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TEATRO REAL

El público madrileño aplaude la ópera española del siglo XIX, Don Fernando el Emplazado, de Zubiaurre

El tenor lírico de José Bros, en el papel del Don Pedro.
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El tenor lírico de José Bros, en el papel del Don Pedro. (Foto: © Javier del Real)
domingo 16 de mayo de 2021, 14:37h
Estrenada por primera vez en el Teatro Real en 1874, volvió el sábado al coliseo madrileño, tras muchas décadas de olvido, gracias a la labor de investigación y recuperación del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), bajo la dirección de Álvaro Torrente. Con este estreno, la entidad sigue conmemorando su 150 aniversario y hace justicia a su propia historia.

Zubiaurre concibió esta ópera en italiano (algo habitual en una época en la que este idioma actuaba como lingua franca en el terreno operístico) y encargó la escritura del libreto a Riccardo Castelvecchio y, después, a Ernesto Palermi. Fue con ocasión de la convocatoria del Certamen Nacional de Ópera en 1869 cuando el compositor decidió adaptar el libreto a la poesía castellana, labor que encomendó a dos jóvenes poetas españoles, Ángel Mondéjar y Evaristo Silió. La obra obtuvo un premio destacado y su versión española pudo escucharse por primera vez en el Teatro Alhambra en 1871, con la asistencia del, también recién estrenado, monarca Amadeo de Saboya.

Conviene recordar la situación de la lírica teatral española a principios de la década de 1870 y el contexto en el que se gestó el aludido certamen. El quizás mal denominado “género chico” vivía su época de esplendor tras la inauguración del Teatro de la Zarzuela en 1856, mientras que, en el coliseo madrileño, inaugurado en 1850 como Teatro Nacional de Ópera, sólo se había estado representando ópera italiana -como era habitual en los principales teatros europeos- y excluido sistemáticamente a los autores españoles (habían pasado casi dos décadas del reestreno de dos obras de Emilio Arrieta, en los años cincuenta). El éxito de Don Fernando, El Emplazado tras el aludido certamen y la paralela reposición en esas fechas de Marina, de Arrieta, inicialmente una zarzuela, pero ya adaptada como ópera, indujeron a la crítica a identificar un nacimiento de la Ópera española. Lamentablemente, todo quedó ahí y, tan solo tres años después del estreno de la versión española, la ópera de Zubiaurre se estrenaba en italiano -su versión original- en el Teatro Real, con un poderoso elenco de cantantes, entre los que se encontraba el mítico tenore di forza Enrico Tamberlick (1820-1889) en el rol de don Pedro Carvajal.

Argumentalmente, Don Fernando, El Emplazado contiene casi todos los elementos del Romanticismo: la ambientación medieval (Castilla en el año 1312, o un rey, Fernando IV, que muere por causas desconocidas a los 26 años de edad), el gusto por lo sobrenatural (la leyenda -nunca probada- del emplazamiento de Fernando IV por los hermanos Carvajal a encontrarse en el más allá pasados treinta días de ser ejecutados, o las plegarias y el miserere de los monjes en el Acto II…), lo onírico (como el sueño premonitorio de don Juan de Carvajal en el Acto I), la superstición (don Fernando muere víctima de ella tras la maldición de los Carvajal), las apariciones de ultratumba (don Pedro regresa del más allá para impedir que el rey mate a Estrella)…, y tantos otros elementos. También el inconformismo del hombre frente al status quo: Zubiaurre retrata a un pueblo castellano enfrentado a la tiranía del poder. Este elemento es absolutamente histórico, dado que Fernando IV tuvo que sofocar -con la ayuda de su madre, María de Molina, como regente- muchas revueltas populares durante su reinado, así como insurrecciones (su tío Juan de Castilla, apoyándose en el pueblo, se proclamó rey en 1296, aunque abdicaría a favor de Fernando en 1301).

Solo con los datos apuntados, el argumento de esta ópera podría calificarse de decadente para la fecha de su estreno; si se tiene en cuenta que, incluso en España, donde el desarrollo fue más tardío, el Romanticismo se considera acabado con Don Juan Tenorio (1844), de Zorrilla. Sin embargo, si la ópera de Zubiaurre se pone en relación con la Grand Opéra française (1828-1867) -bien conocida por Zubiaurre, al igual que la ópera italiana-, que gustó de escenificar eventos históricos con un gran fasto y despliegue de medios escénicos, la perspectiva cambia completamente y es en este punto donde -a juicio de quien escribe- radica una debilidad de la versión en concierto que ahora se presenta en el Teatro Real. Don Fernando, El Emplazado precisa de un justo escenario que esté a la altura de su música. Dado la longitud de la obra, la representación completa, con escena, podría evitar que volviera a caer en el saco de las buenas intenciones y colocarla de forma permanente en el lugar que merece.

En cuanto a la música, no puede evitarse caer en la tentación, cuando se escucha la ópera, de calificarla de mero epígono de la ópera verdiana (también el argumento es verdiano; piénsese, por ejemplo, en la escena de la cárcel -Il Trovatore-, o en la muerte de don Fernando -Don Giovanni-). Sin embargo, es necesario reconocer que muchos de sus elementos (los bellos duetos, los brillantes tercetos y concertantes -en los que también participa el coro-, la belleza de las partes solo musicales, así como la riqueza armónica (muy lejos aún, por voluntad consciente del autor, de la modulación y del cromatismo wagneriano, que Zubiaurre rechazaba), así como la importante orquestación, debieron de constituir un hito en la España de la época.

En este estreno han participado exclusivamente cantantes españoles, algo que el público madrileño supo agradecer el sábado. En el rol de don Pedro cantó el barcelonés José Bros, un tenor lírico con una dilatada carrera a sus espaldas que demostró que cantar un papel dramático no requiere fuerza muscular, sino buen apoyo y línea de canto.

Como Estrella intervino Miren Urbieta-Vega. Esta soprano donostiarra se luce más, en este momento de su técnica, en los pasajes intimistas -como el del dueto con don Pedro en la cárcel- y en los recitativos, que fomentan la línea y el legato. Su voz, de gran potencia y de una bella oscuridad, debería de huir por ahora de los papeles más ligeros -como algunos de los que ha interpretado hasta ahora- y buscar seguir perfeccionando la línea de canto, así como evitar el canto muscular al que su gran voz le conduce en muchos pasajes de esta ópera, por su elevado dramatismo. Sin embargo, hay que romper una lanza por las sopranos que deban cantar este papel, el de Estrella, dado que contiene varios ataques en Do sobreagudo y un intervalo de Fa-Do sobreagudos a final de partitura, éste último muy difícil de ejecutar.

Como don Fernando cantó Damián del Castillo. Este barítono ganó el IX Certamen de Nuevas Voces Ciudad de Sevilla en 2011 y ha sido Germont en La Traviata en el Teatro Nacional São Carlos de Lisboa, Malatesta, de Don Pasquale, o Rigoletto en el Teatro Cervantes de Málaga, entre otros roles.

Al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real estuvo José Miguel Pérez-Sierra. Este director, formado con maestros como Ferro, Gelmetti, Metters, Zedda o Maazel, saltó a la fama en el Festival de Pesaro de 2006. Actualmente dirige habitualmente, entre otras orquestas, la Orquesta de la Comunitat Valenciana, la Orquesta Sinfónica de Madrid, la Orquesta de RTVE y la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Don Fernando, El Emplazado tiene programadas solo dos representaciones, la pasada del sábado 15, y la del 17 de mayo.

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