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Novela

Ledicia Costas: Golpes de luz

lunes 06 de diciembre de 2021, 10:33h
Ledicia Costas: Golpes de luz

Destino. Barcelona, 2021. 286 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Aránzazu Miró

Golpes de luz es la segunda novela de Ledicia Costas, conocida como autora de literatura infantil, ámbito donde ha obtenido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Con Infamia dio el salto a la novela logrando no solo el aprecio de los críticos sino, lo que es más importante, el de los lectores. Con Golpes de luz regresa de nuevo a territorio gallego y al gran tema que ha influido en su vida social, la terrible huella que el narcotráfico dejó en Galicia en los ochenta y noventa del siglo pasado, indagando en los efectos que han marcado a las diversas generaciones de una misma familia.

La novela la narran los tres miembros de una misma familia de una forma coral. Luz, la abuela de Sebas y madre de Julia se reencuentran en la casa familiar en el entorno rural de Vigo, donde la periodista Julia y su hijo se establecen tras el divorcio de esta y la huida de Madrid que este provoca. Sus respectivas voces, claramente diversificadas en la escritura, se repartirán la narración de la novela, en una alternancia ordenada de capítulos.

El trasfondo será el interés de Julia en escribir sobre el tráfico de droga en Galicia, reconvertido en una propuesta de reportaje periodístico que le sirve como excusa para adentrarse en su pasado en el intento de averiguar la historia de su padre, desaparecido de su vida cuando era niña sin dejar rastro y sin obtener de su madre ninguna explicación.

La novela recorre los efectos del narcotráfico en la vida de aquel entonces y la huella actual, trasmutada en un silencio táctico que no genere nuevos problemas. Pero el interés radica en el reflejo del mundo interior de cada uno de los personajes y la distinta manera de vivir sus conflictos, todos deudores de esa desaparición del padre y el pretendido encubrimiento de la realidad y sus sentimientos.

Luz, la abuela, es una mujer septuagenaria que cumplirá los ochenta en el transcurso de la novela, muy bien caracterizada en un inicio de deterioro cognitivo, con sus momentos de lucidez plena, sus iniciales obsesiones agresivas y su dejarse llevar por el desconcierto en otros, que cada uno de los personajes interpreta y explica desde su propia afectación. En los capítulos que narra ella, aparece un cuarto personaje, su propia madre, en forma de espíritu con el que Luz establece un diálogo interior que se entremezcla en su narración e incluso en sus diálogos. Es la voz que se expresa con mayor autenticidad.

El niño Sebas alcanza una intensa fuerza narrativa, desde el entendimiento profundo con su abuela, a quien junto con sus inseparables amigos identifican como Thor, el Dios Trueno superhéroe de Marvel. Tiene un gran papel en el proceso de desenmascaramiento de la urdimbre que en el fondo se enreda demasiado -porque al tema principal se añaden los efectos psicológicos de un divorcio, el bullying, la obesidad infantil, el maltrato de género, los abusos...-, aunque en algunos momentos la capacidad de comprensión de la realidad desde su mente de diez años pierda credibilidad.

La periodista Julia, enviada por su madre a estudiar a Madrid y donde se había asentado y casado, es la voz narrativamente más neutra, mientras se ocupa de enlazar la intriga hasta su resolución, donde al fin surge su vena psicológica más profunda. Para mostrarnos el final, deviene en una nueva voz que no consigo situar en el proceso. Y es que se destapan tantos hilos psicológicos y de intriga que cuesta reencauzarlos todos para llegar a un final unificado. Ya lo dice Julia: «El desenlace se retuerce como una víbora», que efectivamente concluirá con un «ganamos nosotras» desde la parte femenina y un «me encanta ser un niño. Quiero quedarme aquí para siempre» en la voz de Sebas. Un final, quizá, demasiado feliz.

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