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ORIENT EXPRESS

“Glória” y la guerra fría en Portugal

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 28 de noviembre de 2021, 18:32h

La plataforma Netflix ha estrenado “Glória”, una serie de 10 capítulos ambientada en la Guerra Fría. Portugal, 1968. Un joven ingeniero llega a trabajar a RARET, una emisora integrada en la red de Radio Free Europe (RFE) y que retransmite desde el pueblo de Glória do Ribatejo para los países del otro lado del Telón de Acero. La trama es algo confusa en algunos momentos, pero en general combina todos los elementos del género de espías: agentes del KGB, la CIE y la PIDE -la Policía Internacional y de Defensa del Estado, que combatía las actividades comunistas en tiempos de Salazar y Caetano- y una buena dosis de intriga. Naturalmente, también contiene todos los tópicos de las producciones de Netflix, empezando por el sesgo ideológico. Si hay algún “bueno” en esta historia, son los comunistas.

Ahora bien, salvado el adoctrinamiento progresista frecuente en las producciones de esta plataforma, “Glória” es una producción muy interesante.

En primer lugar, muestra un frente de batalla entre el mundo libre y el bloque soviético que, a menudo, se soslaya: el de las ondas. Desde que el National Committee for a Free Europe -en realidad, una tapadera de la CIA- fundase en 1949 la emisora RFE, el espacio radioeléctrico se convirtió en el escenario de una guerra propagandística. Se trataba de romper la férrea censura de los países comunistas. Naturalmente, los soviéticos y sus aliados intentaban impedirlo. Unos emitían. Los otros interferían las emisiones. Unos emitían grabaciones de entrevistas y testimonios de disidentes. Los otros interceptaban las cintas y las destruían. La serie refleja bastante bien esta pugna.

No debe minusvalorarse el papel de RFE en el combate contra el comunismo. Por ejemplo, la emisora desempeñó un papel muy importante en los años previos a la Revolución Húngara de 1956. A través de sus emisiones, se desenmascaraba, por ejemplo, a informadores y colaboradores de la policía política ÁVH, la siniestra Autoridad de Protección del Estado que mandaba Gábor Péter. Fue RFE la que alentó las esperanzas de que Occidente enviaría auxilio a los revolucionarios. Sus contenidos pretendían desestabilizar las llamadas “democracias populares” -huelga decir que no tenían nada de democráticas- moviendo a la deserción, la disidencia y la resistencia pasiva. El ejemplo de RFE lo seguiría, por ejemplo, La voz de los árabes, fundada por el régimen de Nasser en Egipto en 1953 y cuya influencia en el mundo árabe era formidable.

Otro aspecto del que se habla poco y que aparece en Glória fue la duplicidad de la política estadounidense hacia su aliado portugués. Henrique Vidal, el ministro al que da vida Marcello Urgeghe, hace referencia varias veces al apoyo de la Casa Blanca a los rebeldes en Angola y Mozambique. Los mismos que requerían ayuda portuguesa para combatir a los comunistas socavaban el dominio portugués en los territorios de Ultramar, que era lo mismo que hacían los soviéticos y los cubanos. El Portugal “desde el Miño hasta Timor” defendió su territorio tanto en el plano militar como en el político. En ambos, chocó con la política estadounidense, que necesitaba el hundimiento de los imperios europeos para construir el suyo.

“Glória” es, pues, una serie que puede verse sin caer intoxicado por el “capitalismo woke” habitual en las producciones de Netflix. La dirección de actores tiene detalles estupendos -no se pierdan la interpretación de Leonor Silveira como Macarena Vidal- y hay algunos giros de guion notables. Otras cosas son más previsibles, como la maldad y la brutalidad de los agentes de la PIDE. En comparación con los comunistas, por supuesto, los “pidistas” -asís se llamaban- salen muy mal parados. No es sorprendente. A fin de cuentas, se trata de Netflix.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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