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ESCRITO AL RASO

Sin vacunas, pero con más cara que espalda

David Felipe Arranz
lunes 08 de febrero de 2021, 20:44h

Hay tantos muertos ya –más de novecientos solo este fin de semana– que hemos cotidianizado la pandemia y la opinión pública se preocupa de otras cosas, otros temas y otros ámbitos, como el de las mentiras y verdades de Bárcenas, la foto de Rajoy y sus apóstoles genoveses en foto panorámica de Cristóbal Manuel, el borrador de la ley para la igualdad de las personas transexuales o la política exterior de Joe Biden, a ver si sabe situar al fin a España en el mapa. Pero resulta que la salud del enfermo y la tranquilidad del sano, que son las dos únicas cosas que deberían ocuparnos y en la que deberían ocuparse, ya no están en las agendas. Al fulgor de los entusiasmos decembrinos con el hallazgo de la vacuna anticovid le ha seguido una indiferencia institucional más que sospechosa. Ahora, lo que espera el político lumpen es un cargo, un momio, una dirección departamental o una subsecretaría de Estado, no que le hablen de covid-19, que para eso estamos ya en 2021: como dice un amigo del oficio, “el de esta peste ya es un tema pasao”.

Seguimos sin vacunas, porque a Bruselas se le escapa aún el control de su producción –y eso que el de la industria farmacéutica era de eso que se llama el sector estratégico–, así que Pfizer y AstraZeneca han anunciado el frenazo de las entregas, no se sabe muy por qué, habiendo ya recibido un adelanto de varios cientos de millones de fondos públicos –de usted y míos– por las patentes. Y en vez de acelerar la producción, resulta que los monopolios farmacéuticos ahora echan el freno retroviral o el pulso, según se mire. La Comisión Europea llama a este atasco “cuellos de botella”, pero no es de recibo que a estas alturas, al cumplirse un año del estallido coronavírico, andemos todavía así: sin inmunidad de fábrica y cacareando. Un día te desayunas con que te van a meter el palitroque por detrás y al otro con un toque de queda de tiempos bélicos.

Tampoco se entiende que no haya acceso universal a las vacunas, que esta industria billonaria vaya camino de convertirse en la cuarta ola o segunda epidemia, que es la de la opacidad con la que se mueven, dejando la figura del control parlamentario europeo en un comparsita o en un testigo incómodo de contratos opacos. Von Der Leyden ha aceptado, por ejemplo, que AstraZeneca rebaje al 50% las entregas, lo cual ya es un tragedia, tal y como andamos de esputados, aerosolados y hospitalizados en Europa. Y dicen sin sonrojarse los amos del monopolio de la botica que producen “sin afán de lucro”, así que podrían devolver los anticipos de sus productos inasequibles, que falta nos hacen para reconstruir el continente. Las farmacias facturaron en 2019 1,11 billones de euros, que equivale, por ejemplo, a nuestro Producto Interior Bruto. Los eurodiputados revisan los documentos contractuales en una sala sin teléfono móvil ni bolígrafo, con lo cual solo podemos fiarnos de su memoria. Y para estos precios, parece todo una broma en estas revisiones bunkerizadas que recuerdan tiempos más oscuros, impropios de democracias pagantes, machacantes y sonantes del siglo XXI. Porque ahora Louis Pasteur es un señor que se aloja en el Palace, viaja en jet privado y vigila la cotización en bolsa de sus vacunas.

Con el invierno se ha congelado la fabricación de la esperada vacuna. Solo el 1% se ha puesto la banderilla, porque no hay para todos (de momento, siempre nos dicen). Aquellos anuncios esperanzados que en esta dickensiana Navidad hizo el ex ministro Illa y ahora candidatísimo de Cataluña son ya pálido reflejo. Una nueva ministra, Carolina Darias, no comparece por aquello del desgaste y en Moncloa se dedican ya a otros menesteres, como el de poner orden en su casa, porque los dedos amoratados se les antojan huéspedes y se hacen trampas al solitario, con el vicepresi echando el mitin en Barcelona de En Comú Podem, a ver si le quitan votos al filósofo de la pandemia. En España el político es un animal adaptativo y la política nacional es su medio, su biotopo óptimo. Se le mete un poco de discurso, se le hacen unas fotos y nace un político nuevo, igual que los fabrican en el Museo de Cera, donde muchos van a parar porque por sus obras los conoceréis. Tienen más cara que espalda –o chepa, según quién–. Más que entre dos olas, estamos entre dos abismos sanitarios: el que dejamos a atrás y el que se nos viene encima con todas las criaturas mutantes que viajan en primera y desembarcan en Barajas provenientes de Brasil, Reino Unido y Sudáfrica.

A este paso y con las infinitas mutaciones de la cosa y tanta sutileza desoxirribonucleica, igual el día que se produzca la vacunación de todos los españoles, los periódicos igual anuncian que en este chiscón ya no queda ni el apuntador. Que, a fin de cuentas, siendo tantos millones dando por saco al prójimo, de eso se trataba. Y de esos “armagedones”, la Biblia ya nos ha servido unos cuantos.

Twitter: @dfarranz

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