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ÓPERA

La bohéme vuelve al Teatro Real con público entregado y optimista

lunes 13 de diciembre de 2021, 13:55h

Un público receptivo y entregado recibió el domingo el reestreno de La Bohème, la misma producción con otro elenco de cantantes que vino al Teatro Real durante la temporada 2017-2018. En la producción colaboran la Royal Opera House de Londres y la Lyric Opera de Chicago, mientras que la escena sigue siendo del británico Richard Jones (la responsable de la reposición es la alemana Julia Burbach). No obstante, esta vez la batuta corre a cargo de Nicola Luisotti -director asociado del Teatro Real desde 2017-, que comparte la dirección con el gallego Luis Miguel Méndez.


  • Foto: Teatro Real


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Mucho puede decirse todavía, además de lo comentado en su día, sobre la que viene siendo desde hace muchas décadas la obra más programada en las salas de ópera (posición solo disputada por Carmen, de Bizet). Pero si hay alguna cualidad que deba destacarse en La Bohème sobre el resto, esta es su modernidad, no comprendida en su momento cuando, con ocasión de su estreno en 1896 en el Teatro Regio de Turín, fue calificada por La Gazzetta Piemontese como “aberración momentánea” que debería empujar al autor, sin más vacilaciones, a acometer “el camino del arte verdadero”.

Pues bien, como ha indicado el crítico y periodista Juan Lucas, de quien procede la anterior cita, La Bohème ocupa ciento veinte años después de su estreno el primer lugar en la programación operística y esto se debe a que el genio de Luca intuyó “con precisión de zahorí los caminos por los que transcurriría la modernidad en el siglo XX”, iniciando, junto con Mahler, una revolución en la concepción de la obra que imponía la idea de ésta como una cristalización del imaginario colectivo, frente a la imagen anterior del artista como pionero solitario de altos horizontes ideales.

Sí. Puccini tuvo esa intuición; sintió ese palpito que latía en los corazones humanos en el momento en el que le tocó componer, al igual que antes lo había hecho Wagner, solo que el italiano lo comprendió con una inteligencia decididamente meridional, con un corazón que hizo que los sentimientos puestos en boca de los personajes, de un evidente verismo -aunque su obra no comparta todas las características del citado movimiento- pese a ser románticos todavía, colmaran las expectativas del público de la siguiente centuria y lo sigan haciendo hoy. La Bohème (1896), basada en la novela de Henri Murger Scènes de la vie Bohème, fue compuesta sobre libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, que también escribirían los libretos de sus dos óperas siguientes, Tosca (1900) y Madama Butterfly (1904); operas, las tres citadas, que coinciden con el que ha sido calificado como el mayor y mejor período creativo del compositor.

Ahondando un poco más en lo dicho, ¿en qué consiste la aludida inteligencia meridional o latina de Puccini? A diferencia de Wagner, que dotaba a seres mitológicos de sentimientos corrientes, el italiano dota de sentimientos humanos corrientes a seres corrientes. Puccini también describe a los personajes y hace avanzar la acción mediante contrastes. Si se repasa el argumento, en el Acto I, por ejemplo, una débil, modesta y enferma Mimì se presenta a Rodolfo -que vive con otros artistas en la buhardilla del edificio de pisos que todos alquilan-, un poeta alegre y apasionado de la vida. Mimì además es el prototipo de mujer opuesto al de Musette (ésta hace su aparición en el Acto II), la otra mujer protagonista, alegre e histriónica. En realidad, Puccini antepone todos los personajes entre sí; también las dos parejas de la ópera: la relación entre Mimì y Rodolfo, de un romanticismo clásico, contrasta con la atormentada relación entre Marcelo y Musette (esta tiene a la vez otra relación).

Pero Puccini no sólo perfila el carácter de los personajes mediante el diálogo, sino también -y esto es decisivo en nuestro compositor- mediante la música; sirviéndose de las distintas tonalidades, del modo mayor o menor o de la amplitud del registro de notas para perfilar su carácter. Así, la ausencia de coloratura, el modesto rango vocal -de unas dos octavas solamente- o el dramatismo requerido en determinados pasajes para Mimì contrastan con la profusión de escalas y mayor acrobacia vocal requeridas para la frívola y desinhibida Musette. Por ejemplo, para presentar a Rodolfo, Puccini se sirve de una rápida y luminosa escala ascendente en Re bemol mayor (considerada como majestuosa por Berlioz), que contrasta con la finalización en Si menor de la célebre aria: “Sì. Mi chiamano Mimì”, de su compañera de reparto. El maestro toscano también procede como Wagner al atribuir a cada personaje principal un leitmotiv, es decir, una melodía que le precede o le identifica. Los anteriores son unos mínimos ejemplos del magisterio con el que Puccini expone todo el material melódico y armónico, ya desde el Acto I, para luego ir desplegándolo a lo largo de la obra (esto lo ha explicado extraordinariamente bien el musicólogo José Luis Téllez). En definitiva, si pudiera prescindirse del libreto, el estado de ánimo del espectador debería de ir pasando, solo con la música, por las distintas situaciones que la obra describe.

Finalmente, en el plano argumental, el compositor se sirve constantemente del contraste entre situaciones para lograr que la acción avance, no de forma monolítica en números cerrados como en la ópera tradicional, sino como un drama continuo, anticipándose en esto al cine y a la cultura de masas. Uno de los contrastes situacionales más fuertes y que más hondo cala en el ánimo del espectador se da en el último Acto, el IV: los dos bohemios, Rodolfo y Marcelo, fanfarronean con sus amigos en la buhardilla y fingen despreocupados no echar de menos a sus novias, cuando Mimì se encuentra en realidad moribunda, como enseguida vendrá a anunciar Musette.

En cuanto a los cantantes que intervinieron el domingo en el estreno de esta reposición, el personaje de Mimì fue interpretado por la albanesa Ermonela Jaho. Esta soprano lírica, becada a los 19 años para estudiar con Katia Ricciarelli en Mantua antes de completar sus estudios en la Accademia Nazionale di Santa Cecilia de Roma, es una reconocida intérprete de Violetta de La Traviata, aunque también ha cantado papeles más dramáticos como la Desdemona de Otello, Madama Butterfly o Adriana Lecouvreur. En el estreno del domingo, pese a cierta incomodidad y un vibrato bastante acusado en los pasajes centrales, Jaho mostró unos agudos bellísimos y muy luminosos. También se lució en aquellos pasajes más intimistas, como el del Acto III, lo que indica a las claras que esta soprano es una lírica pura, mientras que Puccini podría haber pensado para Mimì más en una lírico-spinto, como también el personaje de Rodolfo, su pareja escénica, parece estar concebido para un tenor lírico-spinto. Este papel corrió a cargo del estadounidense Michael Fabiano, tenor que hizo las delicias del público en los pasajes más dramáticos del personaje. Seguramente este tenor seguirá dando que hablar, aunque, en opinión de este diario, todavía debe despreocuparse un poco y dejarse llevar para bordar aquellos papeles para los que su voz está dotada, como el ya interpretado de Don José, de Carmen.

Como Marcelo cantó el también estadounidense Lucas Meachem. Este barítono tiene un timbre potente y seguro, como cabe deducir de su importante fisonomía. Ganador de un premio Grammy, ha sido Silvio de Pagliachi, pero también Figaro en Il barbiere di Siviglia y Don Giovanni en la ópera del mismo nombre.

En los papeles de los amigos de Rodolfo y Marcelo cantaron, como Schaunard, el barítono barcelonés Joan Martín-Royo y, como Colline, el bajo polaco Krzysztof Bączyk.

Como Musette, cantó la soprano zaragozana Ruth Iniesta. Esta lírico-ligera, ganadora de los Premios Líricos Campoamor y el Premio Codalario en 2015, ha sido Lucia de Lammermoor en la ópera homónima, Donna Anna de Don Giovanni, Micaëla de Carmen o Gilda de Rigoletto, papeles que se adaptan bien a su tesitura. Iniesta actuó francamente bien, tanto vocal como escénicamente. Finalmente, como Benoît, el casero de la finca, cantó el tenor barcelonés Vicenç Esteve y, como Alcindoro, el consejero estatal, el barítono italiano Roberto Accurso.

En esta producción han intervenido también el Coro y la Orquesta Titulares del Teatro Real y los Pequeños Cantores de la JORCAM.

Está previsto un doble reparto de cantantes, cuya composición es la siguiente: la soprano italiana Eleanora Buratto como Mimì, el tenor vizcaíno Andeka Gorrotxategi, como Rodolfo, el barítono polaco Andrzej Filończyk, como Marcelo, el barítono barcelonés Manel Esteve como Schaunard, el estadounidense Soloman Howard como Colline, la tinerfeña Raquel Lojendio como Musette y el tenor cordobés Pablo García-López como Benoît.

La Bohème se representará en el Teatro Real hasta el próximo 4 de enero.

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