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TRIBUNA

Perros de ayer y de hoy

martes 24 de mayo de 2022, 20:11h

Crates de Tebas afirmaba compartir ciudadanía con Diógenes de Sínope puesto que ambos pertenecían al Reino de los Sabios. Hoy diríamos que ambos formaban parte, simplemente, de la misma secta del perro. Era señal de distinción de estos sabios el rechazo de las convenciones vigentes en la ciudad y, especialmente, de las convenciones relativas a la filiación y el parentesco sobre las que se había fundado la ciudad étnica del mundo antiguo. Diógenes estableció la moda cínica de la masturbación pública, consideraba el incesto como un asunto moralmente indiferente y no encontraba nada que objetar al acto de comer carne humana.

Empezando por el final: hay quienes señalan la posibilidad de la antropofagia como medida frente a la crisis climática, ideas que últimamente vienen de la civilizada Suecia pero que ya han sido anunciadas desde muy distintos lugares. La comprensión del incesto como moralmente indiferente ha pasado de ser un asunto de crítica filosófica a convertirse en categoría pornográfica. Se están abriendo clubes de masturbación mutua en nuestras ciudades. El discurso, entre despierto y espabilado, contra el patriarcalismo hace tiempo que viene impugnando convenciones relativas al parentesco y la filiación. Vivimos en la era del superhombre. En fin, que los perros vuelven a estar de moda.

En los viejos cínicos había, sin embargo, algo de heroico, y respondían bien a la figura de un Sócrates enfurecido, a una síntesis asombrosa de Sócrates y Hércules. Los actuales afectos a las perrerías claman su condición de víctimas y nada rechazan más que la épica. Plañideras de uñas lacadas y dientes afilados, que liberd@s de toda tiranía, tiránicamente imponen su triste liberación. Tienen últimamente una cifra secreta a fuerza de visible, no hay mejor modo de ocultar algo – dice un viejo consejo para escritores de novelas de detectives – que dejarlo ostensiblemente a la vista: nada vemos menos que lo que tenemos delante. Su clave es una cifra, doble encriptación: 2030.

Diógenes el perro fue, al fin y al cabo, un desposeído. Marginal y extravagante, ejecutó – acaso a su pesar – la elemental virtud de la firmeza. Mantuvo su posición, frente y contra el poder. Es conocida la anécdota según la cual habría recibido la visita del gran Alejandro en el vertedero de Atenas, donde habitaba. Alejandro le ofreció satisfacer cualquiera de sus deseos, con una soberbia propia del señor de este mundo. Diógenes le pidió que se apartara para que pudiera seguir tomando el sol, con una soberbia propia de quien no pertenece al mundo. La posición que profeso pretende estar en el mundo sin ser del mundo y tanto la oferta imperial como la respuesta cínica me parece que desbarran. Hay, sin embargo, una fuerza superior en la respuesta del cínico, que ya no tienen los perros de nuestro tiempo. Ahora son ellos los que ocupan el lugar del poder, son los señores de este mundo y predican para otros la liberación de toda forma antropológica. Lejos de habitar el estercolero, poseen propiedades y viajan en primera clase, son perros perfumados, empeñados no sólo en satisfacer todos nuestros deseos, sino también en producirlos. Profetas de la felicidad, carecen de la fuerza superior del paria, y quieren tener en su mano todos los triunfos: de un lado rechazan todo orden normativo, toda estructura humana y, especialmente, ese parentesco patriarcal con su sexualidad edificada, pero buscan ansiosamente, por otro lado, todo deleite que complazca su bajo vientre. Nos quieren educar en sus principios deletéreos y atentan impunemente contra la condición humana. Han hecho del hombre un recurso y nos aconsejan vencer tabúes alimenticios, a la vez que exculpan toda forma de placer. Nos quieren enteramente satisfechos en el gran parque humano que gestionan. Felicidad, lo llaman. Nos la harán disfrutar, se han puesto un plazo breve.

Estas gentes sin patria constituyen el nuevo Reino de los Sabios, o de los “expertos”. Magníficos consejeros y apologistas del Bien. Son los cínicos perversos que integran una nueva secta, que no es secta, sino élite, y que acaso mereciera también otro animal totémico.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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