La estrella española compartió su filosofía para afrontar el tenis, la pandemia, las desigualdades y la existencia.
Rafael Nadal compartió esta semana tiempo y espacio audiovisual con Sergio Rial, presidente de (Banco) Santander Brasil. La entidad le solicitó mantener una conversación que giraría en torno al 'rendimiento dentro y fuera de las pistas'. Sobre la mesa se colocaron asuntos relativos a la psicología y la faceta personal que sustentan al deportista español más importante de la historia. Y el legendario tenista zurdo respondió con la honestidad y naturalidad que le caracterizan.
"He jugado muchas veces en América Latina y la verdad es que siempre ha ido muy bien. Me he divertido mucho, el público siempre me apoyó mucho y gané mi segundo torneo como profesional en Brasil (en la Costa do Sauipe). En fin, siempre he tenido una conexión muy especial con América Latina y siempre que puedo, intento jugar por allí. Y cuando juego en América Latina siento que salgo recargado de una energía diferente a cualquier otro lugar", expuso, para inaugurar su análisis.
La reflexión pasaría a cuestionar la capacidad de seguir regando la motivación y el sacrificio tras haber conquistado la cima. "Lo que ha pasado años atrás no te garantiza ni te ayuda a ganar el próximo año. Desde ese principio básico, es verdad que cuando consigues las cosas en el pasado crees que lo puedes volver a hacer, porque ya lo has hecho, pero, al mismo tiempo, en mi caso, cuando vuelvo a Roland Garros o a otros torneos de tierra, que los he podido ganar varias veces en mi carrera, siempre pienso 'buah, va a ser muy difícil que esto vuelva a ocurrir'. Al final, son cosas que ganarlas dos o tres veces es muy difícil, con lo cual, cuando pienso en las veces que he conseguido ganarlas siempre pienso 'no creo que sea capaz de volver a conseguirlo'", confesó.
"Pero creo que eso me ayuda decisivamente a estar centrado en mejorar mi tenis, llegar al 100% preparado en todos los sentidos y te enfoca al objetivo claro de mejorar. Sabes que cada año tienes que ser mejor para volver a ganar lo mismo que el año anterior. Porque tus rivales están mejorando, la exigencia siempre es mayor y tú, con los años, pierdes algunos detalles de tu juego que necesitas incorporar. Toda mi vida he intentado siempre mejorar", añadió. Antes de resaltar que "es importante tener siempre los pies bien amarrados a la tierra. Para conseguir tus éxitos necesitas trabajar, esforzarte y apoyarte en gente que te ayude. Sin un gran equipo al lado, es difícil que tú sólo, en cualquier ámbito de la vida, vayas a triunfar en lo que te propongas".
Nadal otorgó relevancia a la confianza, mantenida en el tiempo, en su equipo de trabajo. "No he despedido nunca a nadie de mi equipo. Lo conservo desde los 15 o 16 años. Es verdad que mi tío, que quizás es la persona más importante en mi carrera deportiva, decidió hace unos años dar un paso atrás y dedicarse a la Academia. Creo que estaba más cansado de viajar en su momento. Pero, por lo demás, he mantenido siempre a mi equipo en todos los sentidos. Es algo que me da confianza y tranquilidad", alegó. Y desarrolló esta idea: "En un mundo como el nuestro, en el que viajamos mucho, es importante tener gente a tu lado que tengan la confianza de decirte realmente las cosas como son, sin que vean peligrar sus trabajo. En el tenis, es el jugador el que paga al entrenador. Al final, el jefe debería ser el entrenador, pero normalmente el jefe es el que paga. Eso pone al entrenador en una situación complicada, porque cuando los resultados no van bien, lo humano es culpar al entrenador. En mi caso, he tenido la capacidad de ser suficientemente autocrítico para atribuirme las culpas cuando las cosas iban mal. Y creo que me ha funcionado". "Si has tenido a un equipo con éxito durante muchos años y en algún momento deja de funcionar no será culpa suya, sino tuya. Eso es un principio que ha sido un pilar en mi vida", subrayó.
Sobre la ausencia de aficionados en las canchas, reconoció que "es triste jugar sin público. Sin esa energía extra. Para los jugadores veteranos, un poco más". "Para los jóvenes es todo nuevo y se adaptan a las situaciones, pero para los veteranos se hace raro y difícil seguir con un calendario normal cuando no puedes tener a las personas que quieres al lado. Porque estamos acostumbrados a viajar en familia y compartir el circuito con las personas que necesitamos. No queda más remedio que adaptarnos. Falta algo básico en nuestro deporte, que es la pasión, pero nos tenemos que adaptar a las circunstancias que el mundo enfrenta, ser responsables y valorar la suerte que tenemos", reflexionó.
"El entrenamiento diario, la intensidad y la manera en la que trabajas son decisivas a la hora de poder enfocar la competición con garantías de competir bien. Después, ganar o perder es una circunstancia del deporte y es parte del día a día de nuestra vida. Pero creo por la educación que he recibido, y he tenido la suerte de tener una vida estable, sin altibajos, he tenido la capacidad de aceptar los buenos y malos momentos sin que me crea 'supermán' o hundirme muy hacia abajo. He mantenido siempre una estabilidad emocional. Creo en el trabajo diario y soy una persona más o menos positiva, que mira adelante con optimismo. Esa ha sido la forma de tener una carrera larga y, de momento, bonita", resumió cuando le fue preguntado cómo ha construido su afamada y ganadora fortaleza mental.
En ese punto del diálogo se trató la relación con Roger Federer. "Yo diría que somos unos muy buenos compañeros y, con los años, el tiempo nos ha ido uniendo más. Tenemos un gran aprecio el uno por el otro. Por todo lo que estamos viviendo y hemos vivido durante tantos años. Nuestra relación siempre fue mejorando y la realidad es que hoy mismo he hablado con él. No es que seamos íntimos amigos, pero tenemos una relación de confianza. De poder llamarnos en cualquier momento y hablar de cualquier cosa. Creo que esto es bonito, bueno y un buen ejemplo para la sociedad. Se puede ser grandes rivales y a la vez tener una relación personal", defendió.
"¿Cómo puede ser eso? Hay que entender que el tenis es un juego, un deporte. Lo que ocurra fuera de la pista no creo que tenga un impacto decisivo en lo que ocurra dentro. Antes de un partido con Federer, si me duele la rodilla no le voy a decir 'Roger, me duele la rodilla'. La rivalidad llevada al extremo, o la radicalización en la que el mundo está inmerso, prevalecen más los extremos que nunca... Creo en las cosas más normales, de centro. Afrontar las cosas de forma moderada y entender la situación de tu rival o tu compañero. No por ser tu rival va a ser mala persona ni lo que se quiere vender de los rivales. Se puede tener una buena relación siendo máximos rivales sin ningún tipo de problema. Y el nuestro es un gran ejemplo", razonó.
El manacorí, de 34 años y con 20 títulos de Grand Slam en sus vitrinas, sintetizaría su receta del éxito en ilusión, confianza, optimismo, perseverancia, paciencia y motivación. Y amplió: "He tenido las personas adecuadas al lado. La pasión es mi combustible". La máxima intensidad, implicarse, esforzarse al máximo y hacerlo lo mejor posible, en el deporte y en la vida, también aliñan su filosofía. Una mentalización que arrancó cuando era niño. "De pequeño me prepararon para ser gran tenista en superficies duras, no en tierra batida. Tuve que aprender a sobrevivir, porque no tenía mucha fuerza. Haber llegado al circuito tan pronto me hizo perder algunas cosas pero aprender a competir con lo que tenía. Y en tierra es muy importante saber competir y sobrevivir en algunos momentos", zanjó.
El astro balear también compartió su senda para lidiar con las lesiones y los lapsos más indigestos de la vida. "Para nada soy perfecto ni una roca. Cuando tengo problemas o lesiones, tengo momentos difíciles. Pero tengo la experiencia de saber que uno se puede enfadar y frustrar, pero la única forma de salir adelante es hacer lo contrario: no frustrarse, estar positivo, trabajar en la recuperación y hacer las cosas que a uno le van a servir para recuperarse realmente. Lo que sirve no es enfadarse, sino hacer caso a los médicos y empezar la recuperación con una actitud positiva cuanto antes", relató.
"Sabes que cuando empiezas, después de las lesiones, las cosas no van a ser perfectas. Van a ser mucho más difíciles porque has perdido el ritmo y cuando has dejado un temporada de jugar y vuelves, empiezan a venir dolores al cuerpo que antes no estaban. Hay una palabra muy importante en mi carrera que es aceptar las cosas. Es lo que hay y a partir de ahí vamos a trabajar para mejorar, sabiendo que en estos momentos hay estos problemas. Tengo que poder convivir con lo que tengo y poder ser competitivo con ello. Sé que a día de hoy no estoy perfecto, pero confío que, con el trabajo, mañana o dentro de un mes estaré con una situación buena para conseguir mis objetivos. Y trabajar con objetivos alcanzables y una ambición sana es importante. Uno tiene que aprender a disfrutar de cada momento y del proceso de recuperación, de querer superarse a uno mismo. Es de las cosas que más satisfacción personal me han dado: volver de lesiones, haber pasado momentos realmente malos y hacer un trabajo que nadie ha sabido y ha sido duro. Y gracias a eso estoy aquí otra vez. Eso es una satisfacción personal quizás mayor que cualquier título", desglosó.
La conversación descubriría a un ser humano rebasado por la velocidad del avance tecnológico ("la tecnología ha cambiado tantas cosas en el mundo que es difícil de seguir") y que reclama no ceder terreno en lo concerniente a la cercanía con los semejantes. "Cuando hago algo, me gusta mirar a los ojos a la persona que tengo enfrente, darle la mano y decirle que confío en él y él en mi. Aunque la tecnología avance mucho, esto es algo que no podemos perder", reivindicó. También en el tenis: "El deporte ha evolucionado y los equipos son más extensos que antes, con nutricionistas, fisios, psicólogos... Ayudan a que las carreras sean más largas y estés más preparado, pero se pierde la intuición y la inspiración. Las estadísticas y la tecnología hacen que todo sea más previsible. A mí me gusta algo más inesperado, intuitivo".
Finalmente, habló de su labor con la fundación que preside. "Trabajamos principalmente con niños, especialmente con discapacidad y con riesgo de exclusión social. Son niños que están predestinados a tener un futuro muy complicado. Nuestro objetivo y sueño es generar oportunidades a través del deporte y la educación. A través de nuestros programas y centros intentamos ayudarles a que vean un futuro diferente y darles las herramientas para que puedan pelear por sus sueños", señaló, para describir que van a abrir un centro en Madrid (tras los de Mallorca y Valencia) y que en la crisis económica de 2008 decidió que el proyecto atendiera en una España que "tenía necesidades suficientemente importantes".
Y se despidió con esta enseñanza que saca de la pandemia: "Nos ha enseñado que tenemos que ayudarnos los unos a los otros, ser generosos. Trabajar, tener la capacidad de esfuerzo y trabajo, y mirar al futuro con optimismo y realismo, porque vienen tiempos complicados. Tenemos que prepararnos para el futuro, saber que no va a ser la última cosa mala que nos ocurra e intentar que cada vez haya menos diferencias (socioeconómicas). Hay que hacer mundo más justo, que haya menos gente que se muera por falta de recursos. Desde los que somos privilegiados hay que ayudar. No hay más remedio que igualar la sociedad para vivir en un mundo mejor. Es mucho más agradable vivir en un entorno positivo que en uno de desigualdad y de tantas diferencias. Yo lo entiendo así".