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PALEOLÍTICO

Investigadores recrean la iluminación original de las cuevas prehistóricas

Investigadores recrean la iluminación original de las cuevas prehistóricas
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(Foto: IIIPC)
EL IMPARCIAL
jueves 17 de junio de 2021, 10:56h

Un equipo de investigadores liderados por Diego Garate Maidagan y María Ángeles Medina Alcaide, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC), ha realizado por primera vez una caracterización de los principales sistemas de iluminación del Paleolítico (antorchas, lámparas de grasa y hogueras) a través de observaciones empíricas y arqueología experimental utilizando una cueva natural como laboratorio.

La investigación comenzó con la revisión exhaustiva y pionera de toda la información arqueológica existente que comprobó todos los datos disponibles sobre restos de combustión en cuevas con arte paleolítico, como Nerja, Chauvet, Lascaux o Atxurra. "Posteriormente, se realizaron experimentos en el interior de una cueva natural sin restos arqueológicos consistentes en diferentes ensayos de los sistemas de iluminación de los que se han obtenido diversos parámetros como la duración, luminancia, intensidad, radio de acción o temperatura de color de cada una de las herramientas de iluminación que se empleaban durante el Paleolítico", explica el IIIPC en un comunicado.

Según explica la investigadora del IIIPC Medina Alcaide, el arte paleolítico no es como lo vemos ahora y estos datos “nos permiten recrear virtualmente cómo lo veían realmente nuestros antepasados”. Además, la investigadora destaca que “la iluminación artificial fue un recurso físico crucial para expandir comportamientos sociales y económicos complejos en los grupos paleolíticos, especialmente para el desarrollo de las primeras exploraciones paleoespeleológicas y para el inicio del arte en cuevas”.

Entre las contribuciones del estudio está la de profundizar en el conocimiento de las antorchas paleolíticas, poco estudiadas hasta ahora. Las pruebas evidenciaron que el material ideal para que la luminancia, intensidad y duración fueran mayores era la madera seca y se comprobó que mediante movimientos bruscos y rápidos, por oxigenación, era posible volver a encenderlas sin necesidad de acercarlas al fuego tras las primeras extinciones ocasionales.

Asimismo, se comprobó que las antorchas liberan carbón a medida que se consumen por lo que es innecesario golpear la pared para eliminar el desperdicio. Así las marcas parietales negras que aparecen en las cavidades estarían relacionadas, entonces, con marcas intencionadas o por impactos involuntarios.

Por otra parte, se ha comprobado que las lámparas de grasa son el recurso de iluminación idóneo para uso en espacios pequeños durante un periodo prolongado y cuya intensidad de luz es similar a la de una vela. Un sistema que no permite un tránsito cómodo por la cueva ya que deslumbra a la persona que porta la lámpara y no ilumina bien el suelo por proporcionar un halo semicircular. Finalmente, los experimentos que replican las hogueras revelaron una producción de humo tal que, si el espacio está cerrado o hay poca ventilación, puede resultar asfixiante e incompatible con la presencia humana.

De todas las pruebas realizadas se desprende que los sistemas de iluminación del Paleolítico proporcionarían una visión mesópica o intermedia. Esto confirma que la percepción visual humana subterránea se relacionó menos con el color que con el contraste entre áreas iluminadas y no iluminadas y el juego de luces y sombras. Aunque, a su vez, estas condiciones favorecían que se pudieran percibir algunos colores de longitud de onda larga (rojo, naranja y amarillo).

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