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Aforismos

Juan Varo: El demonio meridiano

domingo 12 de diciembre de 2021, 20:54h
Juan Varo: El demonio meridiano

Cuadernos del Vigía. Madrid, 2021. 80 páginas. 12 €.

Por Virgilio Cara

El demonio meridiano es el cuarto libro de aforismos del profesor y escritor Juan Varo Zafra. De los anteriores, Jugador de ventaja (Colección Genil, Diputación de Granada, 2000), Desaforado (Alhulia, 2002) y Mudo pez en el mar (Ediciones de aquí, 2011) se editó una selección de textos en la antología Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (1980-2012) (Ediciones Trea, 2013), preparada y prologada por José Ramón González, en cuya Introducción se señalan, también, algunas de las reflexiones teóricas del autor sobre el género aforístico.

Según afirma el propio Juan Varo en una reciente entrevista, frente a los libros anteriores, El demonio meridiano “se ha ido construyendo por decantación a lo largo de varios años, sin una estructura o hilo conductor definido, salvo este carácter accidental que está presente en todo el texto”, idea que parte del encuentro fortuito, como un hallazgo epifánico, concepto que también puede encontrarse en la naturaleza del mismo aforismo, con “los Ricordi de Francesco Guicciardini, una obra insólita [...] compuesta por una serie de breves recuerdos de su vida diplomática sobre los que reflexiona, pasados los años, entre el desencanto y la nostalgia”. Varo reconoce haberse entusiasmado con “el concepto de ‘accidente’ que conduce el libro, como [...] el modo en que la experiencia contradice la regla, pero al mismo tiempo la retiene, aunque salvándola en el escepticismo y la melancolía". Así, los aforismos del conjunto, liberados de “lo anecdótico, del recuerdo extenso o del proceso reflexivo” se revelan “más breves, más tensos, quizá menos líricos” a los que pueden leerse en los libros anteriores.

El Demonio meridiano supone, por tanto, el resultado práctico de un proceso reflexivo en torno a un género que ocupa un espacio fronterizo entre la literatura y la filosofía, entre la prosa de pensamiento y la poesía, del que la crítica no ha establecido aún unos límites exactos y que ha llevado a escribir a Umberto Eco sobre la dificultad de definir este tipo de expresión literaria minoritaria que, sin embargo, en los últimos años está experimentando una expansión continua y cada vez más visible.

En consecuencia y, coherente con sus aportaciones a la teoría del género, Juan Varo, que asume en gran parte de sus aforismos las fórmulas clásicas derivadas de la condensación verbal, sintáctica y léxica y de la absoluta apertura semántica y capacidad expresiva y proyectiva de los textos, procura convertir los suyos en “un conjunto de respuestas a las que hay que poner las preguntas que les corresponden” y en los que cobran especial importancia los huecos, aquello que no se dice, pero que continuamente, como un eco, va enlazando y unificando el universo aparentemente fragmentado que nos propone el libro.

Para resolver esa aparente contradicción entre el carácter asertivo del aforismo y su necesidad de provocar y autorizar el pensamiento del lector, Varo se valdrá de recursos lingüísticos y retóricos que giran, como se ve en los aforismos que citamos a continuación, alrededor de la fórmula antitética, la ironía, la paradoja, el oxímoron, la inversión, el doble sentido o la paranomasia con el fin de deambular sobre unos temas que, según reconoce el autor, son similares a los que ya aparecían en los anteriores libros: la dificultad de estar en el mundo: “El infierno es la memoria de los demás”, la prudencia: “Nos esforzamos más en conseguir lo que soñamos que en procurar que nuestros sueños sean dignos”, las relaciones familiares y de amistad: “Los enemigos de uno en uno; los amigos también”, el sentimiento elegíaco del paso del tiempo: “Lo natural en el hombre es irse; solo regresan los que olvidan”, la obsesión por la literatura: “La Teoría de la literatura tiene algo del gesto vil de golpear a un muerto”, el sueño y el insomnio: “Hay algo más devastador que el insomnio prolongado durante décadas: la pesadilla recurrente en la que el soñador se ve a sí mismo como insomne, dando vueltas en la cama, azotado por la ansiedad, el remordimiento y la desesperación” o el humor: “Lo que no nos mata es porque no puede”…

Un demonio meridiano, en fin, dirigido a la inteligencia que, gracias a sus enormes dosis de humor y de ironía y a la brillantez de sus imágenes verbales, más que a la pereza, empuja al lector a una actividad mental que no pocas veces desembocará en la sorpresa conceptual y en la emoción de la sonrisa.

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