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Ensayo

Michel Houellebec: H. P. Lovecraft

lunes 08 de noviembre de 2021, 00:03h
Michel Houellebec: H. P. Lovecraft

Prólogo de Stephen King. Traducción de Encarna Castejón. Anagrama. Barcelona, 2021. 128 páginas. 17,90 €.

Por Adrián Sanmartín

“Toda literatura, pero en particular la literatura de lo extraño y lo fantástico, es una cueva en la que tanto lectores como escritores se esconden de la vida. [...] Es solo en esas cuevas, en esos lugares de cobijo, donde nos lamemos las heridas y nos preparamos para la siguiente batalla en el mundo real”, apunta Stephen King, en el prólogo a este extraordinario ensayo, que reúne a un trío de ases: su autor, Michel Houllebecq, su protagonista, H. P. Lovecraft, y su prologuista, auténtico rey del escalofrío.

Con gran acierto, Anagrama, que cuenta en su catálogo con buena parte de la obra del escritor galo, recupera esta propuesta de Houllebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, 1958), enfant terrible de las letras europeas, siempre acompañado por la polémica, que resulta tan personal como sugerente. Como no podía ser de otra forma, no estamos ante una biografía al uso ni ante un estudio académico del gran innovador del género de terror, adalid del horror cósmico, que creó una mitología propia, formada en torno a los extraños mitos de Cthulhu. El propio Houllebecq nos da una pista: “Descubrí los cuentos de Lovecraft a la edad de dieciséis años, y me sumergí de inmediato en todas sus obras en francés [...]. Con la distancia, creo que escribí este libro como si fuera una especie de primera novela. Una novela con un solo personaje (el propio H. P. Lovecraft); una novela obligada a que todos los hechos relatados, todos los textos citados fueran exactos; pero, aun así, una especie de novela”.

Houllebecq aborda, con una gran perspicacia y lucidez, los asuntos que rodean a la figura, la cosmovisión y la obra de Lovecraft. Así, entre otros, su materialismo -que fue, nos confiesa, lo primero que le sorprendió-; su racismo, “convencido de la superioridad de sus orígenes anglosajones”; su compleja personalidad, para él “la edad adulta es el infierno”; su coqueteo con la locura; su enorme capacidad y fuerza como inventor de universos; su carácter visionario y su prodigioso estilo. Y, sobre todo, como bien nos adelanta el subtítulo del ensayo, Contra el mundo, contra la vida, que “Lovecraft sabe que no tiene nada ver con este mundo. Y siempre sale perdiendo. Tanto en la teoría como en la práctica. Ha perdido la infancia, también la fe. El mundo le asquea, y no ve motivo alguno para suponer que las cosas pudieran ser de otro modo si mirase con más atención. [...]. Lovecraft es muy consciente del carácter obviamente deprimente de sus conclusiones”.

Y sentencia el autor de Serotonina: “Es obvio que la vida no tiene sentido. Pero tampoco la muerte. Y es una de las cosas que hielan la sangre cuando uno descubre el universo de Lovecraft”.

De esta forma, este trabajo de Houllebecq encierra una doble interesantísima dirección. Su investigación ilumina nuestro conocimiento de Lovecraft, pero a la vez, y en no menor medida, el del propio Houllebec. Dos escritores fascinantes frente a frente.

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