www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Un buen libro sobre la eutanasia

José María Méndez
x
axiologiatelefonicanet/9/9/20
martes 26 de enero de 2021, 20:31h

El título del libro es “Eutanasia: cuidados paliativos y atención al final de la vida”. Fue editado en México por ETM en 2019. Tiene carácter interdisciplinar. Está escrito por diez especialistas en ética, bioética, medicina, derechos humanos y otras disciplinas afines. Coordina el texto Agustín A. Herrera Fragoso, que además es autor de tres de los dieciocho capítulos del libro.

Herrera Fragoso nos recuerda, ya en las primeras páginas, que el modo de pensar de los actuales defensores de la eutanasia, o “muerte digna” como ellos dicen, es exactamente igual al del peor racismo conocido en la historia, “La eutanasia en el Tercer Reich se inició a partir de la petición de un padre de Leipzig cuyo hijo había nacido ciego, sin el antebrazo izquierdo y con una pierna deforme. Su solicitud directa a Hitler pedía que se liberase al niño por medio de la eutanasia.....Fue el propio médico de Hitler, Karl Brandt, quien autorizó a los médicos de la Clínica Infantil de la Universidad de Leipzig para practicar la eutanasia a finales de julio de 1939” (Pag. 6).

No hay ciencia ética de los casos concretos. No juzgo ni al padre del niño, ni al Dr. Brandt, ni a los médicos que lo mataron. En el Juicio Final ellos se enterarán de hasta qué punto hicieron bien o mal. Lo único que afirmo es teórico: ni el Dr, Brandt, ni autoridad alguna en este mundo, puede otorgar a nadie la licencia legal para matar a un ser humano, y menos aún el derecho a hacerlo.

Sólo hay ciencia ética, o pensamiento racional, de los valores éticos o principios morales. El quinto mandamiento “no matarás” se enuncia en forma positiva como “respeto a la vida humana”. Y en sus dos fases, Primero, desde el cigoto recién fecundado hasta la rotura del cordón umbilical, que denomino “Genodulia. Segundo, desde el nacimiento a la muerte, que designo como “Biodulia”.

Nunca se puede razonar en ética de manera ascendente, desde los casos concretos hasta los principios generales. Eso va contra la lógica más elemental. Y mucho más si cada persona es única en la historia universal. Sólo la supina ignorancia de la lógica explica que se cometa constantemente este error de método. Y también la mala fe de los poderosos de turno en nuestros tiempos, Hay mucho dinero y muchos “mass-media” detrás de la campaña mundial a favor de la eutanasia.

El método adecuado en ética es descendente. El que conoce los principios morales tiene las mayores probabilidades de acertar en sus decisiones concretas en la vida. Y el que los desconoce corre el máximo riesgo de equivocarse.

Del principio “no matarás” se pueden sacar hacia abajo conclusiones teóricas. Nunca llegan al caso concreto, desconocido a priori, pero iluminan la conciencia. Por ejemplo, ningún parlamento de este mundo puede legalizar el derecho a matar en tales o cuales circunstancias. O bien, estamos obligados a ayudar en la medida de nuestras fuerzas al que pide socorro en peligro de muerte. Cuanto más amplio sea nuestro conocimiento teórico de los principios morales, tanta más luz tendremos para decidir en el arduo e imprevisible caso concreto. En esas situaciones es nuestra libertad positiva la que tiene que pronunciar la última palabra, y siempre con riesgo de error.

Sin duda el Dr. Brandt no estuvo en la situación de un matemático que llega a la única solución correcta de un problema y sabe que cualquier otra solución está equivocada. En la vida ética práctica nunca hay certeza al 100% en la decisión de la libertad positiva. Por eso es tan irritante que los promotores de la eutanasia se sientan tan estúpidamente seguros de sus opiniones teóricas fundadas siempre en casos concretos. O que sintamos ante ellos la misma lástima que nos inspira un analfabeto, que no sabe leer ni escribir, pero pontifica sobre lo que no conoce. Nadie tiene ciencia ética de casos concretos. Sólo Dios la tiene.

Herrera Fragoso alude también al resbaladizo tema de la “dignidad de la persona humana”. Como antes se recordó, los partidarios de la eutanasia tienen siempre a flor de labio la consigna “muerte digna”. Este autor retrata este falso argumento: ”sin dignidad, la vida humana deja de ser verdaderamente humana y se hace indispensable decir que esa vida ya no es vida. Entonces, anticipar la muerte es la solución apetecible cuando la vida pierde su dignidad” (Pag. 11).

Este argumento es plenamente coherente con el materialismo reinante, preocupado únicamente por el bienestar de lo corporal. Los enfermos terminales no aportan nada a la economía productiva. Su existencia es una carga insoportable para los que pagan los inmensos gastos sanitarios de mantenerlos en vida. Matarlos es ahorrar dinero. Justo eso pensaban los nazis. Y eso piensan ahora los defensores de la eutanasia, aunque lo callen por vergüenza. Nosotros viviremos mejor, si ellos mueren.

Pero la pregunta decisiva es ¿dónde está la dignidad humana, en el espíritu o en el cuerpo? La formalización de la lógica -gracias a la cuál tenemos ordenadores- nos obliga a dividir la realidad en dos grandes mundos. El mundo de la naturaleza causal, donde está ubicado nuestro cuerpo. Y el mundo de los valores y la libertad, en el que habita nuestro espíritu.

Pensemos en Thomas Quastorff, Es una víctima de la infausta talidomida. Le faltan completamente los dos brazos. Pero ha llegado a ser un cantante de lieder de fama mundial. Según los nazis y los partidarios de la eutanasia carece de dignidad. Debería haber sido sacrificado recién nacido. Sin brazos, no era digno de ser hombre. Pero el que cierra los ojos y escucha su canto percibe la gran belleza de su arte. Comprende que la dignidad humana está en el espíritu, de donde nace la belleza. La dignidad no viene del cuerpo, sino del espíritu. Un defecto corporal no anula la dignidad espiritual de quien verdaderamente la tiene. Más bien, nuestra dignidad crece si vivimos valores, y disminuye si los violamos. “Non est dignitas nisi a Deo” podríamos decir remedando a San Pablo. Es el espíritu el que realiza los valores. El cuerpo -da igual si íntegro o defectuoso- es sólo el primer medio a disposición del espíritu para cumplir su tarea axiológica.

La propuesta básica de los autores de este libro es que la solución no está en el suicidio asistido, ni en la eutanasia más o menos activa o pasiva, sino en mejorar los cuidados paliativos. Disminuir el dolor de los enfermos terminales, tanto a nivel físico como psíquico, El trabajo de María de la Luz Casas lleva por título “La sedación paliativa no es eutanasia encubierta”. Pues en su afán de justificar lo injustificable, los partidarios de la eutanasia han llegado a esta insidiosa mentira.

“Fue hasta 1967 que en Irlanda Cicely Saunders inició un movimiento por el cuidado de los moribundos, conocido como “Hospice”, inaugurando en Londres el “Saint Christofer Hospice”, que es una institución de cuidados para pacientes con cáncer incurable, en donde la base de la atención era el respeto a la dignidad de la vida humana, dando así origen a la medicina paliativa” (Pag. 210). La OMS -Organización Mundial de la Salud- ha recomendado de la manera más neta y rotunda estos cuidados paliativos. Puede comprobarse en la dirección (http://www.int/mediacentre/factsheets/fs402/es).

El resto de las aportaciones del libro abunda en diversos e importantes aspectos de esta idea central: la única solución, decente y racional al mismo tiempo, al problema de los enfermos terminales no es la eutanasia, sino la medicina paliativa. Tiene por cierto mucho campo abierto por delante para avanzar y desarrollarse, como se detalla en estos serios y competentes trabajos.

Claro que nosotros viviremos peor, si dilapidamos en cuidados paliativos más dinero todavía del que ahora gastamos. Además es una empresa destinada al fracaso. Los enfermos terminales morirán de todas formas. Pero también morirán los egoístas defensores de la eutanasia, que creen tener el monopolio de decidir quién tiene y quién no tiene dignidad. Lo más probable es que mueran sin ella. Y el que pide que le maten es seguro que muere sin la dignidad que sólo los valores dan.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (17)    No(0)

+
0 comentarios