Dos notas inconexas, tienen el común denominador de suceder en el Golfo de México y por lo tanto, desde una de sus orillas, la mexicana, no nos pueden pasar inadvertidas. El sitio es estratégico y la isla de Cuba, nos lo es en demasía.
Pues bien: durante el sexenio anterior, el frívolo y nauseabundamente corrupto del priista Peña Nieto, de su mano el PRI vendepatrias impuso una reforma energética que concesionaba la exploración y extracción de crudo en mares mexicanos –vgr. el Golfo de México– pagadas a empresas extranjeras a precios desconocidos en contratos encriptados amañadamente hasta 2030 y entregando a cambio al Estado mexicano el crudo obtenido, Ya sabe, la opacidad priista de toda la vida. Le digo que no tienen remedio. El actual gobierno morenista se ha limitado a restringir las concesiones. No es fácil saber si cambiará la Constitución como lo hizo Peña para ahora impedir esas cesiones, pero al menos detuvo el evidenciado saqueo. Algunos afectados con ese parón están muy molestos. Hasta ahí. En ese malestar les cabe denostar a la petrolera mexicana PEMEX porque así creen ganar adeptos –esa, la saqueada durante los gobiernos de PRI y PAN– y sus tropiezos como empresa se magnifican con intención.
Hace unas semanas se averió una línea de bombeo de gas a una plataforma petrolera en el Golfo. La fuga de gas propició un incendio en la superficie marina. No fue el oleo, fue el gas. Sirvió la desgracia para que Greenpace alzara la voz confundiendo contenido con continente y desde luego, más de un despistado habló de incendio de un pozo petrolero. Nadie que no tuviera interés quiso enterarse de que el incendio se controló con éxito y no pasó a mayores. Aquí se lo decimos con mucho gusto ante cualquier cerco informativo o por si pueden más las muecas al rictus de Thunberg, la activista sueca. Lo sucedido no fue poco, pero no fue más.
La ocasión sirvió para también denostar nuevamente la actual política energética de México, que, cosa extrañísima, pretende velar por los intereses de México. Habrase visto. Los memes llovieron con el aro de fuego sobre la superficie marina del seno mexicano acusando a López Obrador como causante (sin vela en el incidente), pero también acarreó la desinformación que no acalla los intereses en juego como lo es definir el futuro energético de México ni devuelve lo perdido con la política vendepatrias priista, una que solo se redujo, aun con concesiones en el actual sexenio. En todo caso, los descubiertos nuevos yacimientos que prometen ser de vértigo en su potencial serán explorados por PEMEX, cerrando así la privatización en marcha emprendida por los priistas al apartar a PEMEX de toda tarea arguyendo falta de tecnología. Es una buena noticia y ya veremos si el potencial sospechado se confirma.
Ahora bien, en la otra orilla de Golfo de México, este domingo 11 de julio la cosa se ha desbocado en Cuba. En efecto, a las inusuales protestas callejeras manifiestas al unísono en varias ciudades y la respuesta acre, alzando la voz el presidente Díaz-Canel llamando a sus seguidores a combatirlas y a defender la Revolución, se configura un foco rojo en el panorama cubano, que si bien no es uno fácil, las protestas no habían tenido allí tal calado desde 1994. La queja colectiva trascendió y acaso por eso, sea llamativa. En la Cuba poscastrista –que lo es de cualquier manera– significa un desafío. Lo que no avizoro es ruptura, como algunos adelantan envueltos en éxtasis.
Si bien se explica que al extenuante bloqueo –endurecido en los años 2020 y 21 (¡ojo,! ya bajo Biden)– se suma la caída del turismo y la situación compleja que supone la pandemia que agrava la escasez, la carestía y redunda en el costo de la vida, colmando un caldo de cultivo perfecto para algo que cada vez se antoja más complicado de detener: el clamor por mejores condiciones a las prevalecientes. Los opositores al gobierno cubano se deshacen repitiendo que el bloqueo yanqui es un cuento. No lo es y las propias leyes yanquis lo han perpetrado y asumen obligatorio mantenerlo. Desmentirlo es tonto y estéril cuando está esa legislación apuntando a Cuba. Si no hubiera bloqueo, la ONU no votaría eliminarlo, listillos. O avisarle que no hay tal.
Cuba merece transitar a un estadio más positivo, pero salvaguardando su soberanía. Nunca es fácil identificar cómo conseguirlo, pero su mérito sigue siendo no cejar en el intento. Y desde luego que si aquello se convulsionara, nunca puede sernos indiferente en México lo que sucede en La Habana. Cuba resulta estratégica siempre para México. Más que iluminar con la bandera cubana el Edificio de Correos de Madrid por la señora Ayuso, por mucho que a muchos aún despierte allí nostalgia La Habana y esperemos que no le sea otro tropiezo como el meter en los enjuagues políticos al Rey.
Lo sucedido en Cuba –con telón de fondo la condena al bloqueo a Cuba, con 184 votos a favor en la ONU, el pasado 23 de junio– mueve intereses geopolíticos, como siempre. No ha dejado de ser cierto que quien se quede con Cuba, se queda con el Caribe, el Golfo y el Atlántico norte. Eso sigue vigente y más en esta segunda Guerra Fría. Rusia ha advertido que no admite injerencia extranjera, muy a tiempo con las declaraciones yanquis de nivel cariacontecido expresando su preocupación por lo acaecido y clamando por la manifestación pacífica, al tiempo que en Washington expresaban su consternación por la declaración de Diaz-Canel a sus adeptos acerca de que los protestantes pasarán por encima de sus cadáveres que defenderán la Revolución. A Biden se le ha respondido cual corresponde: es hipócrita condolerse cuando son los sostenedores del bloqueo y han financiado cuanto han querido para derribar al gobierno cubano, cabe añadir. ¿Enlistamos los intentos de asesinar a Fidel?
No está de más recordar lo que he dicho por años a usted en esta misma columna. Rusia no soltará Cuba. La viga en el ojo yanqui es fruta madura, sí, pero para los rusos. ¿Cuba por Ucrania? ¿O Bielorrusia? No lo parece. No para fines de generar inestabilidad en las cercanías del adversario. No sabemos si ambas protestas (Cuba y Ucrania) son generadas por los adversarios, pero la cubana se sospecha aupada por los yanquis. Ya tiene cada potencia un pie metido en Cuba (acuerdos, unos, Guantánamo, los otros) y no lo van a sacar en su propio juego de poder y de equilibrios planetarios.
Si la cosa de momento es más local que ajedrecística, ya lo sabremos pronto. En tanto, Rusia no soltará a su aliado caribeño. No lo tiene de adorno y menos en su escalada con EE.UU.. Y ya podrían los cubanos pedirle víveres a Putin. Que sirva de algo las alianzas, pues. Y Díaz-Canel no sabemos si contará con la astucia y el olfato de los Castro para mover pieza con sagacidad y destreza encomiables. Lo sabremos prontito. En Cuba hay dictadura, cierto, pero eso no debe implicar que los yanquis regresen a ella para hacer cera y pabilo a su antojo como lo hicieron allí insaciables y desvergonzados entre 1898 y 1959 (porque hay historia, ya lo creo) y no se han resignado ni a que no regresen en ese plan ni a que los echaron de Cuba con una patada en el culo. Hay que distinguir cada cosa, que una no debe de conducir a la otra. Díaz–Canel no cuenta con la legitimidad de Fidel y Cuba ha retrasado demasiado una revisión profunda de su régimen. Es una pena porque tal retraso forzado opera en su propia contra. No atiendo las protestas de los panistas frente a la embajada cubana en Ciudad de México. Van los más casposos a reclamar libertades desde el partido que cosifica y cuece a las mujeres que exigen su libertad de abortar. Menudos son. Candil de la calle….
Post Scríptum: el relevo de González Laya en el Ministerio de Exteriores de España no deja de sorprender. Si se la considera inapropiada solo por Marruecos a juzgar por las palabras de su sucesor, Albares Bueno, se deja ir a una funcionaria preparada. Quizás la que más en los últimos treinta años en el ministerio de marras. Comparo la currícula de ambos funcionarios y es para decirle a Albares un hasta aquí, gracias. Ojalá que se le haga justicia a la diplomática que dejan ir.