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TRIBUNA

La Transición abrillantada

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 22 de mayo de 2021, 19:24h

Triste sino el del coronavirus que, junto a un lancinante balance de muertos, ha unido la frustración de varias obras literarias de indudable valor. Así ha sucedido justamente con diversos libros llamados a ocupar por sus innegables méritos un lugar peraltado en la publicística española del decenio ha poco comenzado.

Cuando por incontable vez en los últimos años pero con mayor énfasis que nunca, el abrillantado balance de la Transición se pone en tela de juicio por importantes sectores de la sociedad española, todo buen análisis por su documentación o acuidad del magno acontecimiento solo puede recibir el aplauso más rendido. Así sucede, en efecto, con el que le consagra uno de sus protagonistas principales en una autobiografía reducida en lo esencial a un cuadro minucioso de aspectos sustanciales de tan grande y decisivo episodio del ayer hispano más reciente. De extracción alto-burguesa, miembro descollante de la Administración del franquismo en su fase terminal, este abogado del Estado de nascencia extremeña y orígenes y formación en gran parte catalanas -su delicioso libro de memorias de niñez y, sobre todo, juventud es muy ilustrativo al respecto- escribió, en los límites de la senectud y poco antes de su muerte, una obra que figura ya incuestionablemente en el elenco más selecto de la amplia bibliografía generada por el estudio o reconstrucción del periodo abierto con el reinicio de la democracia en nuestro país. A tono con el temperado carácter e ideario del autor, la visión ofrecida por su pluma está presidida por la moderación y alzaprimada valoración del juste milieu, encuadrándose en su militancia concreta en las filas de la UCD, de la que fuese miembro muy sobresaliente y elogiado por Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo- Sotelo, así como por los máximos guías del PSOE, muy en particular, por Felipe González y su gran amigo de la mocedad Joan Reventós

A tenor de ello cabe imaginar sin esfuerzo los muchos lances descritos con pincel colorista y afilado por el que fuera ministro de Sanidad, de Industria y, finalmente, de Defensa de la etapa democrática encabezada por A. Suárez y, en sus postrimerías, por Calvo Sotelo. Conocedor a fondo de los entresijos del aparato del Estado y asimismo de la gran empresa por su larga experiencia en la cúpula de la RENFE y de bancos como el Hispanoamericano, Urquijo y Banesto, el relato de las corrientes y movimientos que encauzaron el proceso de la restauración de las libertades resulta, sencillamente, imantador en múltiples pasajes. Desde la pintura de algunas de las elecciones parlamentarias en la Extremadura profunda hasta el trascurrir de varios Consejos de Ministro, sin olvidar los contactos con un Juan Carlos I muy estimado personal y políticamente, son muchas las páginas evocadoras o plenas de fuerza literaria de un memorialista que tuvo en el asiduo e íntimo comercio con las musas uno de sus más acusados rasgos biográficos.

Mas, obviamente, las páginas más atractivas para los lectores de estos recuerdos son las referidas al 23F-1981. Pocos testimonios, en efecto, más “autorizados” sobre un acontecimiento acerca del que aún se proyectan no pocas zonas de penumbra e, incluso, de absoluta o parcial obscuridad. La versión del ministro en el que recayó gran parte de la tramitación judicial de un episodio decisivo en el consolidamiento de la democracia española, con ser historiográfica y políticamente de innegable interés y, en más de un extremo, de primer orden en cuanto a su relieve, deja muchos puntos sin la glosa o explicación requerida por la importancia de la temática y, desde luego, la curiosidad del lector. Sin duda, el tema exige otro artículo. A ello se compromete el autor del presente…

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