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CRÓNICA TAURINA

Feria de San Isidro: Expectación y tremendismo. Toreo poco

Feria de San Isidro: Expectación y tremendismo. Toreo poco
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(Foto: EFE/Juanjo Martín)
viernes 20 de mayo de 2022, 11:20h

Mucha expectación con el cartel de Manzanares, Roca Rey y Fernando Adrián, finalista de la Copa Chenel. Tercera de todo el abono en la que “no hay billetes”. La muchedumbre guardo un minuto de silencio por Miguel Báez “Litri”. Mucha expectación, mucha desilusión. Y para compensar la falta del toreo, de arte de tauromaquia, y carencia absoluta de lidia, hemos visto una buena porción de tremendismo. Hoy el toro, desde el principio al final, fue el dueño de la plaza. Protagonista lo es siempre, mas un dueño cabal como hoy, muy pocas veces ocurre. Se plantaba en el redondel como su propietario, pisando fuerte y sólo con su mirada disipa a los medrosos en su derredor. Los toros de Victoriano del Río no han pasado por las Ventas desapercibidos. Han estado y han sido. Fueron los protagonistas. Lo demás, desgraciadamente, fue para olvidar.

Fernando Adrián confirmó con Amante (1º). Faltaron quites en el tercio de banderillas. Como es corriente, citó de rodillas a gran distancia. El toro no acude. La espera se hace larga y cuando se produce el encuentro es peligroso y emborronado el resultado. Hay “emoción” de la que llaman susto. Fue el novillero galardonado con el Zapato de oro y Capote de oro de Nimes. En 2013 fue la alternativa, pero la confirmación se hizo esperar. Además, tuvo que reponerse de una grave operación en la mano izquierda. Como decía Chenel “el banquillo te pudre o te curte”. Las series algo deslucidas por no acoplarse ni toro ni el torero. Antes de estoquear, tira de tremendismo y hace unas bernardinas ceñidas, pero sin lucimiento. Estocada baja. No descabella. Se entretiene tocando los cuernos. Un aviso.

Corchero (5º) de cinco y medio añitos, serio, de los que estudia la plaza desde su centro. Aquí estoy yo. En el capote le mete a Adrián en las tablas. Picado sin fijar, del capote a la puya. Se duele del castigo, pero cuando el picador estaba contando los espectadores en el tendido, va con fuerza y casi le derriba. El varilarguero se venga en el tercer puyazo. De la faena se destacó la embestida pronta, pero no aprovechada. Acudía a la muleta, pero hay que tener los machos bien atados para hacerse con el toro.

Manzanares estuvo mal como lidiador. A Espiguita (2º) y Soleares (4º) de su lote les quitó las cualidades que tenían, pocas o muchas, en el tercio de varas. Se cargo bien la vara, hasta la arandela y más allá. Por poco quedan como San Sebastián, atravesado por flechazos. A la faena llegaron desgastados. Con Espiguitaquiso lucir por chicuelinas abrochadas con una verónica de brochazo gordo. El toro no acude a las banderillas. Hoy en vez de toros, un banderillero hizo un extraño, quizá pensara que era un concurso de recorte e hizo un recorrido de un burladero a otro sin saber porqué. El toro es reservón, pero acude a la muleta. No cuajó. Dos pinchazos antes de una estocada. Un aviso. Soleares (4º) empezó dando la vuelta al ruedo sin fijarse en la capa del director de lidia que no ejerció. El toro, que no estaba para bromas, se empleó en deslucir el quite de Adrián. En la muleta llega un toro apagado. Si durante los tercios no se cuenta con las condiciones del astado, así sucede: la faena de trapazos y la muerte por una estocada caída. No hace falta la autopsia.

Quien se superó esta tarde fue Roca Rey. Llenó la plaza, pero le faltó oficio. No obstante, Bocinero (3º) de cuatro y pocos años se lo puso muy difícil. Corretón y pronto, acudía a todo lo que se movía. Administraba coces con habilidad. Y con esta prepotencia de la juventud del toro, el astado se fue al picador “auxiliar” sin que nadie le parase: ni el diestro ni el peón quien manseó en las tablas; sí, el peón manseó en tablas… Las varas caían sin ton ni son. El quite arrancó un aplauso y la plaza tenía ganas de dar ya las orejas, incluso antes de empezar la faena. Pocas veces pasa eso en las Ventas. Se notaba en el ambiente y los comentarios. ¡Ay, la faena, es la faena en la que mandó el morlaco! El golletazo que le proporcionó Rey acabó con las esperanzas de veinte y tantos miles de almas. Levantarse es todo, decía el poeta Rilke. Eso quedó para la faena del sexto: los cuernos rozaban el chaleco, la taleguilla o cualquier cosa que le separaba a Roca Rey del triunfo. La “emoción”, es decir, el susto, por fin, creó el ambiente y desquitó al público de una tarde deslucida. ¡Qué alivio! No mencionemos la suerte suprema para no quitar el mérito a quien se juega la vida y apuesta fuerte.

Es menester dejar una pincelada sobre un mutis de los tendidos, especialmente los del 7. Esos, tipos de silbidos, palmoteos y gritos desgarradores de lunes a miércols, se han cansado el jueves que llegaron las figuras. Los del 7 estuvieron más suaves que la seda. Será que están tocados de la garganta. Tampoco han traído pañuelos verdes.

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