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TRIBUNA

Para limitar los sentimientos de omnipotencia de la terrorista

lunes 26 de julio de 2021, 20:26h
Actualizado el: 26/07/2021 20:31h

El primer paso terapéutico por parte de los otros miembros de la familia en orden a la limitación del potencial destructivo de la mujer psicoterrorista consiste en comprender que es una terrorista. El Sr. Roberts me describía cómo, durante su matrimonio, él y sus hijos se enfrentaban a diario con la violencia de los abusos verbales de su mujer. La Sra. Roberts también era violenta con los niños. Ahora que él ha solicitado el divorcio, ella está haciendo uso de todas las armas de su arsenal. En presencia de los niños ella ha tomado drogas y bebido alcohol hasta el punto de la intoxicación extrema. Ha escenificado intentos infructuosos de suicidio en presencia de los hijos. Ha amenazado por teléfono con hacer una estupidez. Ha prometido matar a la nueva compañera del Sr. Roberts. Y ha asegurado al Sr. Roberts que, cuando aquella compañera acabe con él, no le quedará ni un penique a su nombre. Al Sr. Roberts este tipo de comportamientos le parecían normales; después de todo él había presenciado esta clase de conductas durante los trece años de su matrimonio. Cuando le sugerí que lo que tú has padecido es terrorismo emocional, repentinamente, y por primera vez, fue capaz de ver su situación con claridad. Ese tipo de comportamientos no es lo que ningún hombre podría esperar de la mujer ni dentro ni fuera del matrimonio. No, ahora el Sr. Roberts no desea que sus hijos sean sometidos por más tiempo a tales comportamientos extremos.

Ya que la psicoterrorista viene estimulada por un sentimiento de omnipotencia y se encuentra dispuesta a comportarse sin límites (usualmente animada por alguna terapeuta feminista que insiste en que sus clientes sufren de baja autoestima) deben tomarse medidas prácticas para definir claramente los límites. Cuando ambas partes de un divorcio son razonablemente equilibradas, es necesario que el acuerdo adoptado ser flexible para facilitar circunstancias tales como los aspectos financieros, la custodia de los niños, los derechos de visita, y tantos otros. Sin embargo, los procedimientos de un divorcio contencioso y los acuerdos abiertos ofrecen infinitas oportunidades para que los tribunales, abogados y la corte de psicólogos llamados a las evaluaciones proporcionen un marco sin límites a la terrorista permitiendo a la terrorista continuar su comportamiento desaforado. Por esto lo mejor para el proceso de divorcio es que la sentencia sea tan rápida, acabada, absoluta e inequívoca como sea posible.

Para limitar los sentimientos de omnipotencia de las psicoterroristas hay medidas efectivas. El principio fundamental debe ser: No se negocia con terroristas. Las llamadas telefónicas inacabables, las conversaciones, los enfrentamientos, los intentos de volver juntos, la correspondencia, las visitas, los gestos de apaciguamiento y los esfuerzos para aplacar las demandas de la terrorista, todos ellos sirven para reforzar la creencia de que ella está consiguiendo algo. Únicamente una actitud de firme resolución demuestra a la terrorista que su poder es limitado. Más aún, para cualquiera que trate directamente con la terrorista, las palabras de refuerzo, las elevadoras de la autoestima, las caricias, las consolaciones y demás carantoñas son contraproducentes.
Para afrontar la segunda etapa -la intervención personal con la propia psicoterrorista- el terapeuta debe estar preparado para ser franco, honesto y directo. En mi trabajo con mujeres terroristas he encontrado algunas veces, algo bastante simple que puede aplacarlas: “Te estás comportando como una terrorista. Así es como tú estás siendo destructiva. Esta es la destrucción hacia la que te diriges”. De semejante manera, la terrorista, viéndose a sí misma claramente, podría por primera vez tener el valor de reconsiderar su comportamiento. Sin embargo, lo más común es que sea necesaria una terapia bastante más profunda.

Para conseguir que el comportamiento de la terrorista cambie, ante todo debe haber un cambio firme y radical. Muy a menudo este cambio sólo puede lograrse a través de una investigación profunda y una resolución de los traumas de la temprana infancia a fin de que esa persona pueda comenzar a conseguir una percepción real, verdadera y consciente de su situación actual.

La intervención directa sólo puede esperar conseguir cambios si el individuo posee el correspondiente deseo de cambiar y todavía dispone de la cualidad vital del impulso hacia la salud. Si la psicoterrorista no puede o no desea cambiar, únicamente se puede ayudar a los otros miembros de la familia a ser resueltos, fuertes y, cuando esto sea posible, a mantenerse alejados.

¿Resulta demasiado elemental esta forma de autodefensa psicoterapéutica? La pregunta se suele formular con mucha frecuencia, sobre todo al principio de los acontecimientos, pero comienza a encontrar algún tipo de respuesta y sentido gracias a su reiteración, al entrenamiento de la paciencia, una paciencia alerta que no se ha de limitar a bajar la guardia, y al desarrollo cognitivo con su correspondiente inteligencia emocional. Las meras técnicas sin inteligencia emocional pueden incluso llegar a convertirse en nocivas cuando se manejan mal, debiendo de ser ejercitadas por personas que están intentando cambiar su forma de ser.

No es que nosotros seamos mejores ni más capaces de revertir el campo de las fricciones, pero sólo parece posible que cambien ellas si nos ven cambiar a nosotros a través de nuestra actuación serena, perseverante, decidida y emocionadamente inteligente. Nunca las relaciones son cosa de uno, y a veces ni siquiera lo son de dos, pues lo ideal sería que cambiase el entorno entero, algo dificilísimo. Abandonar una relación tóxica es muy necesario, sin embargo, cuando ya no se puede albergar ninguna posibilidad de restauración de lo que ha llegado a quebrarse en su raíz. Todo tiene un límite, y hay que ponerlo: también eso es inteligencia emocional. Es un deber de toda persona humana escapar al mal.

Muy torpe tendría que ser quien viese en este artículo una defensa del machomán victimador, o asesino alegando que sólo los hombres padecen estos trastornos. Como persona razonable no estoy dispuesto a decir “será una terrorista, pero es nuestra terrorista”, pues eso mismo constituye la esencia del psicoterrorismo.

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