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LAS VENTAS

Decimonovena de San Isidro: los toros no son bravos y los toreros no afinan

Decimonovena de San Isidro: los toros no son bravos y los toreros no afinan
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(Foto: Efe)
jueves 26 de mayo de 2022, 22:00h

Fue una fatalidad, un mal augurio, leer esta mañana el artículo de Corrochano sobre el encarcelamiento de Rafael el Gallo por no matar un toro en Santander (ABC, 28 de agosto de 1923). Algo parecido podría haber sucedido hoy con el artista del arte taurino don José Antonio Morante de la Puebla. Una versión light, por así decir. Todo quedó en un escándalo tan monumental como la plaza que alberga veinticuatro mil espectadores. El ganado de Juan Pedro Domecq no salió “concienciado" de participar en un acto creativo. De nuevo el trio sevillano en el albero. De nuevo, los toros no son bravos y los toreros no afinan.

La faena de Morante esta tarde consistió en colgar el cartel de no hay billetes. Y dejarles plantaós. Eso es arte de birlibirloque. El traje fue original. Exquisito. La corbata rosa combinaba a a la perfección con el rosa de la faja. Un detalle. Muy buen gusto. ¿Y los toros? Hay que ser piadoso. La lidia Faccioso (1º), casi de 592 kilos y cuatro años y pocos meses, tiene que formar parte del material indispensable para el aprendizaje en las escuelas taurinas. Guardado bajo el rótulo “Lo que no hay que hacer en la plaza”. El paso de Faccioso fue fugaz. Pero Morante, como todos los buenos diestros, tiene un afán de superación increíble: quiso que su segundo durase aún menos. ¡Y lo consiguió! Primero, en la suerte de varas, Aurelio Cruz Ríos se encargó de hacerle añicos. Segundo acto: Morante salió muy animoso a empezar la faena, es un decir irónico, porque nos percatamos enseguida de que salió con la espada de matar. Es verdadero su amor a la historia de tauromaquia. Hace décadas, o quizá más, no se practicaba tal suerte. Pontifice (4º) murió por intoxicación de oxigeno: tanto le abanicaron después de los pinchazos y estocadillas.

Menos mal que el público estaba distraído en otra protesta. Un bravucón del tendido 8 se atrevió a tirar una almohadilla al albero. Y se montó la de Dios es Cristo… Con silbidos, gritos de fueras y otro tipo de caricias. Al impresentable lo sacaron de la plaza los agentes de seguridad. Al final, no hará falta imponer multas. Con tales entretenimientos, el público salió un poco desquitado antes de tomárselas con Morante.

Juan Ortega bregó con Tendencioso (2º) y Sabalero (5º). Tendencioso salió a exhibir sus hechuras y bonita estampa. El estilo se le notaba al galopar. Mas, el público bien lo cambiaría por algo más de trapío. Ortega envolvió su embestida en el capote, templando, rematando la tanda con una media verónica. Se emplea en las varas y se duerme en la segunda. Un par banderillas se las pusieron en el codo. Salió de este tercio más descompuesto todavía. El toro no se sometía a la mano de Ortega. Por su mal comportamiento fue condenado a una estocada caída. Con Sabalero (5º), Ortega se adorna con chicuelinas, algunas de muy buen trazo, al sacar al toro del caballo. Aguado responde con un quite. Los pases ayudados llevan al astado a los medios. Ortega intenta hacer algo con la alimaña que se cuela constantemente y proporciona golpes, enganches. Muerto el toro, los del 7 montan una manifestación con la pancarta “Recuperar al toro de Madrid”.

Respondiendo a la petición del 7, se abrieron los chiqueros para dar paso a Loquillo (6º) para Pablo Aguado. Al salir, se le ve flojo, sin chispa. Se dolió en las banderillas. Y más nos habría dolido, si el bicho hubiera cogido al buen banderillero que puso unos pares merecidísimos. Tuvo que espabilarse mucho hasta llegar al burladero. No hubo nadie para hacerle el quite. Aguado, aunque intentaba sacar algo bueno del bicho, no consiguió el ligazón. Bronca al diestro por prolongar este disparate. Su primero de lote, Malhechoroso (3º), le han puesto unos buenos pares de rehiletes. Salieron unas series prometedoras, con algunos pases naturales y de pecho pulidos. Pero, en un momento, el diestro empezó a rectificar la posición, moverse mucho y…, pues, no pudo ser. Puso tierra de por medio, hasta a la hora de hacer un volapié.

UN BRINDIS: Lo mejor de la tarde, para ser sincera, fue la tortilla hecha con mucho arte e ingenio por el sabio aficionado Roberto Diego. ¡Y que no falte la bota de su hermano!

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