona del hecho artístico (cultura, formación, prejuicios…).Autor: Javier del Real (Teatro Real)

Con un repertorio muy bien escogido para su voz de tenor lírico ligero, Camarena combinó óperas muy conocidas –como Roméo et Juliette, de Gounod – con otras menos representadas; así, títulos como Dom Sébastien, Roi de Portugal, o Rita, ou le mari batti, de Donizetti, de la que interpretó “Je suis joyeux comme un pinson”, cantada extraordinariamente bien y con mucha gracia.

Terminada la primera parte, dedicada sólo a la ópera en francés, y en medio de prolongadísimos aplausos, Camarena dedicó la segunda parte solo a Rossini y a Donizetti, todo en italiano. Tras “Oh come il cor di giubilo”, de L’Italiana in Algeri, cantó “S’ella mi è ognor fedele… Qual sarà la mai giogia”, de Ricciardo e Zoraide, todas estas arias del genio de Pésaro. De Donizetti cantó el Recitativo, Aria y Cabaletta de Ernesto, de Don Pasquale, para finalizar con la ópera de Roberto Devereux. En el segundo tema interpretado de esta ópera, “Bagnato il sen di lacrime”, una dificilísima cadencia final encadenando varios sobreagudos arrancó el aplauso fervoroso del público (también algunas lágrimas de emoción).

Después de esto siguieron los aplausos, interminables (casi veinte minutos), tras lo que Camarena, visiblemente emocionado y tras entrar y salir varias veces a saludar, brindó un único bis al público, “Esta tarde vi llover”, de su querido amigo, fallecido por la COVID, Armando Manzanero, acompañado por el pianista de origen cubano Ángel Rodríguez, una verdadera “máquina” al piano, con treinta años de carrera a sus espaldas -a pesar de su juventud- como concertista y acompañando a cantantes, entre ellos al fallecido Enrique Jaso, máximo docente y promotor de la ópera en Méjico, del que aprendió -él mismo lo ha reconocido- los grandes secretos de la técnica lírica.

Autor: Javier del Real (Teatro Real)

Esta crónica sobre el recital de Camarena no puede terminar sin dedicar unas líneas a Iván López Reinoso, un jovencísimo director de orquesta nacido en Guanajuato en 1990, que dirigió apabullantemente bien a la Orquesta Titular del Teatro Real. Sobrio, sin concesiones gratuitas, extremadamente preciso, seco y contundente en los momentos necesarios..., verlo dirigir fue, en una palabra y nunca mejor dicho, un “espectáculo”. López Reinoso dirigió el viernes la obertura de Zampa, de Hérold, la de La belle Helène, de Offenbach, la de L’Italiana in Algeri, de Rossini, y la de Roberto Devereux, de Donizetti; una ópera, ésta, poco representada; y es injusto, porque los que no la conocíamos escuchamos ayer pasajes bellísimos. Gracias, Javier, por revalorizar esta ópera del maestro de Bérgamo, que fue para la Ópera Italiana -como suele decir mi maestro de canto y bastante inmejorable tenor spinto Francisco Ortiz-, lo que Lope de Vega al Teatro Español.

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