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TRIBUNA

¿Los dueños de la democracia? ¿Desde cuándo?

lunes 13 de diciembre de 2021, 20:07h

Para George Bernard Shaw, la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos. Abraham Lincoln, consideraba que es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Borges, que también compartía la idea de Thomas Carlyle, la anatematizaba llamándola fraude provisto de urnas electorales y agregaba que es una mera superstición muy difundida; sobre todo, un abuso de la estadística. No menos benévolo y con el humor que le era propio, Sir Winston Churchill la calificaba como el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.

Sea como fuere y más acá o más allá de tantas célebres opiniones, debemos resignarnos, como se dice en España, a conformarnos con lo que hay, y la democracia es la mejor forma que representa. Por consiguiente atribuirse tal bien común no es solo un despropósito, sino, además, una demagogia de la peor especie y de la más baja calaña.

Democracia es garantía de libertad y justicia y ecuanimidad de convivencia. Sin democracia caemos en la dictadura, el oprobio del fascismo o el nazismo, el castrismo, el chavismo y tantas otras grotescas maneras totalitarias de gobernar a los pueblos. La democracia tiene tradición; mejor dicho, es tradición y todo lo demás que se nos ocurra endilgarle -aún con estética y buen criterio- como diría don Eugenio D’Ors, es plagio.

Sin embargo, siempre hay corrientes vulgares, por lo general de descalificada ideología, que la considera como un elemento propio o que se la apropia según modo y parecer, haciendo alarde que sólo lo que ellos piensan es democracia; todo lo demás cualquier cosa posible de calificar dentro de la jerga política, que puede llegar a ser ordinaria o desfachatada. Se trate de liberalismo, neo liberalismo, populismo, conservadurismo, comunismo, fascismo, neo fascismo, racismo, etc. Sin tener en cuenta que en la era de la cibernética, las ideologías ya están demodé y la única que cabe y existe en plenitud es la de internet, mal que nos pese.

Llamó así la atención, seguramente en todo el mundo, que uno de estos grupos; en este caso de vertiente populista, se la apropiara y la celebrara equidistante de todas las demás corporaciones. De tal manera, la jefa suprema de una de las corporaciones, con todo descaro, cuestionó las nuevas formas de persecución, culpando al periodismo de tales avances, y a los propios dirigentes del llamado campo popular de imponerse para hacerla suya “como les corresponde; porque democracia somos nosotros y no los enemigos del pueblo, que son ellos. Vale decir, todo el arco opositor a este Gobierno supuestamente justiciero, que paga a los jubilados un salario que no supera los 150 dólares”. En fin, todo muy al estilo Benito Mussolini, con un lenguaje orillero que, por otro lado, aterra a propios y ajenos, muy característico de los bajos fondos, que la llevó a exclamar, sin duda indignada desde su óptica “¡Que no se hagan los giles esos que van a la televisión a tirar números a la bartola!”, siguió en un tono crítico y agudizando su lenguaje, empezó a enumerar logros de sus años de gobierno con datos falsos como por ejemplo, que su gobierno había dejado la jubilación más alta de Latinoamérica (¿?). Y aquello otro que tenemos bien presente los que tenemos un poco de memoria, que el nivel de pobreza de la Argentina en el Gobierno de ella no superaba el 5 por ciento, teniendo una tasa más baja que la de Alemania.

Siguió después afirmando, muy suelta de cuerpo, que el llamado “frente popular” (en el actual caso el kirchnerismo), duplicó la clase media. “Le pese a quien le pese el peronismo entre 2002 a 2012 duplicó la clase media en la Argentina” (¿?). Esto hizo que se viviera uno de los momentos más fervorosos del acto de Plaza de Mayo. Y prosiguió: “Por más de que a alguno no le guste, o huela mal, los peronistas generamos más clase media que nadie. Que no me vengan con pavadas los giles”.

Luego, cada vez en un tono más chabacano, enfatizó que después de ella, “se hizo la noche otra vez para la Argentina”. Entonces la plaza empezó a cantar contra Mauricio Macri y salió entonces, con criterio supuestamente moderador, muy a lo maestra de segundo grado (con perdón a esas dignísimas maestras) a atemperar a los más fanáticos y exaltados, convocando a los excluido a una suerte de unidad nacional. “Nada de insultos a nadie. No, no, ya les dije... esas cosas no se hacen. Lo que hay que hacer es meter el voto en la urna razonablemente, pero nada de insultos a nadie”. Todo esto muy suelta de cuerpo, erigiéndose en la ecuménica campeona de la democracia.

Sí, por supuesto que vino la noche después (hay que reconocerlo también en Brasil y en Uruguay) donde, sin cuartelazo la insensibilidad social estuvo y está presente; pero no hubo un general a la cabeza que dispusiera de la voluntad popular bajo pena de muerte; muy a diferencia, claro está de lo que sucedía cuando éramos más jóvenes. A Lula, no lo desalojaron las botas, fueron togas de jueces y medios hegemónicos quienes marcaron el campo de juego, y luego fueron al banquillo para rendir cuentas de la correspondiente corrupción. Tampoco se trató de construir imágenes y juzgar en juicio populares; sino que se los llevó a los correspondientes juzgados; pasando primero por las denuncias del periodismo equidistante, que los difundió en los medios de comunicación e implantó el sello de justicia en democracia. Pero según esta líder, pretendidamente popular, dueña de cadenas hoteleras para lavar dinero, se puso ella misma el sello ante la Justicia. Porque, claro, “fueron los otros”, afirmó muy suelta de cuerpo, ensayando un paso de cumbia. Los que “nos condenaron” (¿?). Aunque, por supuesto, las pruebas están al canto y a disposición de cualquiera. Y si no que lo muestre con las jubilaciones de privilegio que cobra, que sumadas superan quizá cien veces a los de un jubilado común. ¡Qué grotesco, por Dios! ¡Y que descaro o que cara de piedra! ¡Ah, pobre Argentina con esta dirigencia!

Y se explayó amablemente con su autoridad de vulgar caudillo, en considerarse una perseguida política. Ella y todos los dirigentes del autodenominado “campo popular”. ¿Y los otros, los opositores, que no tienen fueros parlamentarios y se les prohíbe salir del país?

Aunque cueste creerlo, así son las cosas. La doctora Cristina Fernández de Kirchner, en su discurso previo al del otro Fernández, el Alberto, que ella ungió Presidente, acompañada en el escenario por “Lula” da Silva y “Pepe” Mujica, más que a la gente (a los partidarios) le habló a calzón quitado y le metió presión en la negociación con el FMI. Y volvió a enfatizar: “El FMI no nos va a venir a controlar las cuentas: cuánto ponemos, cuánto gastamos y cuánto sacamos. Necesitamos que el Fondo no ayude a recuperar los dólares de los paraísos fiscales adonde se los llevaron. Se han ido miles de millones de dólares en evasión (sin duda tiene razón; los de ella y su entorno entre otros; pero hay que agregar que también esto es debido a la soberbia cantidad de impuestos que se pagan en la Argentina, y ya superan los 190). Y suma y sigue, como dice un tango: “Presidente, comprométase a que cada dólar que encuentre en el exterior se lo vamos a dar primero al Fondo, de los que se la llevaron sin pagar impuestos” (y por casita cómo andamos, doctora con sus hoteles y demás empresitas familiares). Concluyendo a voz en cuello: “Que sea un punto de negociación es lo que exigimos”. Y lo llamó a convocar un gran acuerdo nacional “para decirle al FMI que no se va a aprobar ningún plan que no permita la recuperación económica”. Lo cual parece un chiste porque las demás corporaciones políticas estuvieron excluidas por los dueños de la democracia en la Argentina.

En momentos en los que el Gobierno negocia a contrarreloj para presentar el Presupuesto 2022 en el Congreso bajo acuerdo con el FMI, la doctora Vicepresidenta volvió a dejar claro el mensaje a su operador político, el ahora Presidente: “Los programas de hambre y las políticas de ajuste siempre colapsan. Nosotros tuvimos errores y equivocaciones, pero fueron 12 años de inclusión social y crecimiento económico” (¿?). ¡Qué gran macana, qué impunidad y falta de respeto! ¡Todos somos imbéciles ante esta doctora!

Además, la expresidenta, fiel a sus últimas apariciones mediáticas, le apuntó al macrismo, que tampoco es trigo limpio, a los jueces y a los medios hegemónicos: “A diferencia de lo que pasaba cuando éramos más jóvenes, cuando los gobiernos eran desalojados con uniformes y botas, vinieron con togas y medios hegemónicos, porque se juzga en los medios y se le pone el sello en la Justicia”, en referencia al Gobierno de Juntos por el Cambio post era kirchnerista; otros gestores que dejaron deuda y más deuda.

Una de las pretensiones más irritantes de estas diversas formas de Gobiernos mediocres que padecemos (llámense neoliberalismos o populismos a seca) es la de presentarse como salvadores de la Patria, sin tener en cuenta que, como bien dice Borges en su famoso poema, “nadie es la Patria”. Al tiempo que lo somos todos; hasta el humiles de los argentinos que habita en la región más remota de nuestro mapa.

En cuanto a la bendita Democracia. Repitamos el verso anterior cambiando una palabra: “nadie es la Democracia. Aunque todos los somos”. ¡Alerta compatriotas en qué manos estamos!

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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