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RESEÑA

El catedrático Cuenca Toribio publica su nuevo libro 'Historia y Actualidad 6'

EL IMPARCIAL
viernes 20 de agosto de 2021, 18:51h
El catedrático de Historia y colaborador de El Imparcial José Manuel Cuenca Toribio.
El catedrático de Historia y colaborador de El Imparcial José Manuel Cuenca Toribio.

“HISTORIA Y ACTUALIDAD 6”, de José Manuel Cuenca Toribio

Reflexiones de un historiador testigo de su tiempo

Carlos Clementson

Asistimos a un nuevo libro de la fecunda pluma del profesor José Manuel Cuenca, indesmayable devoto del culto a Clío, musa de la Historia, a la que nuestro antiguo decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba viene rindiendo a lo largo de su ya dilatada trayectoria una lúcida y perseverante dedicación en su objetiva dilucidación del pasado. Tenemos aún fresca en la memoria la extraordinaria impresión que nos causaran sus recientes “Ensayos contemporáneos”, con iluminadoras aportaciones sobre la Dictadura de Primo de Rivera y sobre nuestra Edad de Plata en la cultura y la política, así como sus no menores estudios sobre “Marx en España” y “Los partidos de la derecha en España”.

El presente volumen, publicado por la editorial Actas, aunque integrado por una muy nutrida y varia miscelánea de artículos periodísticos y ensayos aparecidos tanto en la prensa regional como nacional (“Diario Córdoba”, “ABC de Madrid y “El Imparcial”) reúne una muy amplia selección a lo largo de 450 páginas de reflexiones tanto historiográficas como sociológicas y humanísticas, que, a pesar de su mayor brevedad, revelan una no menor penetración o discernimiento. Y todo ello en una prosa personalísima, de robusta entonación, amplios períodos sintácticos y un sabroso y añejo sabor a muy clásicas lecturas, pues tanto el amor por la Historia como también por la Literatura armoniosamente se concilian tanto en la actividad historiográfica como periodística de nuestro autor; prueba de ello son sus presentes trabajos, todos ellos escritos desde una nunca desmentida y eficaz voluntad de estilo.

Creemos que es importante subrayar, pues, cómo su esforzada labor ensayística e historiográfica se incardina en la luminosa estela de los que, reverencialmente, él considera han sido sus maestros, Jesús Pabón y Suárez de Urbina, el gran investigador de la señera figura de “Cambó” y su tiempo, o Florentino Pérez -Embid, José María Jover y Carlos Seco Serrano, en una concepción de la Historia desde una perspectiva ardidamente humanística y pluricultural, que aúna rigor crítico y buen pulso literario. “Historia y actualidad 6” se organiza en una serie de cinco secciones de reflexiones de varia índole, tanto de política internacional, de historia y política españolas, sociológicas, y sobre educación y cultura, así como una final sobre protagonistas mayores y otras personalidades de la historia, tanto nacional como regional y local.

El libro se inicia con la vibrante evocación de una figura impar en la historia de Francia, el general De Gaulle, fundador y primer presidente de la V República que, con motivo del problemático Brexit, se recuerda cómo, con una gran y previsora intuición política él habíase ya opuesto en su día a la integración británica en la Comunidad Europea, pero, como apunta el profesor Cuenca, “contra lo que se afirmase ligera y apresuradamente en su época, su negativa en modo alguno respondió a agravios personales o históricos pasados, sino al arraigado pensamiento gaullista de la visceralidad anti-continental británica y a la fortaleza del special partner ship con los EEUU, a causa justamente de sus prejuicios antieuropeos”, así como al mantenimiento, a pesar ya de la descolonización en puertas, de su constitutiva identidad imperial.

Esta visión anticipatoria de los hechos, que caracteriza a todo gran estadista, la había mostrado ya el general cuando, en tiempos, postulara una defensa dinámica de Francia frente a Alemania, basada en la caballería mecanizada de los carros de combate, y no meramente estática como la que podía ofrecer la pronto superada línea Maginot, así como -recordemos- recomendara terminantemente (el fantasma de Dien-Bien-Phu en la memoria) ya al mismo presidente Kennedy, desde su primer viaje a París: “Abandonen Vietnam”. Esta visión de futuro propia de los grandes líderes políticos ante los desafíos de la Historia afloraría igualmente en su no empecinamiento colonial ante la sangrante cuestión de Argelia. Memorable figura la del general De Gaulle, penacho de eficaz y difícil gallardía en un momento de postración y oprobio para su país.

Los que ya peinamos canas, recordamos la jubilosa fruición de tantos compañeros nuestros de la izquierda universitaria, cuando uno de los coautores de la victoria del 45 y fundador del sistema que mayor estabilidad y riqueza brindara a Francia, y al que previamente en la mayoría de los medios izquierdistas se tachara de autócrata, dimitió olímpicamente cuando perdió un mero referéndum de carácter regional, retirándose a su Colombey-les-Deux-Églises. Permítasenos recordar aquí el postrer viaje que el general emprendió en su visita a España, cuando, hospedándose en el parador de Santa Catalina, en Jaén, llevado del interés militar, visitó los campos de la batalla de Bailén para luego entrevistarse con el general Franco en Madrid y cumplir una muy europeísta visita al apóstol en Santiago de Compostela, si mal no recordamos.

Otras reflexiones del profesor Cuenca en esta primera sección del libro versarán sobre la parcialísima visión que sobre la China comunista tuvieran los jóvenes universitarios españoles en los años en que ésta estuviera regida despóticamente por su “Gran Timonel”, y que nosotros recordamos cómo suscitara en la juventud estudiosa de nuestros tiempos un estólido fervor y torpe admiración política, reñida con la ciega crueldad y retraso que produjo la llamada Revolución Cultural. (En la vecina Francia se sufrió idéntica moda juvenil entre las hornadas universitarias del Mayo del 68).

Por otra parte, la inmensa Rusia suscitará otra serie de afinados comentarios sobre la valoración que ésta tuvo en los intelectuales españoles durante el pasado siglo, con un positivo acercamiento crítico a la decisiva figura de Vladimir Putin, su actual líder, e interesantes reflexiones sobre la recristianización de la Santa Rusia, cuyo pasado férvidamente religioso le llevara a autotitularse la “tercera Roma”. Con todo convencimiento el antiguo dirigente comunista Putin se considerará, para sorpresa de muchos en Occidente, heredero de esa especie de secular nacionalismo político-religioso que ha impregnado de siempre la vida en el antiguo Imperio de los zares.

Otros artículos están dedicados a valorar el permanente divorcio, a pesar de su estrecha y peninsular vecindad geográfica, de dos naciones de paralela peripecia historia, pero a la vez psicológicamente tan diferentes en el carácter de sus naturales, frente “al sueño mágico y esplendente que los buenos e ilusionados progresistas de mediados del XIX denominaron la Unión Ibérica”. Quizá sea el mutuo intercambio turístico la única señal positiva hoy de intercambio entre tan dilatado distanciamiento.

“España. Historia y política” se titula la segunda sección del libro. En ella se indagará en las raíces del liberalismo español, en la política de la época de Fernando VII e Isabel II, y de la Segunda República, así como en la patrimonialización de la misma República por los partidos de la izquierda. En “La Segunda República y sus poetas”, Cuenca Toribio nos ofrece unas interesantes reflexiones, partiendo de la iluminadora “Correspondencia (1923-1951)” entre Pedro Salinas y Jorge Guillén, valorando con tino un testimonio y cierto, aunque nefasto, vaticinio al respecto del mismo Salinas “de absoluto valor historiográfico, como nos dirá en carta del 2 de abril de1931: “Estamos hoy en España en un estado espiritual de guerra civil. Y creo que pronto se llegará al estado real. Creo que la monarquía va hacia su fin al galope. Este Gobierno está ya gastado y desacreditado. La crisis de autoridad es absoluta. Preveo para antes de tres meses la República, traída, como desde el primer momento por la contumacia del monarquismo. Pero entonces es cuando la situación se hará más grave. Esa República no tiene viabilidad, ni por sus amigos ni por sus enemigos”.

Seguirán una serie de reflexiones y comentarios sobre la tragedia de guerra civil, la feliz Transición y la Constitución de 1978, de la que, ya en 2018, “alcanzado el objetivo, comenzaron a aflorar discrepancias y antagonismos de mil suertes. Reaparecieron los términos de vencedores y vencidos y los frutos entrojados en la gran cosecha del hoy llamado por sus enemigos “Régimen del 78” se zocatearon, con pérdida considerable para una convivencia de progreso y modernización”. Otros fenómenos de nuestra vida política como la aparición de “Podemos” merecen igualmente la atención de nuestro historiador con interesantes e irónicas reflexiones sobre las llamadas “Comisiones de la Verdad”, con las que los arduos problemas que suele plantear la libre elucidación e investigación históricas quedarían definitiva e irrevocablemente resueltos por estos improvisados dictadores de la verdad.

Una peculiar calidez y empatía, muestran sus reflexiones sobre la actual sociedad española, con un cordial y sincero “chequeo a la buena gente de España”, en donde aparecen el amor por nuestra diversa geografía y la general amabilidad de sus gentes populares y sencillas, eficaces cumplidoras de sus laboriosos deberes diarios, por los que construyen día a día España con la indefectible dignidad de su trabajo, desde la atención de quienes prestan sus servicios en el ferrocarril a la humilde mujer de la limpieza, el taxista servicial o el mozo de estación, con una entrañable y casi añorante elegía por el ocaso de la antigua RENFE, que nos hacía conocer, con eficacia o lentitud según pintara el día, los diversos paisajes y gentes de nuestra España, como en su tiempo los descubrieran los hombres del 98, que tanto nos enseñaran a amar la diversa geografía de nuestros campos y regiones. Frente a cierta opinión adversa del gremio del taxi en buena parte del público, no sin un punto de eutrapelia, nos aporta el historiador periodista una tajante reflexión, que le suministrara un conspicuo integrante del gremio: “Criticar a los taxistas equivale a criticar a la sociedad española, pues nosotros somos el reflejo y la expresión de la colectividad”.

Educación y Cultura

Bajo el título común de “Escándalo, incompetencia e impunidad” y a lo largo de una serie de cinco artículos encadena el profesor Cuenca una noble reivindicación de los que él considera sus maestros y de otros notables figuras de la intelectualidad pretérita frente al indocto sectarismo de autores como Gregorio Morán Suárez, “impulsado por la obligación ineludible de devolver parte de su vera efigie a figuras destacadas de la vida cultural española de la segunda mitad de la centuria pasada deturpadas en las páginas de la escandalosa obra “El cura y los mandarines…” Una vez más, el que fuera decano de nuestra Facultad de Letras reivindica aquella positiva y fecunda “vegetación del páramo” que un ilustre pensador descubriera y pusiera en valor frente a quienes dictaminaran la presunta desertización cultural de nuestro país durante el régimen anterior.

Personalidades fundamentales en dicho régimen como Ramón Serrano Suñer o Joaquín Ruiz-Jiménez, entre otras de notable proyección nacional, o de la democracia presente como Julio Anguita, no faltan en la última sección del libro, bajo el título abarcador de “Los protagonistas”.

A un nivel más próximo y local, nos emociona leer el entrañable recuerdo a dos brillantes profesores de nuestra entonces juvenil Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, recientemente desaparecidos, compañeros de claustro de quien escribe estas líneas: Pilar Moraleda, titular de Literatura Española, exigente estudiosa de la obra del poeta Pedro Salinas, y Fernando Rivera Cárdenas, titular de Lengua Española, amigo y compañero de tantos años de vivencias compartidas, sin olvidar al jesuita Feliciano Delgado, venerado guía intelectual de todos aquellos jóvenes profesores que nos incorporamos al entonces naciente Colegio Universitario de nuestra ciudad; todos estos muy queridos profesores y compañeros de claustro recaban igualmente la atención de este historiador, con vocación también de periodista y testigo de su tiempo, quien fuera durante un dilatado y fecundo período, primer decano de nuestra entonces joven Facultad, en la que, desde el curso 1973-74, hemos pasado más de cuatro décadas, acogidos al hospitalario recinto que fundara el Cardenal Salazar.

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