www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Biografía

Emilia Cortés: Zenobia Camprubí

domingo 31 de enero de 2021, 22:13h
Emilia Cortés: Zenobia Camprubí

Alianza. Madrid, 2020. 442 páginas. 24 euros. Libro electrónico: 10,99 €. Se publica una extraordinaria biografía de una mujer única. Fue el apoyo incondicional de Juan Ramón Jiménez. Pero la dedicación a su esposo y a su obra, no le impidió desarrollar su propia personalidad. Por Carmen R. Santos

Juan Ramón Jiménez fue un grandísimo poeta, una voz imprescindible y extraordinaria de la literatura en español. Su poesía es un trabajo de orfebre, cincelada palabra a palabra. Y su célebre Platero y yo encierra sorprendentes aspectos, más allá de la historia de un tierno y simpático burrito, como muy bien demostró en el certero estudio Platero y yo”, de Juan Ramón, y el ideal educativo de Giner de los Ríos el catedrático de Literatura española de la Universidad de Sevilla Manuel Ángel Vázquez Medel. En este sentido, solo Juan Ramón es el responsable de su gran e imperecedera obra.

Pero, ¿Juan Ramón habría sido el enorme poeta que llegó a ser sin contar con Zenobia Camprubí? Probablemente no, o su vida y trayectoria se habrían desarrollado de otra manera. Su mujer, Zenobia Camprubí fue su compañera del alma, su fiel e incondicional apoyo, su musa que le facilitó dedicarse a su obra sin desperdiciar energía en preocupaciones cotidianas: “Cuando Zenobia encontró a Juan Ramón, él ya era un poeta muy conocido, con numerosas publicaciones. Zenobia vio de manera clara el potencial literario de él y entendió que su destino debía ir encaminado a propiciar el ambiente y el clima de paz necesarios para que él crease; ella tuvo la inteligencia y la fuerza de llevarlo, conducirlo y empujarlo hasta el final, hasta que consiguió el Premio Nobel”, leemos en la introducción de Zenobia Camprubí. La llama viva, de Emilia Cortés.

Desde hace más de una década la doctora en Filología Hispánica Emilia Cortés se ha centrado en sus investigaciones en el estudio de la figura de Zenobia Camprubí (Malgrat de Mar, 31 de agosto de 1887-San Juan de Puerto Rico, 28 de octubre de 1956). Ha publicado todo su epistolario, cuyo último volumen, que abarca desde 1895 hasta 1936, acaba de ver la luz en una edición de la Residencia de Estudiantes, y ha coordinado Mujer y escritura autobiográfica: Zenobia Camprubí y la Edad de Plata de la Cultura Española (Universidad Internacional de Andalucía/Caja Rural del Sur). Ahora nos ofrece la biografía definitiva de Zenobia, sustentada en una detallada y minuciosa investigación, donde cobran especial relieve sus notas, diarios, reflexiones y correspondencia, con lo que conocemos a Zenobia de primera mano.

Así, recorremos la trayectoria vital de Zenobia, a quien de joven llamaban “la americanita” por pertenecer a una familia medio española medio cubana, con vínculos en Estados Unidos, y, por ende, buena parte de la de Juan Ramón Jiménez (Moguer, 23 de diciembre de 1881-San Juan de Puerto Rico, 29 de mayo de 1958), al que conoció en 1913. Al entrar en contacto con el poeta de Moguer, Zenobia rompió el compromiso con su pretendiente norteamericano Henry Shattuck, con quien mantenía una relación epistolar encaminada a su futura boda. Por su parte, Juan Ramón había sufrido el rechazo de la norteamericana Luisa Grimm, a la que propuso matrimonio. Juan Ramón y Zenobia se casaron el 2 de marzo de 1916 en Iglesia católica St. Stephen de Nueva York, tras una noviazgo no exento de dificultades y sortear la oposición al enlace por parte de la familia de Zenobia. A partir de ahí, sus caminos se entrelazaron para siempre hasta el fallecimiento de Zenobia, aquejada de cáncer, tres días después de la concesión del Nobel a su marido. Este, a duras penas, la sobrevivió dos años. Hoy los restos mortales de ambos reposan en el cementerio de Jesús de Moguer.

El amor entre Zenobia y Juan Ramón fue incombustible, y superó todas las dificultades de una convivencia complicada: Explica Emilia Cortés: “El difícil estado de salud -no solo físico- que Juan Ramón sufrió a lo largo de toda su vida fue un gran obstáculo para conseguir una convivencia feliz, o al menos, fácil. El fondo de su relación fue satisfactorio y enriquecedor porque se amaban, pero la enfermedad de Juan Ramón hizo, en numerosas ocasiones, muy difícil la convivencia. Como consecuencia, su vida de pareja atravesó etapas felices y otras, demasiadas, de sufrimiento, sobre todo en los últimos años. Padecieron los dos, pero ella, por las circunstancias que iremos relatando, sufrió doblemente”.

Esas circunstancias, no obstante, no le impidieron a Zenobia, desarrollar una intensa actividad, además de ordenar los escritos de su esposo, preparar antologías y publicaciones, gestionarle conferencias, ser su enfermera y su agente literaria… consiguió no abandonar su propia dedicación a la literatura -Zenobia había escrito desde muy joven-, y la traducción – realizó las primeras versiones españolas de Rabindranath Tagore-, ser profesora en las Universidades de Maryland (Estados Unidos) y Río Piedras (Puerto Rico), y convertirse en lo que hoy consideraríamos una eficaz emprendedora y empresaria con el fin de lograr ingresos para su casa. Entre otras iniciativas, fundó talleres de bordado en pueblos castellanos para exportar el material a Estados Unidos y puso en marcha un negocio de alquiler de pisos en el madrileño barrio de Salamanca, que decoraba con muebles y objetos de la tienda de artesanía que había impulsado. Por otro lado, su dedicación a Juan Ramón no resultó incompatible con su credo feminista: fue activo miembro Lyceum Club Femenino, pionera asociación cultural feminista, creada por María de Maeztu.

No dejamos de preguntarnos cómo Zenobia Camprubí pudo cubrir tantos frentes y no venirse abajo. Quizá porque, aunque tuvo sus momentos de desánimo, no era una superwoman, sí fue una mujer de férrea voluntad, decidida a que la desolación jamás la venciera. "Lo peor que se puede hacer en la vida es ceder a la tristeza", confiesa en sus diarios. Y de ella dice Juan Ramón: “Siempre estás dispuesta a trabajar y a gozar. No eres interesada. Eres cumplidora, digna, generosa. No pides nada a nadie. Das todo. Te acomodas a todas las circunstancias y las resuelves alegremente. Ríes siempre, a veces por no llorar”.

Juan Ramón Jiménez le debe a sí mismo su gran obra. Pero quizás la mejor “obra” de Zenobia fue Juan Ramón. Zenobia Camprubí, esa “llama viva”, como la definió su esposo, merecía sin duda una biografía que nos hiciera posible conocerla mejor y admirarla. Ahora, gracias al empeño de Emilia Cortés, la tenemos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)

+
0 comentarios