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Novela

Chuck Palahniuk: El Día del Ajuste

domingo 12 de septiembre de 2021, 19:17h
Chuck Palahniuk: El Día del Ajuste

Traducción de Javier Calvo. Literatura Random House. Barcelona, 2021. 400 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 9, 99 €. El autor de la mítica El Club de la lucha nos ofrece en su última novela una salvaje distopía en una sátira de la actual sociedad norteamericana. Un Palahniuk, siempre provocador, en estado puro. Por Soledad Garaizábal

El Día del Ajuste es una distopía brutal que hiela la sangre con su crudo realismo y congela la mueca al lector. Delirante, sorprendente, terrorífica, la última obra nacida de la mente de Chuck Palahniuk (Pasco, Washington, 1962) no deja títere con cabeza. El autor, famoso internacionalmente desde que el director David Fincher despidiera el siglo XX llevando al cine su novela El Club de la lucha (1996), da un paso más en su estrategia de provocación y vuelve a sorprendernos con su inigualable talento para rastrear y localizar las profundas grietas que amenazan el sistema.

Sus novelas, y ya van doce, -Monstruos invisibles, Asfixia, Nana , Snuff, Eres hermosa, Maldita, entre las más conocidas - parecen concebidas como artefactos perfectos para hacer saltar todo por los aires, como incendiarios cócteles molotov, como auténticas bombas de relojería diseñadas para ser depositadas entre los cimientos del mundo democrático capitalista actual y provocar una explosión tan brutal que produzca el inevitable fallo multiorgánico de la sociedad.

Si hace dos décadas Chuck Palahniuk nos daba a conocer a su protagonista en El Club de la lucha, Tyler Durden, y nos hablaba de una comunidad secreta a través de la cual los jóvenes podrían canalizar y liberarse de sus frustraciones personales, ahora amplía al alcance de sus objetivos, ajusta su capacidad crítica, afila su sarcasmo y nos presenta a Talbott Reynolds, que lidera ideológicamente una rebelión mucho más ambiciosa. Talbott ha escrito un libro que se distribuye clandestinamente entre las capas menos favorecidas de la sociedad, un libro de cubierta azul marino y título grabado en letras doradas que recuerda al Libro Rojo de Mao y al Mein Kampf de Hitler, detalla los principios vertebradores que regirán el nuevo orden social y llama a la violencia como única manera de alcanzarlo.

Mientras, se actualiza a un ritmo vertiginoso y mediante votación vía internet, la lista de “Los más odiados de América”, que recoge los nombres de políticos eternamente apoltronados en sus sillones, empresarios explotadores o líderes de opinión expertos en el arte de adormecer los deseos y la ambición de la juventud. Ajenos a la rebelión que empieza a fraguarse, esta élite política, mediática e intelectual sigue disfrutando de sus privilegios mientras una ingente cantidad de jóvenes se retroalimentan de rencor y sed de justicia, inspirados por las enseñanzas de Talbott y con la determinación de hacerse con el poder.

“… Antes de que este libro fuera un libro, fue el sueño de Walter Baines”, y de Garret Dawson, de Jamal, de Bing y Esteban, de Charlie, de todos los personajes que conforman esta obra coral y multifocal en la que los de abajo se apropiarán de las mansiones y dormirán sobre mullidos colchones el sueño de la venganza cruenta. Convertidos en líderes de sus respectivos “linajes”, llevan a la práctica las teorías de Talbott, articuladas en principios como “tenemos que matar a quienes quieren que nos matemos entre nosotros”.

Las fracturas identitarias que amenazan la cohesión nacional terminan por resquebrajarla. Mediante la promulgación de la “Declaración de Interdependencia”, inmediatamente después del “Día del Ajuste”, se garantiza el respeto mutuo entre las razas y preferencias sexuales por medio de leyes de “Reubicación Nacional”. Se canaliza así la diferencia. Los “nuevos estados desunidos de América”, representados por el “Consejo de las Tribus”, fabrican su propio papel moneda, que se deshace al cabo de unos días. Todas las televisiones empiezan a emitir, como única programación, los preceptos de Talbott.

Después del baño de sangre, el país quedará dividido en tres grandes, aislados y únicos estados: al norte se ubicará Caucasia, poblado por blancos machistas anclados en un orden casi feudal, dedicados a la agricultura y a la labor reproductiva. En Gaysia vivirán los homosexuales, trans y todas las personas que pertenezcan a la comunidad LGTBI, quedando prohibido el sexo heterosexual. La comunidad con ascendencia afroamericana habitará Negrotopía, estado que pronto se desarrollará económicamente gracias a una tecnología muy avanzada que los ciudadanos de color han sabido ocultar durante siglos a los ojos de los dominadores blancos. Los inevitables desajustes no se hacen esperar.

Palahniuk pone el dedo en la llaga describiendo los bandos enfrentados que conforman la pluralidad política y social de Estados Unidos. No conoce límites en la violencia y el sexo, explora los caminos más retorcidos para activar los hilos del humor, abusa de la sangre, deforma la realidad hasta la monstruosidad, retuerce, horroriza, provoca casi la arcada, se deja llevar por el delirio de millones de orejas cortadas y zanjas repletas de cadáveres, pero hay que reconocer que se mantiene en forma a la hora de impactar y que se adelantó por meses a las acontecimientos del pasado 6 de enero, cuando una horda de exaltados extremistas ocupó violentamente el Capitolio. Hay algo que asusta en su novela, que incomoda profundamente, y es que este salvajismo revanchista, lleno de rabia y crispación, acabe siendo también profético.

Como en otras distopías, lo que sobre el papel parecen “acertadas soluciones”, se convierte en macabra realidad. El Día del Ajuste tiene mucho de 1984, Rebelión en la Granja, Un mundo feliz o Farenheit 451, aunque sus personajes nos resultan tan contemporáneos, tan representativos de los estereotipos circundantes, que la nueva novela de Palahniuk aterroriza mucho más. Allí están el veinteañero fumado sin horizontes, el obrero alienado, el profesor universitario medioambientalista, la atractiva jovencita acosada por manadas de hombres… una decena de personajes apenas esbozados que cumplen su papel de representación de la pluralidad en este delirio salvaje de crítica social, botones de muestra para ejemplarizar la frustración masiva contemporánea.

También varía el público al que la obra parece ir dirigida. Palahniuk es seguido e idolatrado por miles de incondicionales, en su mayoría miembros de la generación que alcanzaba la mayoría de edad con el cambio de milenio, criados a la vez que se desarrollaba vertiginosamente la comunicación digital, se disparaba el culto al cuerpo, se escuchaba música grunge y se disfrutaba con las películas de Tarantino. Los que ya lo han visto casi todo y valoran, en primer lugar, la capacidad de algunos privilegiados creadores para seguir sorprendiendo y para conseguir que acabes riéndote a carcajadas en medio de la irracional batalla.

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