El presunto espionaje del móvil de Pedro Sánchez podría derivar en un gravísimo escándalo si se confirman las sospechas de que Marruecos está detrás de esa intromisión “externa”. En tal caso, el presidente del Gobierno habría cambiado radicalmente la política española sobre el Sáhara ante el riesgo de que se filtrara la gran cantidad de datos extraídos de su teléfono. Quizás, el jefe del Ejecutivo poseía una información tan sensible, tan indigna, que tumbaría su carrera política. Y ante el escándalo, prefirió hocicar ante el chantaje y dejar al pueblo saharaui a su suerte para evitar ser laminado.
Según informa El Mundo, el prestigioso periódico británico The Guardian publica un informe sobre el programa de espionaje Pegasus que apunta a Marruecos como autor del espionaje a más de 200 móviles españoles que habrían sido seleccionados como objetivos de vigilancia. No es casual, que las fechas de los pinchazos en el teléfono de Sánchez se produjeran cuando España acogió secretamente al líder del Polisario para ser tratado en un hospital de Navarra y, posteriormente, una avalancha de emigrantes magrebíes tumbó la valla de Melilla para entrar en España.
Pedro Sánchez comparecerá en el Congreso obligado por la petición de sus socios parlamentarios, además del PP, Ciudadanos y Vox. Ese día, el presidente del Gobierno tendrá que aclarar las muchas incógnitas que planean sobre el presunto espionaje de su móvil. Y si se confirmara la autoría de Marruecos, no podrá eludir explicar con detenimiento si su radical cambio político sobre el Sáhara obedece a que el Reino alauí está en posesión de datos sensibles de su teléfono. Aunque sería iluso esperar que contara el contenido de esa ingente cantidad de documentos que le han robado. Pero se confirmarían las sospechas de que la información en manos de Marruecos le dejarían en evidencia. Trituraría su carrera política. Para empezar, porque habría traicionado al pueblo saharaui a cambio de salvar el pellejo.